Superman, en el hombre real

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Sebastián Eduardo Martínez Manrique 

Para casi nadie es desconocida la frase “el hombre de acero”, el famosísimo héroe de la compañía DC comics ha estado presente en la vida de los seres humanos desde hace más de 100 años. Sus habilidades extraordinarias le han permitido ganarse la admiración de toda una raza y su imagen es asemejada de cierta manera a la posibilidad de sobreponerse ante cualquier adversidad. Súper-fuerza, invencibilidad, visión calorífica, soplo helado; son solo algunas habilidades que combinadas con el poder de volar, hacen del héroe la combinación perfecta entre la habilidad y el poder. Pero, ¿qué pasa cuando esas habilidades que se tienen, son dominadas por un mercado que limita el alcance de estas?

Superman, no es un ser humano, es un ser extraterrestre que fue enviado al nacer a nuestro planeta, así que, durante su desarrollo en la niñez, jamás tuvo contacto alguno con factores culturales de su especie (casi como un ser en cautiverio), al llegar a cierto punto de su desarrollo, sus habilidades se empezaron a manifestar, claramente él notó la gran diferencia entre estas y las de los seres humanos. Él decidió usarlas para beneficio y protección de la humanidad, convirtiéndose en la mayor arma de la justicia humana. La hipótesis de que su decisión hubiera sido diferente y, en vez de luchar por los intereses de la justicia, lo hubiera hecho por intereses personales y/o criminales es un tema bastante trillado lo que lo hace un poco irrelevante.

Pensemos por un segundo en la decisión de él, ¿Qué pasaría si hubiera elegido tratar de mantener una vida normal, como un ser humano común y corriente? Entonces tenemos a un individuo con unas habilidades sorprendentes que fácilmente le permitirían sobresalir en cualquier habilidad física y estas habilidades serían reprimidas al punto de pasar desapercibidas. Una vida de frustración es lo que él tendría entonces, una vida de logros factibles pero jamás palpables. Supongamos ahora que él es un estudiante de economía, no es el mejor de su clase y sus calificaciones no son sobresalientes, sin embargo, de vez en vez muestra un poco de genialidad producto de la emoción que le produce el estudio de la ciencia económica.

El mercado es su objeto de estudio en recurridas ocasiones, la especialización del trabajo es un tema que le apasiona bastante y nota cómo una habilidad específica, se puede especificar aún más y más hasta un punto en donde solo un selecto grupo de personas pueden realizar alguna tarea en especial. Pero a él sus habilidades lo hacen la persona indicada para cada labor, él es el sueño de cada empleador, usemos tres ejemplos en distintos niveles del mercado, un soldador en una acería, un presidente de una compañía petrolera, un profesor de economía de una universidad. Si trabajara en una acería, su visión calorífica, súper fuerza y súper velocidad dejarían muy por detrás a sus demás compañeros. ¿Qué haría su jefe al notar esta eficiencia y eficacia? Claramente, Superman puede realizar la labor de muchos empleados al tiempo en un lapso regular de trabajo. Habría un exceso en la mano de obra de la fábrica y los despidos no se harían esperar, además, el factor de innovación se vería limitado ya que con las habilidades de Superman, no se necesitarían mejores herramientas, ya que él es una sola herramienta que no se deprecia con el uso. Puede que la productividad en la acería no aumente significativamente en el corto plazo, pero los costos de producción disminuirían dramáticamente, generando una mayor utilidad a un menor esfuerzo, y con todo este ahorro Superman no vería aumentos significativos en su salario, lo que lo convertiría en un trabajador sobreexplotado más, con un salario bajo en relación a su productividad; además, sería un caso bastante extraño en donde un trabajador genera desempleo.

Para el caso del presidente de la compañía petrolera, tenemos a un Superman que no hace tanta galantería de su fuerza bruta, más bien, hace uso de sus súper sentidos. Aun así, de vez en cuando usaría su poder físico. Ya sea descubriendo yacimientos de petróleo a grandes distancias bajo tierra o espiando a corporaciones por medio de su oído sensible, claramente su compañía tendría una gran ventaja en el mercado de hidrocarburos, recordemos que el espionaje corporativo es una práctica común que se usa para aventajar a la competencia, a veces, este espionaje puede ponerse un poco “delictivo” y aun así Superman tendría ventaja. Los costosos estudios de los subsuelos serían atendidos por él en persona, una rápida revisión con su visión de rayos x o zambulléndose en la tierra le revelarían en poco tiempo la ubicación de extensos yacimientos. En términos de producción, la extracción del combustible fósil sería intensificada en magnitudes jamás vistas, generaría grandes utilidades con su compañía lo que garantizaría su éxito corporativo, además, los bajos precios del combustible serían sostenibles, pero en un mediano plazo la producción acelerada de vehículos aumentaría la emanación de gases y generaría un deterioro acelerado de la capa de ozono. Otra vez, las súper habilidades de Superman lo ponen como una persona negativa.

Finalmente, el escenario de la docencia parece un campo bastante seguro para alguien que no está interesado en ser el generador de males en el mundo. Principalmente, sería en mi opinión, el terror de los estudiantes, las técnicas de fraude en los exámenes resultarían inocuas y más de un proceso por fraude se adelantaría en su universidad, además, no debe ser para nada fácil seguir el paso a una persona que puede leer a velocidades supersónicas y que además, es infatigable. Pero lo mencionamos como si el Superman que conocemos fuera un gran estudiante, de hecho, corríjanme si me equivoco pero él jamás asistió a una universidad, entonces no sería en la realidad del comic un gran académico. Sin embargo, en el ejemplo lo es, y si siguiera su línea de estudios no habría título que no lograra obtener, ni tema que no abordara, probablemente se convertiría en el hombre más inteligente de la tierra, o quizá llegue a callejones sin salida en sus investigaciones y llegue a perder el juicio, peor aún, que se convierta en uno de esos fanáticos de modelos económicos, que defienden modelos inviables socialmente porque no se ajustan a la realidad y en medio de su obsesión decida ajustar la realidad.

Entonces, el súper hombre no es tan súper. Digamos entonces, que Superman en vista de estas posibilidades tan adversas y siendo un humano normal adverso al riesgo, se regresa a Smallville abandonando sus estudios económicos para dedicarse a una apacible vida en retiro en donde, sus habilidades no son necesarias más que, para arar el campo. Eso sucede entonces con la mano de obra sobre calificada, la extracción intensiva de recursos no renovables y la aceleración académica. Los súper hombres o las súper habilidades no son variables que contemplan los modelos económicos no solo por su inexistencia tangible, sino por su imposibilidad de ser incluidos en él, sería ridículo estudiar los costos marginales de producción con un gasto que tiende a cero, serían inútiles los estudios de calentamiento global y de energías alternativas, en una sociedad que solo se preocupa por el precio del combustible y sería triste ver como una mente brillante se destruye o se desperdicia por excesos. Gracias una vez más al hombre de acero por dedicarse exclusivamente a salvar a la humanidad de amenazas externas.

Bibliografía

Carter, J. (2013). Why Superman is Bad for the Economy. Recuperado el día 9 de diciembre de 2013, de http://blog.acton.org/archives/56674-why-superman-is-bad-for-the-economy.html

Shea, C. (2011). Thinking like an Economist- About Superman. Recuperado el día 10 de diciembre de 2013, de http://blogs.wsj.com/ideas-market/2011/07/25/thinking-like-an-economist%E2%80%94about-superman/

Cape of good hope, why Superman matters. (2013). The Economist. Recuperado el día 10 de diciembre de 2013, de http://www.economist.com/news/united-states/21579821-why-superman-matters-cape-good-hope

Coyle, D. (2002). Sexo, drogas y economía, una introducción poco convencional a la economía. México: Thompson.

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