Señales y discriminación en el empleo

2210

La explicación popular a la discriminación es simplemente que los empleadores son fanáticos que desprecian o temen a los grupos que discriminan. Un argumento contra ello es que la contratación de miembros talentosos de los grupos que sufren discriminación sería una oportunidad de beneficios, puesto que tienen menores oportunidades y así pueden ser atraídos más fácilmente que los miembros de los grupos favorecidos. Las empresas que discriminasen tendrían una desventaja competitiva frente a las que no lo hicieran: la discriminación no sería viable si las presiones competitivas fueran suficientemente fuertes. Una objeción similar se aplicaría a las explicaciones basadas en los prejuicios de los miembros de la mayoría de la fuerza de trabajo. Los prejuicios pueden explicar la segregación en el lugar de trabajo, pero no los salarios sistemáticamente más bajos pagados a los miembros de los grupos desfavorecidos.

Una respuesta a los argumentos señalados es que aunque el empleador no tenga prejuicios, sus clientes pueden tenerlos; tendría sentido económico, entonces, atender sus preferencias. Sin embargo, si ésta ha de ser la explicación de la tan difundida discriminación, debería haber un prejuicio notable en la población. De lo contrario no sería rentable invocarlo tan constantemente. Ello es ciertamente posible, aunque difícil de reconciliar con el apoyo popular que reciben las medidas políticas dirigidas a combatir la discriminación laboral.

Una explicación alternativa de la discriminación está basada en el concepto de las señales. Supóngase que en las empresas se creyera que algunos factores determinantes del éxito, importantes pero no observables fácilmente, son encontrados con mayor facilidad en, por ejemplo, los hombres que en las mujeres. Entonces se favorecería a los candidatos masculinos frente a los femeninos que tuvieran idénticas características observables. Si los empleadores creen que las probabilidades relativas de éxito están suficientemente del lado de los hombres, y si la determinación de la cualificación real de un candidato es costosa, pueden hasta negarse a considerar seriamente la candidatura de una mujer.

Esta forma de comportamiento puede ser moralmente repugnante. Es, sin embargo, un comportamiento racional si la correlación percibida entre el sexo y la probabilidad de éxito es suficientemente fuerte. La probabilidad de encontrar una candidata que sea realmente competitiva se tiene por tan pequeña que no se justifica el coste de considerar las candidatas individualmente. Lamentablemente, si todos los empleadores de relevancia tienen esas creencias, las mujeres nunca ocuparían las posiciones que se creyeran inadecuadas. Entonces, aunque las creencias fueran completamente infundadas, nunca se generarían evidencias contrarias puesto que las mujeres no dispondrían jamás de la oportunidad de probar su error.

Esta discriminación no sólo es injusta, también es ineficiente, pues los talentos de las mujeres no se destinan a su mejor utilización. Este análisis subraya el valor potencial de los programas de igualdad de oportunidades, que exigen la consideración de buena fe de todos los candidatos a un puesto de trabajo, así como de los programas de defensa de los grupos discriminados, que solicitan un esfuerzo especial para identificar y considerar las candidaturas de los miembros de dichos grupos.

Aunque, dadas las creencias de los empleadores este tipo de discriminación puede ser racional, las creencias en sí pueden ser inconsistentes con los hechos. Parecería, por tanto, que la discriminación no resistiría el menor de los análisis empíricos, que revelaría la verdadera situación. Supóngase, no obstante, que los empleados potenciales deben hacer inversiones para adquirir una formación y que, por otra parte, dichas inversiones no son fácilmente observables por los empleadores. Entonces, cualquier forma de discriminación podría afectar diferentemente a los incentivos para la inversión. Los miembros del grupo discriminado podrían pensar que no tendrán las mismas oportunidades de beneficiarse de la formación que adquirieran de los grupos favorecidos y así no estar dispuestos a invertir en igual medida que éstos. En consecuencia, ambos grupos terminan por tener cualificaciones diferenciadas y el experimento racionaliza la discriminación: el prejuicio se autoconfirma.

Nota. Este texto fue tomado de: Milgrom, P., & Roberts, J. (1993). Economía, organización y gestión de la empresa (p.729). Barcelona: Ariel Economía. Capítulo 10: Política de empleo y gestión de recursos humanos.
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Análisis de la Política Pública de las Zonas de Reserva Campesina en el Valle del Rio Cimitarra: “Una Experiencia Para la Protección del Territorio y la Construcción de Escenarios de Paz”

2209

John Carlos Pabón Mantilla

En Colombia, los diferentes gobiernos, han entendido el desarrollo bajo el paradigma de la igualdad entre crecimiento económico y bienestar, por ello la apuesta de los mismos ha sido el fortalecimiento del empresariado y una tendencia a los subsidios focalizados, en lugar de la realización de inversiones en bienes públicos como política. El resultado de la puesta en marcha de este modelo ha sustentado una política pública y una visión del Estado sobre el proceso de modernización, en el que se han desarrollado.

“Ocho características que lo han hecho inadecuado y altamente insatisfactorio para avanzar en el desarrollo humano” (PNUD, 2011), estas características son: 1. No promueve el desarrollo humano y hace más vulnerable la población rural, 2. Es inequitativo y no favorece la convivencia, 3. Invisibiliza las diferencias de género y discrimina las mujeres, 4. Es excluyente, 5. No promueve la sostenibilidad ambiental, 6. Concentra la propiedad rural y crea condiciones para el surgimiento de conflictos, 7. Es poco democrático y 8. No afianza la institucionalidad rural”.

Los puntos anteriores son los resultados a los que llego el PNUD en su más reciente investigación sobre el campo colombiano, el balance realizado por esta entidad revela que Colombia es más rural de lo que pensamos, y que esa realidad se oculta tras la idea de privilegiar el desarrollo mediante rutas urbanas. Según el informe no el 24% sino el 32% de los colombianos son pobladores rurales, y en las tres cuartas partes de los municipios, cuya área ocupada la mayoría del territorio nacional, predominan relaciones propias de sociedades rurales (PNUD, 2011).

La superación de estas dificultades es planteada desde visiones muy variadas sobre cuál debería ser el puerto de llegada para el campo colombiano, teniendo en cuenta que esto a su vez significa la superación de una de las causas principales del conflicto armado, debido a su nivel de correlación con el tema agrario.

No obstante, a nivel general, prevalece la idea de dar un nuevo enfoque al tema del desarrollo rural, y esta tendencia no solo ocurre en Colombia, donde las zonas rurales han palidecido de un verdadero desarrollo, sino que obedece a una tendencia mundial. Los autores Frank Ellis y Stephen Biggs, señalan que: “si un nuevo paradigma de desarrollo debe emerger, debe ser uno en el cual la agricultura asuma su lugar, junto con un conjunto de otras actividades actuales y potenciales rurales y no rurales” (Ellis & Biggs, 2001).

Por otro lado, y teniendo en cuenta las características propias del campo colombiano, como son: la concentración de tierras, el bajo desarrollo técnico y tecnológico, la pobreza, la inequidad de género, la violencia, el desplazamiento y la baja cobertura en servicios elementales, uno de los paradigmas más aceptados por la academia, las organizaciones campesinas y algunas instituciones del Estado (ej. INCORA), es el “Desarrollo rural con enfoque territorial”, en el cual, el territorio es el primer elemento a contemplar en el diseño e implementación de políticas públicas, es decir, que las políticas deben realizar en primera instancia una valoración del contexto en el que van a ser aplicadas, y aunque eso parece del ABC de la política pública en todos los manuales, en Colombia se ha dejado a un lado para privilegiar el asistencialismo de la pobreza de manera trasversal.

Otra de las particularidades del enfoque territorial es la necesidad de redefinir el papel del Estado, especialmente en lo relativo a la provisión de bienes públicos, regulación de la economía y construcción de democracia e institucionalidad local (Araméndez, 2014).

2209

Tabla 1. Comparativo de Enfoque Tradicional- Enfoque Territorial.

El Desarrollo Rural Territorial debe entenderse como un proceso de trasformación en un espacio determinado, cuyo fin último es la disminución de la pobreza que ha acompañado desde siempre al campo colombiano; tiene además como propósito lograr articular la economía del territorio a mercados dinámicos: El desarrollo institucional tiene los propósitos de estimular y facilitar la interacción y concentración de los actores locales entre sí, y entre ellos y los agentes externos relevantes y de incrementar las oportunidades para que la población pobre participe del proceso y de sus beneficios (Schejtman & Berdegue, 2003).

El territorio se convierte en un lugar en el que se sintetizan las nuevas estrategias para el desarrollo rural “se encuentra ligado a una forma -que- revindica el ordenamiento territorial como esencia de la propuesta de visión renovada de la ruralidad. La reflexión geográfica, demográfica, económica, social, ambiental y política incorporada constituye un cuerpo integral de ordenamiento territorial” (Rafael & Maria del Pilar, 2007).

Bajo este enfoque se pueden analizar propuestas de políticas públicas como las “Zonas de Reserva Campesina” puesto que ofrece la posibilidad de realizar un análisis espacial y multidimensional, en el que las comunidades asociadas bajo esta figura jurídica establecida por la ley 160 de 1996 han irrumpido de diferentes maneras en la agenda pública y claman el reconocimiento del Estado.

Otro de los marcos para entender el desarrollo de las zonas de reserva, que no se puede dejar a un lado, son las leyes encargadas de sustentar esta propuesta de desarrollo rural evidentemente territorial, la primera de ellas fue la ya mencionada “Ley 160 de 1996” donde en el Capítulo XIII designado a regular las zonas de colonización y las zonas de desarrollo empresarial, allí se define la figura jurídica y el papel del Estado.

Posteriormente, el Ministerio de Agricultura lanza el Decreto 1777, en el que se logra reglamentar el capítulo de la Ley 160 y, para terminar, el Acuerdo 024 de 1996 de la Junta Directiva del INCORA, se encarga de fijar los criterios y procedimientos para establecer los límites de las Zonas de Reserva Campesina, sus objetivos y procesos administrativos a cursar para la adquisición de tierras.

A modo de conclusión, podemos precisar que el estudio de las Zonas de Reserva Campesina debe realizarse desde el Enfoque Territorial, entendiendo este como un marco teórico relevante para su análisis, y desde la perspectiva legislativa mediante la cual se creó la figura jurídica objeto de estudio.

Bibliografía

Araméndez, C. S. (2014). Colombia: Estado Actual del Debate Dobre el Desarrollo Rural. Bogotá: Desde Abajo-Planeta Paz.

Ellis, F., & Biggs, S. (2001). Evolving Themes in Rural Development 1950-2000. In Develepment Policy review, 19.

PNUD. (2011). COLOMBIA RURAL: Razones Para la Esperanza. Bogotá: Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo.

Rafael, E., & Maria del Pilar, R. (2007). Nueva Ruralidad. Visión del territorio en America Latina y El Caribe. Panama: Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura.

Schejtman, A., & Berdegue, J. (2003). Desarrollo Territorial Rural. Santiago de Chile: Rimisp.
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Formación o adiestramiento

2208

John Carlos Pabón Mantilla

“Si la política económica estuviera en función de las necesidades de la sociedad y de la dignidad del hombre, y no de la codicia de los inversionistas, otro sería su cantar”. Héctor Fernando López

Los propósitos de la educación han devenido en decadencia, puesto que han establecido una relación muy estrecha con los valores de la sociedad moderna, incluso llegando a desaparecer la diferencia entre la producción de cualquier bien (o servicio) y la producción de entes graduados de los cursos, pregrados y posgrados de las universidades públicas y privadas.

La técnica logró absorber nuestra capacidad de pensar y de asombrarnos, y por supuesto, deja perplejo a los estudiantes que ven en la educación un medio y no un fin. El establecimiento del método cartesiano, y su desarrollo desde la victoria de la “razón” ha olvidado lo que Heidegger llamaría la pregunta por el Ser. Lo que importa es llegar a descubrir las leyes de funcionamiento del mundo y no la interpretación de las realidades del mismo, o por lo menos acercarse al entendimiento de estas.

La educación moderna se fundamenta en una metafísica que expresa al Yo frente a su objeto de estudio: la naturaleza y la historia, y en él caben todas ciencias, incluso las llamadas ciencias humanas, para las que el ser se trasforma en ente y el hombre se convierte en un recurso (al igual que todos los elementos de la naturaleza) por tanto los medios con los que medimos llevan a los mismos resultados, ecuaciones que rigen el mundo y la sociedad.

Una de las ciencias modernas que más ha avanzado en ese propósito es la Economía, que se desprende del proceso de la ilustración como ciencia encargada de la interpretación del mundo moderno, pero que en los clásicos era conducida por valores de justicia, libertad, igualdad y la felicidad de los hombres. Hoy la Ciencia Económica se desprende de los valores ilustrados para abrazar los valores de la sociedad moderna: “En adelante, la economía dejaría a un lado los problemas del bienestar, de la justicia y de la legitimidad con que había estado estrechamente ligada en el pasado para justificarse en sí misma como una teoría de la eficiencia: la voluntad de los inversionistas privados presentada bajo un lenguaje matemático. La economía política se transforma en ingeniería económica” (López, 2013, pág. 15)

Presentada de esta manera, la economía no se concibe como una ciencia en el sentido estricto, por el contrario, se configura como una doctrina, que como tal es autista, acrítica; o como una “ideología que se cubre con el ropaje de un lenguaje cientifista para mantener viejos y nuevos privilegios” (López, 2013, pág. 14). En ella son incuestionables los valores que la rigen; la competividad, la productividad, la eficiencia y el crecimiento, se configuran como baluartes de esta ciencia que es capaz de explicar las más complejas ecuaciones, pero no es capaz de dar cuenta de las realidades vinculadas a las formulas.

Para dar un ejemplo de lo anterior, basta preguntarnos: ¿Para qué han servido más de cuatro décadas de economistas en Colombia? En 1948, encabezando la misión del Banco Mundial, el profesor Lauchlin Currie se quejaba de la ausencia de economistas profesionales dedicados a la planificación macroeconómica, lo que, para él, daba cuenta del atraso y la pobreza del país. Entonces se emprendió la tarea de crear el Departamento de Planeación Nacional (DPN), los diferentes Planes de Desarrollo en los distintos gobiernos y la apertura de Escuelas de Economía en las principales universidades del país, con el propósito de formar académicos encargados de conducir las riendas del desarrollo de la nación.

El resultado no ha sido favorable en materia tributaria, los primeros gobiernos liberales que carecían de economistas formados con doctorados en el extranjero instauraban en los cargos de planeación a profesionales en diferentes áreas: abogados, médicos y hasta veterinarios, que buscaban grabar con impuestos, para el mantenimiento del Estado, a las grandes rentas de capital, guiados por el principio ricardiano de grabar acorde a las capacidades económicas del contribuyente. Mientras los profesionales y economistas graduados con doctorado de las mejores universidades del mundo han desarrollado una política tributaria donde son los más pobres los que mantienen el aparato estatal y los más ricos tienen ventajas y excepciones, guiados por el principio de generar incentivos para el capital: “Mientas el señor Julio Mario Santodomingo no pagó un solo peso por la venta de sus acciones de la empresa Bavaria, las familias colombianas están obligadas a pagar una tarifa del 17% por los productos de la canasta familiar, incluyendo, claro está, los servicios públicos. La fórmula de los sabios en economía es realmente sorprendente: ¡Acabar la pobreza golpeando a los más pobres y premiando a los más ricos!” (López, 2013, pág. 18).

En 1990, con el gobierno de Gaviria se acuñó la frase “Colombianos Bienvenidos al futuro”, un año después el sistema eléctrico había dejado el país en las tinieblas por la corrupción, el UPAC había dejado sin vivienda a miles de colombianos que ya habían pagado el precio real de la misma en varias ocasiones, y la apertura económica llevo a la quiebra de la industria y la agricultura nacional. A mediados del 90, los economistas del Banco de la República gastaron 1.800 millones de dólares para mantener la banda cambiaria, y así evitar que el dólar subiera, no obstante, el dólar bajo. “Si en la junta del Banco Central hubieran tenido asiento los hermanos Marx o los Tres Chiflados probablemente las pérdidas para el país hubieran sido menores” (López, 2013, pág. 20).

Sin embargo, ninguno de estos economistas ha enfrentado de manera responsable sus errores, ni siquiera de manera autocritica, mucho menos la justicia a sentado a estos ilustres doctores a responder por sus actos, cuando un ingeniero, un médico, o un contador fallan en sus cálculos, son llamados a juicio, a responder por sus actos, o su negligencia ¿Qué autoridad ha llamado alguna vez a un economista?

Por tanto necesitamos una educación “capaz de interrogar sobre el sentido de la existencia, interesada en cuestionar los fundamentos mismos de la racionalidad tecno-económica y que no se limite a sólo enseñar el funcionamiento sin fricciones del mundo de los negocios. Ya lo decía un viejo filosofo: meras ciencias de hecho hacen meros hombres de hecho” (López, 2013, pág. 25)
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El mercado de la fe

2207

Isaí Fuentes Galván

Cuenta el relato bíblico que Jesús de Nazaret, o Cristo según la tradición cristiana, nada más ni nada menos que el mismísimo fundador de toda la cristiandad, la creencia religiosa con mayor número de seguidores en el mundo, con  aproximadamente 200 millones de fieles, siendo Dios, enfureció al entrar al templo de Salomón en Jerusalén  y encontrar que todo el rito levítico había sido convertido en un negocio,  donde los mercaderes de palomas y machos cabríos, ubicados a la entrada del templo,  habían desvirtuado completamente el carácter solemne y espiritual del rito mosaico, convirtiendo el templo en un verdadero mercado y el rito en un auténtico negocio.

Se enfureció tanto el maestro de galilea que desalojó del templó a los mercaderes, azotándolos mientras les reprendía por haber convertido “la casa de su padre” en un mercado.

Para nadie es un secreto que la religión, a quienes algunos prefieren separar del concepto de espiritualidad, ha venido siendo convertida ya no solo en un instrumento de dominación (Marx decía que era el opio de los pueblos) sino que en plena era moderna, con el renacer de la  ola espiritual,  ha pasado a convertirse en un auténtico negocio,  un mercado de la fé, en el que multinacionales y corporaciones de la fé  ofrecen, compran,   venden e intercambian bienes y servicios religiosos, llegando a  amasar inmensas fortunas.

Por eso llamó mi atención, la investigación realizada por   Cortés, A., Palacio, L., & Rueda, R. (2011). Actividades religiosas en Bucaramanga: una aproximación desde la economía. Cuadernos de Economía, 30(54), 151–169, en la que este grupo de investigación intenta identificar las motivaciones que llevan a los bumangueses mayores de edad, a realizar práctica religiosas tales  como la asistencia al templo y la oración, tarea que abordan a partir de asumir a la religión como un producto y a las iglesias como “firmas”.

El estudio propone  tres pretendidas razones de la práctica religiosa, a saber: la salvación (creencia en la vida después de la muerte); el incentivo social (socializar) y los negocios (incentivo profesional).

La investigación incorpora conceptos como el de “bienes religiosos” y “capital religioso” refiriendo los primeros a los servicios prestados por las iglesias y comunidades religiosas y los segundos a la herencia de ejemplo y tradiciones familiares que imponen o sugieren la práctica religiosa desde la niñez temprana.

El trabajo concluye que existe un debilitamiento del sistema incentivo-castigo (cielo-infierno), que se da una apertura del mercado religioso a la mayor pluralidad, que la “salvación” ya no es la razón primordial de la práctica religiosa, que tampoco lo es el incentivo profesional y que lo más determinante es el incentivo social.

También plantea como conclusiones que 1) los hombres asisten y oran menos que las mujeres 2) que el ejemplo paterno tiene una gran importancia sobre la decisión de asistencia en edad adulta, más que el ejemplo materno, 3) que la compatibilidad religiosa de la pareja con la anterior variable permiten concluir la importancia del motivo social  como determinante de la práctica religiosa (asistencia y oración) 4) que existe un efecto negativo y significativo entre educación y asistencia al templo, en el que a mayor escolaridad menor nivel de oración y asistencia al templo 5) que los padres por la necesidad de inculcar códigos éticos y morales a los hijos recurren a comunidades religiosas como instrumento para la formación de valores.

El estudio analiza el comportamiento religioso desde la denominada “economía de la religión” para tratar de explicar el consumo de bienes religiosos, planteando el concepto de “capital religioso” como una especie de conocimiento de la religión.

La investigación realizada es de carácter cuantitativo e invita al estudio del fenómeno religioso como agente económico dentro de un contexto de mercado, producto, consumidores, que  a mi manera de ver deja por fuera otras posibles  determinantes  motivacionales de la práctica religiosa en la ciudad.

Interesante propuesta académica que amerita ser profundizada, como quiera que pocas veces se asume desde la academia a la religión como agente de la economía, pese a que como se sabe, es una de las principales e históricas determinantes de la vida social.
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Desafíos frente a la educación y la brecha digital en el siglo XXI

2206

Andrés Armando Duarte Prieto

Se debe mencionar que el internet ha marcado un antes y un después en la historia de la humanidad, así como la imprenta y la electricidad. Se puede decir que esta herramienta ha obtenido su éxito debido al objetivo principal, este se refiere al acceso y difusión de la información.

Al hacer una retrospectiva debemos hacer una mención de los principales antecedentes sobre la política pública de las tic en la educación en Colombia, como lo plantea Ivama Luz Chona Rodríguez, en su artículo “Las TIC y la educación en Colombia durante la década del noventa: Alianzas y recomendaciones entre el campo de las políticas educativas, el campo académico y el campo empresarial”, nos cuenta que  en 1991 la conformación del Nodo Colombia de la Red Iberoamericana de Informática Educativa (RIBIE), con la consolidación y despliegue de la informática educativa como mirada dominante en el campo de la producción académica, haciéndose visible.

Esta relación entre Educación y TIC tiene sus orígenes en los años noventa pues el Sistema Nacional de Informática Educativa (SISNIED), juega un papel central en el proceso de reconversión del sistema educativo colombiano, generando una relación entre tecnología, educación y desarrollo, asociada a la educación como mercado, la escuela como empresa y el conocimiento como insumo del desarrollo.

Así como lo plantea Ivama Luz Chona Rodríguez, la escolarización de la informática y la tecnología es el otro pilar fundamental en esta relación, la educación en tecnología dejó de ser formación para el trabajo, desplegándose en una formación práctica, útil, productiva, innovadora y competitiva, de manera genérica.

Cabe resaltar la falta de conocimiento con respecto a la tecnología en Colombia “pues, existe una brecha digital y esta surge de la dificultad de acceso de gran parte de la población a las nuevas tecnologías, si estas no son accesibles para todos, consolidan e incrementan la desigualdad  porque son imprescindibles para el desarrollo de la economía”. Alfonso Vergara y Juan Luis de las Rivas,  Inteligencia del Territorio – Supercity.

Este planteamiento nos muestra cómo la brecha digital es un factor que debe tener una atención especial por parte del MinTic, al ser un factor importante en el desarrollo de la economía del país se debe generar una estrategia para cerrar el margen y que la población tenga acceso a las nuevas tecnologías.

Este es el trabajo que adelanta el MinTic con los maestros de todo el país, que se encuentran comprometidos con brindar educación de calidad de la mano de las nuevas tecnologías, por eso debemos empezar a manejar en nuestro ideario que las TIC y la educación son ejes transversales para el desarrollo de la sociedad, por consiguiente deben converger en un mismo punto y ser de igual importancia a la hora de tomar decisiones y frente a la creación de políticas públicas.

Por consiguiente el matrimonio TIC y Educación como muchos lo han llamado ha generado un cambio en el método de aprendizaje y enseñanza haciendo “que estudiantes ya no necesitan memorizar sino interpretar”, como lo manifiesta Adriana Molano, Directora de contenidos de la Corporación Colombia Digital.

Molano nos plantea una pregunta: ¿el matrimonio TIC y educación está funcionando? Y nos deja ver que quienes trabajan en contacto directo con maestros y directivos del país entienden el desafío que puede llegar a ser llevar las TIC a las escuelas cuando algunos docentes no tienen intención de encender un computador, generalmente a causa del miedo al cambio y a afrontar retos que los saquen de su ‘zona de comodidad pedagógica’, solo por darle un nombre”.

La llamada ‘zona de comodidad pedagógica’ que plantea Molano, deja ver como existen factores que hacen que se presenten obstáculos a la hora de generar una Educación – TIC de calidad e innovadora como un mismo eje transversal para el desarrollo del país. En el 2014 Colombia participó entre 43 países en las pruebas que desarrolla el Programa Internacional de Evaluación de Estudiantes (PISA), ocupando el último lugar en el ranking, lo que indica, sin mayor análisis de los resultados, que nuestros jóvenes tienen baja capacidad lectora, de análisis y resolución de problemas en comparación con otros de su misma edad y nivel académico.

Estos resultados generan gran inquietud debido a que nos enfrenta claramente a un vacío existente en la educación de nuestro país, puesto que a pesar de tener las herramientas necesarias para un desarrollo intelectual mayor aún no se adoptan dichas comodidades tecnológicas en nuestro ejercicio cognitivo diario, entonces en este punto conviene preguntarnos: ¿Para qué computador si no hay luz?, ¿para qué Internet si no salimos de Facebook?

En consecuencia en el siglo XXI se requieren personas con conocimientos técnicos para manipular un dispositivo digital, pero principalmente con sentido crítico frente a los contenidos de la web, que les permitan realizar búsquedas efectivas, categorizar información, seleccionar fuentes idóneas, apropiar información y generar reflexiones propias más allá del ‘copy-paste’. Todo esto se hace con un buen proceso lector pues es ahí donde se evidencia que estamos fallando.

Bibliografía

https://colombiadigital.net/actualidad/articulos-informativos/item/6956-tic-educacion-y-politicas-publicas-donde-esta-el-desafio.html

https://racionalidadltda.wordpress.com/2015/09/30/la-politica-publica-de-las-tic-en-la-educacion-colombiana/

https://racionalidadltda.wordpress.com/2015/10/14/las-tic-y-la-educacion-en-colombia-durante-la-decada-del-noventa-alianzas-y-recomendaciones-entre-el-campo-de-las-politicas-educativas-el-campo-academico-y-el-campo-empresarial/

http://aprendeenlinea.udea.edu.co/revistas/index.php/estudiospoliticos/article/view/20249/20779184

https://colaboracion.dnp.gov.co/CDT/Conpes/Econ%C3%B3micos/3854.pdf
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Los espíritus animales que motivan nuestras decisiones políticas

2205

Yesica Tatiana Rodríguez Torres

La noción racional, en la que se fundamenta la economía ortodoxa, ha dado un vuelco bastante importante en las últimas décadas.  La premisa de que los individuos siempre están incentivados económicamente y que su conducta es netamente racional se considera ahora errónea. Un ejemplo de este cambio tan radical de pensamiento es el análisis sistemático y profundo que realizan los autores de Animal Spirits, los cuales se basan en los cinco “espíritus animales” planteados por Keynes, estos espíritus no cuentan con estímulos económicos, ni decisiones racionales.

El análisis de los espíritus animales nos permite comprender algunas de las razones de la conducta y las decisiones que toman los individuos. En primera medida, la confianza que, para los ortodoxos a largo plazo se convierte en racional, dado que se usa la información actual para prever y tomar futuras decisiones. Sin embargo, en el análisis de este libro, esta confianza significa que la gente actúa de acuerdo con sus creencias, por ende, la pérdida de confianza puede ocasionar a grandes rasgos crisis en los sistemas económicos y por ello, según Akerlof y Shiller (2009), es necesaria la intervención del Estado para contrarrestar el bajo nivel de confianza y poder recuperar la estabilidad económica y social. También es válido creer que esta confianza debe ser responsabilidad de las diferentes instituciones, organizaciones y comunidades, donde se debe incentivar un manejo adecuado de la información, de manera que las personas actúen acordes a esta y no a lo que creen que es cierto.

Este problema se ve reflejado en las elecciones pasadas sobre el referendo por el acuerdo de paz, donde vemos que la cuestión no radica particularmente en que la gente crea que lo que piensa es cierto, si no en el mal manejo de la información, la gente cree en las palabras de sus líderes, en lo que dice un programa de televisión y en los memes sin sentido de las diferentes redes sociales, que solo distorsionan la información. Por esto, se debe crear conciencia, mantener bien informada la sociedad e incentivar a las personas hacia un análisis más profundo y no a lo que dice un simple estado de Facebook.

Así mismo, otro espíritu que se relaciona notablemente con este tema es la corrupción. Los cambios no solo económicos sino sociales y las inestabilidades que se presentan hoy en día en nuestro sistema se debe en gran medida a la “corrupción descarada”, si los escándalos de recesiones económicas de los EE.UU han estado relacionado con algún escándalo de corrupción o fraude (Akerlof y Shiller, 2009), los votos de los colombianos solo se deben a esa aversión a seguir repitiendo la misma historia una y otra vez, la crisis sociopolítica que tiene el país en dos bandos, así como en EE.UU sostiene una relación casi directa con la corrupción que abunda en el sistema político colombiano, es quizás la razón por los que algunos piensan que es mejor seguir como estamos, que arriesgarse a que más delincuentes se sumen a este sistema, una mezcla bastante clara de baja confianza y corrupción y por qué no con el espíritu de la historia.

De esta manera, “Sí la mente humana está hecha para pensar en términos de narraciones, secuencias de acontecimientos que presentan una lógica interna y constituyen un conjunto unificado” (Akerlof y Shiller, 2009), es claro entonces que los motivos animales por los cuales tenemos miedo a confiar, se remiten a nuestras décadas de sufrimiento, a lo que ha hecho o ha dejado de hacer un político.

Finalmente, no puedo decir que este tipo de decisiones son o no racionales desde mi punto de vista, pero de acuerdo al análisis, si nos basamos en las diferentes conclusiones, los votantes se dejaron llevar por sus espíritus animales y por pocos fundamentos racionales, no digo todos, no digo la mayoría, solo digo que es posible sea esta la razón de las acciones de muchos.

Bibliografía

Akerlof, G., y Shiller, R. (2009). Animal Spirits: Cómo influye la psicología humana en la economía. Barcelona, España: Ediciones Gestión 2000.
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1903. ¿Cuáles son los espíritus animales que afectan la economía colombiana?

Pensar como economista: una revisión a la enseñanza de la economía

2204

Yeni Katerine Mariño Pabón

“Soy economista pero soy buena gente” Rafael Correa

La crisis económica del 2008 no solamente evidenció el colapso de la burbuja inmobiliaria, la fragilidad del sector bancario sino la crisis de la enseñanza de la economía. El vacío intelectual de los académicos respecto a la estructura curricular del programa reduce la visión del estudiante al paradigma económico “tradicional”. La pregunta que surge es: ¿Por qué el contenido educativo del sistema neoliberal a ha logrado la estabilidad y el poder para instaurarse como el principal? Las fortalezas radican en los extraordinarios avances de la matematización de las teorías, la simplificación de realidades mediante la medición en el plano de la cuantificación de la situación, a su vez que es lo que determina la acción del Estado en la ejecución de las políticas públicas.

Por otro parte, la angustia que genera este tipo de enseñanza de economistas es la alta burocracia, la relevancia de los sistemas de acreditación hacia la posible homogenización de los contenidos que se quedan cortos frente a las nuevas realidades políticas y económicas en la cotidianidad de los individuos. En consecuencia, los nuevos conocimientos vienen de la mano con la interdisciplinariedad, con una perspectiva nueva de cuál es el objeto y el objetivo del estudio económico, de la misma forma con la nueva necesidad de transformación social, el acceso la reproducción de conocimiento de manera ágil y su impacto laboral.

La enseñanza de la economía debe contener en esencia la multidisciplinariedad, la capacidad de formar personas que piensen por sí mismas, que cuestionen las cosas, que se conozca el significado claro de una palabra a la hora de decirla, no aceptar doctrinas, pensar en la importancia del poder y analizar la organización política, económica y social, cuestionar la matematización como ilusión de neutralidad porque en estas preguntas es dónde dará solución a los grandes interrogantes de la ciencia económica. Daniel Hojman profesor de la Universidad de Chile en el V Congreso de Economía Colombiana afirmo que las soluciones analíticas por parte del paradigma tradicional de teorías simples, muchas veces son simplistas, señala que los métodos y las matemáticas pueden ser y han sido un gran aporte, pero el riesgo es: “La pérdida de reflexividad, autismo, excesos de confianza en la disciplina (y hasta bullying a otras)”.

Los estudiantes del curso de Introducción de Economía de la Universidad de Harvard decidieron abandonar la clase en señal de protesta por el contenido y el enfoque de la asignatura bajo el lema “el vacío intelectual y la corrupción moral y económica de gran parte del mundo académico, cómplices por acción u omisión en la actual crisis económica”, o la carta abierta de los estudiantes de economía en Francia donde expresan su descontento por la enseñanza bajo las siguientes razones: Salgamos de los mundos imaginarios, no al uso descontrolado de las matemáticas, por un pluralismo de enfoques en economía, llamado a los profesores: !despiértense antes de que sea demasiado tarde! son hechos que evidencia la discusión sobre la forma en que se enseña y se aprende economía.

Pero bien, más allá de la crítica lo que se platea es la oportunidad de acercar los contenidos económicos a la realidad y a la solución de los problemas de la sociedad. Avanzar en la multidisciplinariedad como la oportunidad de abrir las fronteras del conocimiento hacia la construcción de un pensar profundo. Volver a sacar de la mesa vieja de las escuelas la importancia de la Historia del Pensamiento económico para educar en criterio económico.

Bibliografía

Harford, T. (2001). El economista camuflado (p. 344). Grupo Planeta.
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