¿Qué es el índice de reactividad interpersonal (IRI)?

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Bryan Snehider Díaz

La empatía puede definirse como un proceso socio emocional inherente al desarrollo humano que implica la habilidad de percibir, compartir y entender los estados emocionales de los demás (Richaud et al, 2017). Esto implica que podemos entender la empatía como un fenómeno difuso y complejo de definir debido a que se trata en últimas de una variable que no puede ser observada de manera directa; esto ha conllevado a una amplia discusión sobre si la empatía se trata de un fenómeno emocional cuya existencia solo pueden entenderse en relación con las reacciones físicas directas que evoca en los individuos, o si por el contrario se trata de un fenómeno de naturaleza cognitiva. La fragmentación de opiniones y apreciaciones de los expertos conllevó a una parcial división en torno a la definición, el planteamiento y la metodología con la cual se estudia la empatía.

No es sino hasta pasada la primera mitad del siglo XX que empiezan a aparecer las primeras pruebas que entienden la empatía como un fenómeno multidimensional, en el cual la empatía no depende de una única variable y en donde una fracción depende de la capacidad que poseen de comprender las sensaciones y sentimientos de los demás y otra depende de las emociones que se generan durante dicho proceso. En ese sentido trabajos como el realizado por (Iannotti, 1979) fueron los primeros en demostrar la superioridad de los enfoques multidimensionales en lo que a comprender la conducta empática respecta.

El índice de reactividad interpersonal (IRI) desarrollado por (Davis, 1980) fue en su momento un trabajo pionero en la construcción de instrumentos que permitieran medir la empatía como un fenómeno multidimensional. Los test que buscan medir un rasgo latente se construyen mediante la elaboración de sub escalas o sub índices que pueden considerarse teóricamente relacionadas con el rasgo y que respondan a la conducta declarada por las personas ante determinadas circunstancias. Si se deseara medir por ejemplo los niveles de conflictividad de una persona, una sub escala de dicho test podría ser: la capacidad para manejar situaciones de estrés y presión, que podría contener ítems o preguntas que indagaran sobre la reacción de las personas ante situaciones de este tipo.

El trabajo de Davis se basó en la elaboración de una piscina de preguntas construida con respecto a numerosos test ya construidos, donde usando técnicas avanzadas de estimación por máxima verosimilitud se organizó el test en base a 2 escalas principales, una basada en la empatía de tipo cognitivo y otra basada en la empatía de tipo emocional, cada una de estas estaba conformada a su vez por 2 subescalas y 7 ítems en cada una de ellas, estas sub escalas son: La escala denominada como toma de perspectiva (PT), que intenta medir la capacidad que tienen los individuos para ponerse en el lugar de los demás y comprender perfectamente lo que otra persona está sintiendo; la segunda subescala fue denominada fantasía (FS), e intenta medir la capacidad que tienen las personas para crear vínculos con personajes ficticios, en novelas, películas, etc. Las últimas 2 sub escalas hacen parte del espectro de la empatía emocional y son: el sentimiento empático (EC) que hace referencia a sentimientos positivos relacionados con el bienestar del otro; y la angustia personal (PD), refiriéndose a sentimientos de ansiedad y desesperación ante la interacción social y el malestar ajeno.

El test comporta propiedades psicométricas bastante deseables como veremos: Para afirmar que un test efectivamente mide lo que el investigador desea medir hace falta someter el test a una amplia variedad de pruebas de modo tal que soporte ciertos criterios lógicos que podrían esperarse de el:

  • La primera de estas denominada como el coeficiente alfa de Cronbach: la metodología de Cronbach se basa en que un investigador puede medir un rasgo inobservable mediante un cuestionario compuesto por items observables. Se esperaría que dicho test esté relacionado con la variable de interés y por tanto que las respuestas a las preguntas estén correlacionadas. El coeficiente alfa de Cronbach permite cuantificar la fiabilidad de dicho rasgo a partir de las n variables observadas.
  • La segunda metodología denominada como confianza test-retest, implica realizar el test dos veces a la misma población en las mismas condiciones y observar si los resultados están correlacionados. En caso de estarlo esto nos aportaría información sobre la validez del test en lo que respecta a medir el rasgo latente.
  • También se puede analizar la validez de una prueba haciendo uso del análisis de factores que se trata de una metodología diseñada para describir la variación potencial que puede generar ciertos factores no observados en variables observadas que están correlacionadas entre ellas. Esta metodología se utilizó para crear las cuatro sub escalas anteriormente mencionadas en tanto fue evidente que los ítems variaban en función de variables no observadas a las que se les asignó el título de sub escalas. Esta metodología sirve también para identificar si existen otras variables no observadas que podrían restarle validez al test.
  • Por último, es importante que el test esté correlacionado con otras variables que teóricamente deberían tener relación, como es el caso de la capacidad emotiva, la funcionalidad social, etc. En ese sentido el trabajo del Davis (1983) muestra que efectivamente el IRI está no solo correlacionado con dichas variables sino también con otros constructos que intentan medir la misma variable.

En conclusión, el IRI representa una excelente medida, sobre todo para entender la literatura en términos de psicometría como de las propiedades esperadas de un constructo. No obstante, queda abierto a futuras revisiones bibliográficas sobre tests más recientes que intenten medir dicho rasgo.

Referencias

Iannotti, R. The elements of empathy. Paper presented at the Biennial meeting of the Society for Research in Child Development, San Francisco, March, 1979.

Richaud, M. C., Lemos, V. N., Mesurado, B., & Oros, L. (2017). Construct validity and reliability of a new Spanish empathy questionnaire for children and early adolescents. Frontiers in Psychology, 8(JUN), 1–10. https://doi.org/10.3389/fpsyg.2017.00979

Davis, M. H. (1983). A Mulitdimensional Approach to Individual Differences in Empathy. Journal of Personality and Social Psychology, 44(1), 113–126. https://doi.org/10.1037/0022-3514.44.1.113

Mestre, V., Frias, M. D., & Samper, P. (2004). La medida de la empatia:Análisis del Interpersonal Reactivity Index [The measure of empathy:Analyses of the Interpersonal Reactivity Index]. Psicotherma, 16, 225–260.
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Resumen. Propiedad y derechos de propiedad

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En términos económicos la propiedad es distinta de otras formas de contratación sólo cuando los contratos que determinan los derechos de decisión específicos sobre un activo y asignar sus rendimientos son imperfectos e incompletos. Entonces, la propiedad puede ser identificada con el derecho a ejercer el control residual allí donde los contratos (o las leyes) nada dicen sobre los derechos de decisión o con el derecho a recibir todo rendimiento residual remanente después de satisfacer las obligaciones contractuales (y legales). Para los activos simples, puede ser ventajoso que la misma persona que recibe los rendimientos residuales esté investida de tantos derechos de decisión como sea posible, porque la búsqueda de los máximos rendimientos personales, usualmente conducirá también al máximo valor total.

Cuando los derechos de propiedad son negociables y aplicables las condiciones del teorema de Coase, la asignación inicial de los derechos de propiedad no afecta a la eficiencia de los acuerdos, puesto que los derechos serían intercambiados según se requiriera para restaurar la eficiencia. Sin embargo, cuando los derechos no son negociables, pueden caer en las manos equivocadas. Las limitaciones al comercio de los derechos sobre el agua, en California, son un ejemplo. Cuando los agricultores que tienen derecho al agua barata no pueden venderla a las ciudades que la valoran más, el agua es frecuentemente dirigida a usos de bajo valor (tal como cultivar arroz en el desierto). De modo similar, cuando los derechos sobre un activo no quedan garantizados, al propietario puede no resultarle provechoso preservar y aumentar el valor del activo, puesto que tal vez no disfrute de los beneficios de su esfuerzo.

Algunos activos suelen ser compartidos por una comunidad. El resultado es con frecuencia, lo que se conoce como la “tragedia de los bienes comunes”: los miembros de la comunidad abusan de los recursos compartidos, pues los costes de ello son ampliamente distribuidos. Analizamos este problema en relación con los derechos de pesca local y vimos que un análisis similar puede ser aplicado a los yacimientos de petróleo y a los manantiales de agua subterráneos. En el caso de los derechos de pesca varias eran las formas de propiedad que podían intentarse para mejorar la situación. La comunidad podría ser propietaria del activo, pero, a menos que sea completamente homogénea, ello daría lugar a grandes costos de influencia. Por otra parte, debe resolverse el problema de vigilar y controlar el cumplimiento de las normas de la comunidad. La propiedad individual es otra alternativa, pero si los rendimientos del activo no pueden ser dirigidos enteramente al propietario, puede conducir a una distorsión de los incentivos. En los países socialistas, hasta los establecimientos agrícolas y las fábricas son considerados recursos compartidos y, por tanto, no son adecuadamente mantenidos. La experiencia china (en particular con la agricultura privada) durante la década de los años ochenta demuestra cómo los incentivos asociados a la propiedad pueden mejorar espectacularmente las actuaciones individuales.

Cuando los derechos de propiedad están garantizados y son negociables, y los costes de negociación son bajos, el teorema de Coase sugiere que la gente intercambiará los derechos hasta que la nueva forma de propiedad sea eficiente. Algunos han argumentado que deberíamos presuponer que todas las formas que observamos son siempre eficientes, si tenemos en cuenta todos los costes relevantes, porque los derechos no negociados no hacen más que el intercambio no compensaba el coste en que se habría incurrido. Cuando los acuerdos alcanzados entre dos (o más) partes afectan a terceros que no participan en las negociaciones, sin embargo, no suele ser verdad que todo intercambio deba incrementar el valor. Puede ser simplemente la apropiación del valor de quienes no participan. En circunstancias semejantes, la simple asignación de los derechos de propiedad a quienes probablemente los valorarán más puede ser ventajosa.

Los derechos de propiedad continúan cambiando en nuestros días, piénsese en los derechos al aire limpio, de propiedad intelectual, de acceso a las playas, sobre los minerales del fondo del mar o los derechos de pesca. Los derechos a la utilización de nuevos fármacos nos recuerdan que la asignación de los derechos de propiedad tiene una dimensión ética y distributiva, adicionales a la eficiencia.

Cuando los costes de negociación son bajos, la teoría predice que los derechos de propiedad serán asignados eficientemente. Cuando un activo es altamente específico para un uso particular, significando con ello que es mucho menos valioso en su mejor utilización alternativa, hay ganancias si se asignan los derechos de propiedad al usuario final a fin de evitar el problema de la retención. En el problema de la retención el usuario amenaza con dejar de utilizar el activo para obtener del propietario mejores condiciones. La razón de que ello sea un problema desde el punto de vista de la eficiencia es que desalienta la inversión en activos específicos de gran productividad. Cuando dos activos son específicos para la misma transacción, están coespecializados, y la teoría predice que generalmente serán ambos propiedad de la misma persona. La dificultad de medición del desempeño en el mantenimiento de un activo favorece la transferencia de la propiedad al usuario del mismo, pero una dificultad similar para medir la actuación con relación a otras responsabilidades importantes puede hacer que la transferencia de la propiedad del activo se realice de modo diferente, a otra persona.

Otras características de la transacción influyen también sobre la forma de propiedad más adecuada hacia la búsqueda del valor máximo. Las transacciones simples pueden ser realizadas mediante contratos casi completos, en cuyo caso el problema de la retención es de menor importancia. El arrendamiento del activo, por ejemplo, puede ser un buen sustituto de la propiedad. La larga duración del activo y la complejidad de la transacción hacen que esta alternativa sea menos eficaz y favorecen la solución de la propiedad antes mencionada.

El capital humano planea un problema especial porque: 1) representa una fracción importante del capital de todo país de industria avanzada, 2) generalmente no es negociable, y 3) suele estar bastante coespeciaiizado entre diferentes personas. Con frecuencia se observan complejas disposiciones organizativas destinadas a proteger las inversiones en capital humano.

Aunque el concepto de propiedad parece razonablemente claro en muchos de los casos aquí expuestos, los conceptos de control residual y rendimientos residuales que definen la propiedad son en realidad bastante difusos. Para las grandes sociedades anónimas sostuvimos que no hay realmente nadie que sea dueño tanto del control residual como de los rendimientos residuales, ambos necesarios para que la propiedad funcione de acuerdo con la teoría simple. En las organizaciones sin fines de lucro no hay nadie con derecho a recoger los rendimientos residuales y, por tanto, diríamos que carecen de propietario. En el caso de este libro, hay varias clases de rendimientos, no todos financieros, y éstos van en diferentes proporciones, a los dos autores y a la editorial: no hay un único acreedor residual.

Pese a estas matizaciones, la propiedad es clara e indudablemente el medio más común y eficaz para motivar a la gente a crear, mantener y mejorar los activos, y su importancia en la práctica empresarial difícilmente pueda ser expresada con exageración.

Reseña bibliográfica

Como en tantos otros aspectos de la teoría económica de la organización, Ronald Coase hizo las aportaciones iniciales al moderno análisis económico de los derechos de propiedad, subrayando que el centro de la teoría yace en la capacidad de la gente para negociar y contratar. A partir de allí, el análisis económico de los derechos de propiedad atrajo la atención de muchos eruditos; las obras de Yoran Barzel y Harold Demsetz ofrecen una introducción al trabajo de dos de los más importantes entre ellos. Robert Cooter y Joseph Farrell presentan útiles discusiones sobre el pensamiento corriente acerca del teorema de Coase.

La importancia de los rendimientos residuales en la teoría de la empresa fue desarrollada con mayor amplitud por Armen Alchian y Demsetz; el control residual como una definición virtual de la propiedad fue defendido por Sanford Grossman y Oliver Hart. Oliver Williamson, Grossman y Hart conjuntamente, Hart y John Moore han hecho aportaciones especialmente importantes al análisis de las formas eficientes de propiedad.

La importancia de las inversiones específicas fue primeramente desarrollada en el contexto de la teoría del capital humano por Gary Becker, y fue elaborada dentro de la teoría de la empresa por Williamsom y por Benjamín Klein, Robert Crawford y Armen Alchian.

Nota. Este texto fue tomado de: Milgrom, P., & Roberts, J. (1993). Economía, organización y gestión de la empresa (p.729). Barcelona: Ariel Economía. Capítulo 9: Propiedad y derechos de propiedad.
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Seminario de teoría de juegos. Taller 3

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10 de mayo de 2018

Luis Alejandro Palacio García

La subasta del segundo mejor precio. Un objeto será vendido por medio de una subasta. Existen n oferentes y cada uno de ellos solamente puede presentar una oferta en un sobre sellado. El ganador de la subasta será aquel que realice la oferta más alta, pero solamente pagará el valor correspondiente con la segunda mejor oferta. El valor del objeto para el oferente i es igual a Vi. En caso de empate, se utilizará un mecanismo aleatorio que otorgue la misma probabilidad de ganar a cada uno de los oferentes que realicen la mejor oferta.

(0.5 puntos) Represente el juego en forma normal y grafique las funciones de mejor respuesta.

(0.5 puntos) Muestre que revelar verdaderamente el valor del objeto es una estrategia débilmente dominante para cada oferente. Por lo tanto, la combinación de estrategias donde cada oferente i hace una puja igual a Vi es un equilibrio de Nash para este juego.

El juego de las citas en línea. Carlos y Mónica son dos personas interesadas en tener amigos en Internet. Carlos, decidido a cumplir su objetivo, crea una página en la que recibe todo tipo de contactos de los usuarios de la red. De otro lado, Mónica, ansiosa por conocer amigos, se entera del portal, accede a éste para saber más de Carlos y diligencia un formato con sus datos personales (datos verificables por parte de Carlos). Así, Carlos conoce si es o no compatible con Mónica. Las opciones de Carlos son admitirla (A) o no admitirla (NA) dentro de su lista de amigos. Para Mónica, sus opciones serán entrar (E) o no entrar (NE) a dicho portal para conversar con Carlos. Pese a todo, se sabe que ellos son compatibles con probabilidad 0.5. La estructura de pagos es la siguiente:

Compatibles No compatibles

Carlos

Carlos

A

NA A

NA

Mónica

E

2 , 2

-2 , -1

Mónica

E

-1 , -1

-1 , 0

NE  -1 , -2 -1 , -1 NE 0 , 0

2 , 2

(0.5 puntos) Represente el juego Bayesiano por medio de un diagrama de árbol.

(0.5 puntos) Represente en una matriz de pagos el juego en forma normal equivalente y encuentre los equilibrios de Nash.

El juego de la cantina. En una cantina se encuentran dos personas, una es débil y la otra es fuerte, las cuales tienen que decidir que bebida tomar. A la persona débil le gusta tomar leche, en cambio a la persona fuerte le gusta tomar cerveza. De repente entra una persona buscapleitos, que estaría dispuesto a pelear, pero sabe que solamente puede ganar la pelea si se enfrenta con una persona débil. El problema radica en que el buscapleitos no puede distinguir a primera vista si las personas que están en la cantina son fuertes o débiles, pero sabe que solo el 10% de las personas de ese pueblo son débiles.

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(0.25 puntos) Verifique si el jugador débil toma leche y el jugador fuerte toma cerveza puede hacer parte de un Equilibrio Bayesiano Perfecto.

(0.25 puntos) Verifique si el jugador débil toma cerveza y el jugador fuerte toma leche puede hacer parte de un Equilibrio Bayesiano Perfecto.

(0.25 puntos) Verifique si el jugador débil toma leche y el jugador fuerte toma leche puede hacer parte de un Equilibrio Bayesiano Perfecto.

(0.25 puntos) Verifique si el jugador débil toma cerveza y el jugador fuerte toma cerveza puede hacer parte de un Equilibrio Bayesiano Perfecto.

El comprador debe ser cauto. El vendedor está informado y es el primero en jugar. El comprador está desinformado y juega a continuación. El juego empieza con un suceso aleatorio, el resultado del cual sólo conoce el vendedor. El artículo puede ser bueno o malo. El vendedor sabe si el artículo es bueno o malo. Lo único que sabe el comprador es que existe una cierta probabilidad P(B) de que el artículo en venta sea bueno y una probabilidad P(M) de que el artículo sea malo.

Después de ser informado sobre la calidad del artículo, el vendedor puede ponerlo a la venta o mantenerlo fuera del mercado. Si el vendedor lo mantiene fuera del mercado, el juego se acaba con las ganancias del statu quo, 0 cada uno. Si el vendedor pone el artículo a la venta y es bueno, se puede vender tal cual. Si el vendedor pone el artículo a la venta y es malo, entonces hay que lavarle la cara primero a un coste c. Después de la limpieza, un artículo malo tiene el mismo aspecto que un artículo bueno y el comprador no puede diferenciarlos. En cualquier caso, el comprador no ve la operación de limpieza. Además, el precio del artículo p es el mismo tanto si el artículo es bueno como si es malo. El precio tampoco puede revelar ninguna información.

Si el artículo se pone en venta, llega el turno del comprador. El comprador tiene dos nodos en el conjunto de información: el nodo b, que corresponde a un artículo bueno puesto a la venta, y el nodo m que corresponde a un artículo malo puesto a la venta. El comprador no sabe a qué nodo ha llegado el juego; los dos están en el conjunto de información. El comprador puede decir sí o no al artículo que se pone a la venta. Si el comprador dice no, no hay trato. El comprador obtiene una ganancia de 0 al igual que el vendedor de un artículo bueno; pero el vendedor de un artículo malo obtiene una ganancia de -c. Este vendedor limpió el artículo, y todo para ver cómo no se vendía.

Si el comprador dice sí, hay trato. El artículo se vende al precio p, que es la ganancia del vendedor del artículo bueno, y p-c es la ganancia del vendedor del artículo malo. Un artículo bueno tiene una valoración de V por parte del comprador, de donde hay que restar el precio pagado p para obtener la ganancia V-p. Un artículo malo tiene un valor de W para el comprador, de donde hay que restar el precio pagado p para obtener la ganancia W-p. El comprador sale ganando si compra un artículo bueno, pero sale perdiendo si el artículo es malo: V>p>W. El comprador se quema cuando compra el artículo malo. Esta es, en pocas palabras, la razón por la que el comprador debe ser cauto.

(0.5 puntos) Represente el juego Bayesiano por medio de un diagrama de árbol.

(0.5 puntos) Fallo total del mercado. Todos los vendedores, incluso los de artículos buenos, temiendo el rechazo de los compradores, mantienen sus artículos fuera del mercado. El mercado deja de funcionar, aunque existen beneficios potenciales que el intercambio permitiría obtener. Encuentre los valores de los parámetros que soportan esta situación como Equilibrio Bayesiano Perfecto.

(0.5 puntos) Éxito total del mercado. Sólo los vendedores de artículos buenos los ponen a la venta. Los vendedores con artículos malos los mantienen fuera del mercado. Como todos los artículos puestos a la venta son buenos, los compradores compran todo lo que sale a la venta. En este caso el mercado funciona perfectamente. Encuentre los valores de los parámetros que soportan esta situación como Equilibrio Bayesiano Perfecto.

(0.5 puntos) Éxito parcial del mercado. Todos los vendedores ponen sus artículos a la venta, sean buenos o malos. Todos los compradores compran cualquier cosa que sale a la venta. Esto sólo es un éxito parcial del mercado: el mercado funciona, pero hay muchos intercambios malos, lo que reduce su eficiencia. Éste es otro ejemplo de un equilibrio de agrupación. Al contrario que en el fallo total del mercado, sin embargo, este equilibrio de agrupación genera algunos beneficios por el intercambio. Encuentre los valores de los parámetros que soportan esta situación como Equilibrio Bayesiano Perfecto.

Nota. Este ejercicio es tomado de: Gardner, R. (1995). Juegos para empresarios y economistas (p. 566). Barcelona: Antoni Bosh Editor.
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La búsqueda de rentas en los sectores público y privado

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Las decisiones gubernamentales que garantizan un monopolio, determinan los precios de suministros, o establecen tarifas y otras barreras comerciales, pueden crear rentas o cuasirrentas para las empresas. Las empresas intentan captar estas rentas para sí, antes de que se vayan a otro lado: y lo hacen tanto participando legítimamente en los procesos políticos y normativos como pagando a veces sobornos. El resultado es un costoso problema de política general, porque los intentos conducen en ocasiones a decisiones tergiversadas y porque se gasta mucho tiempo y esfuerzo en un proceso que sólo produce transferencias, sin ninguna ganancia social. Las actividades que no sirven a ningún interés social más que a la transferencia de rentas o cuasirrentas han sido llamadas de búsqueda de renta y, cuando ocurren en el sector público la búsqueda directa de beneficios improductivos, los costes de los recursos empleados y de las decisiones distorsionadas son costos de influencia.

Según algunos analistas, los costos de influencia son unos de los mayores costes de las grandes administraciones estatales. Cuando se están tomando muchas decisiones y cada una de ellas tiene grandes consecuencias redistributivas, muchos de los individuos más brillantes y capaces comprobarán, entonces, que lo más rentable es emplear su tiempo en intentar influir sobre esas decisiones, ya sea en su propio interés o en el de sus clientes. Ésta es la causa de muchas de las ineficiencias en la adopción de decisiones en el sector público. Los grupos privados gastan recursos solamente para modificar el impacto de las decisiones públicas.

Así sucede cuando se movilizan grupos de presión y se gastan enormes esfuerzos en conseguir la concesión de una cadena de televisión de pago, sacrificando la eficiencia para fines políticos o distributivos. Y así también sucede cuando una instalación pública (un parque, un museo, etc.) es situada en el distrito de un senador importante y no donde sería de mayor provecho. Los gastos directos del gobierno son sólo la punta del iceberg: los recursos gastados por otros para influir sobre jueces y jurados, legisladores y funcionarios, consejeros, responsables de compras, inspectores, auditores, responsables de impuestos y otros empleados del gobierno, pueden exceder en mucho a los del propio gobierno en tomar y aun en implementar las decisiones sobre las que se influye.

La razón por la que el tamaño de la administración del Estado entra en el análisis es que cuanto mayor sea la administración, tendrá mayores programas, más responsables de decisiones y más asuntos que resolver. Las oportunidades para influir sobre las decisiones del gobierno crecen con el tamaño y el alcance del aparato del Estado que el gobierno controla. Esto no significa que la anarquía sea la forma óptima de gobierno; la existencia de costes no niega la posibilidad de beneficios aún mayores. Por otra parte, las decisiones adoptadas por el sector privado pueden a veces reflejar un conjunto de intereses demasiado estrecho, por tanto sólo el sector público puede determinar algunas cuestiones equitativa y eficientemente.

Las diversas actividades de influencia

Son necesarias dos condiciones para hacer posibles las actividades de influencia y sus costes asociados: 1) debe haber un conjunto de decisiones a adoptar que pueda influir sobre la distribución de los costes y beneficios en la organización, y 2) las partes afectadas deben haber abierto canales de comunicación con los responsables de las decisiones e identificado los medios para influir en ellas, durante el período en que éstas están siendo adoptadas.

La primera de estas condiciones es normalmente inevitable en las organizaciones. ¿A quién se ascenderá a un puesto clave con mayor salario, beneficios adicionales y estatus? Cuando la asignación de recursos significa el desarrollo del proyecto que los obtenga y, por tanto, mayor seguridad en el puesto y mejores oportunidades de promoción para el personal involucrado, ¿se asignarán los recursos al proyecto de una división o al de otra? ¿Debería utilizarse a subcontratistas, cuando hacerlo puede sacar buenos puestos de trabajo fuera de la empresa? ¿Se implementará una reorganización interna que prometa ganancia de eficiencia, pero que requerirá el despido de algunos empleados, y la necesidad de aprender nuevos modos y la pérdida del poder de otros?

En las decisiones de este tipo los ganadores y perdedores potenciales buscarán influir sobre el resultado, gastando para ello sus propios recursos y, si pueden, los de la organización. Por ejemplo, los candidatos a una promoción pueden restar tiempo de sus responsabilidades habituales para mejorar sus cualificaciones aparentes para el puesto, o para intentar congraciarse con el jefe. Los proponentes de un proyecto pueden dedicar sus esfuerzos a presentarlo como la mejor de las inversiones, ocultando las dificultades potenciales y resaltando sus aspectos positivos e intentando, al mismo tiempo, rebajar las propuestas alternativas.

En el caso de la refinanciación, los ganadores y perdedores potenciales, en sus intentos de influir sobre el resultado, pueden gastar millones de dólares en consultores, abogados, asesorías de bancos de inversión y en publicidad. Aquellos que estén amenazados por la propuesta de subcontratación pueden urdir argumentos sobre la confiabilidad, el oportunismo ex post o la moral, que sirvan a sus intereses. Quienes teman la reorganización se resistirán a los cambios, escondiendo o tergiversando la información, cooperando con reticencia e intentando preocupar a otros para convertirlos en aliados. Todo ello es en esencia una competición política por las rentas y cuasirrentas, como tal, es un fenómeno paralelo al de la búsqueda de rentas en el sector público.

Los empleados no son los únicos afectados por las decisiones de la empresa. Una amplia gama de decisiones afecta a los beneficios de los accionistas, incluyendo en ella a las inversiones, la cuantía de los salarios, la política de dividendos, las fusiones y la política de precios. Para los acreedores crediticios, la seguridad de sus préstamos dependerá del riesgo en las inversiones de la empresa, de los salarios que se paguen a los trabajadores y de los dividendos distribuidos a los accionistas.

Las decisiones de la empresa sobre el diseño y la localización de sus fábricas pueden afectar a la valoración de las viviendas de la comunidad, al tráfico de vehículos y a las condiciones del medio ambiente. Su elección de suministradores puede modificar la distribución de salarios y beneficios de los candidatos potenciales; y su política de precios puede afectar tanto a la competencia como a los consumidores. Hay frecuentes controversias sobre cuáles de estos intereses deberían ser legítimamente considerados en el proceso de adopción de decisiones. Si el mayor empleador de una pequeña comunidad decide cerrar su planta, ¿tiene derecho la comunidad a bloquear la decisión? Si se instala una sucursal de una cadena que vende con descuentos en la periferia de la ciudad, ¿debe protegerse a los comercios del centro y a sus empleados? Cuando la ampliación del centro hospitalario de una comunidad intensifica el tráfico en un barrio, ¿debería permitirse que los vecinos exigiesen medidas compensatorias o paliativas?

Nota. Este texto fue tomado de: Milgrom, P., & Roberts, J. (1993). Economía, organización y gestión de la empresa (p.729). Barcelona: Ariel Economía. Capítulo 8: Rentas y eficiencia.
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Señales: Lúdica

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Bryan Snehider Díaz

La lúdica consiste en recrear un sistema de votación como el utilizado por el consejo de seguridad de la ONU, donde todos los participantes deben llegar a un acuerdo con respecto a una moción. Lo particular de este mecanismo es que para lograr un acuerdo se requiere unanimidad, dado que todos tienen poder de veto. Es decir, a diferencia de una votación común, en este no se vota a favor de una opción, sino oponiéndose a ella.

La votación se hará sobre la repartición de un premio. En ese sentido, un grupo de voluntarios debe proponer una regla para repartir el premio entre los distintos jugadores. Si no hay voluntarios, el tallerista puede proponer quedarse con el premio, moción que fácilmente será vetada. Alguno de los que veten esa moción debe pasar a hacer una nueva propuesta. Si varios desean pasar a proponer, el tallerista los organizará para que pasen en orden y se eliminen las propuestas que sean vetadas.

Se recomienda que el premio sean varias burbujas de chocolate rellenas de arequipe (o algo equivalente) porque debe ser lo suficientemente interesante como para que una sola unidad sea deseable. Adicionalmente es importante que el premio sea divisible, verificando que no exista suficiente como para repartirlo entre todos, con el propósito de crear un conflicto por la escasez.

Una vez establecidos los voluntarios que desean hacer propuestas, pasan y los demás jugadores deberán vetar las propuestas que consideren. Las reglas son sencillas: Ganará la propuesta que logre que ningún jugador la vete. De existir un ganador este se quedará con la totalidad del premio, pero no estará obligado a cumplir con la propuesta y podrá disponer del premio como considere. Teniendo en cuenta la naturaleza de la situación, en la primera ronda será muy difícil que se logre el acuerdo, y sobre todo que se confíe plenamente en las propuestas realizadas. El dilema está en que el proponente tiene problemas de credibilidad porque no puede comprometerse.

A continuación, se realizará una segunda ronda de propuestas, pero con una variación: ahora los proponentes podrán enviar una señal que consiste en ofrecerle públicamente una parte del premio al tallerista en caso de ganar a cambio de su apoyo. El apoyo del tallerista significa que este asegurará la repartición del premio conforme el proponente ha prometido, y por tanto su oferta se vuelve completamente vinculante. Adicionalmente, se genera una competencia por el apoyo porque solo se le puede otorgar a uno, el que ofrezca más.

Se espera que la señal pueda ayudar a solucionar el dilema de información que existe en la primera versión, pero crea a su vez un segundo dilema de cooperación. Los proponentes tendrán gastar recursos para lograr el apoyo del tallerista, y por tanto es posible que terminen desviando una gran cantidad de recursos que podrían quedarse dentro del grupo, de modo que el dilema de información asimétrica se convierte en un dilema de cooperación y conflicto debido a la competencia.

El objetivo central de la lúdica es mostrarles a los jugadores que las señales pueden efectivamente solucionar problemas de información asimétrica. En este momento el tallerista debe realizar una última ronda, pero retirando el factor competitivo de la señal para que todos puedan hacerlo pagando un costo que sea constante y razonable, solucionando así el dilema de información y de cooperación y dejando únicamente el problema de coordinación original: no vetar una propuesta, pero con la confianza de que lo prometido se llevará a cabo. En ese sentido los jugadores deben ser conscientes que lo relevante deja de ser que jugador gane y lo que realmente importa es que alguno de ellos logre repartir el premio.

Para lograr ese fin los proponentes podrían ayudar a solucionar el problema retirándose y dejando un grupo más reducido de modo que los costos de coordinar sean menores al ser menores las opciones. Si la coordinación es difícil o incluso si aparecen agentes del caos que la dificulten por tener preferencias poco convencionales, el tallerista puede abrir la posibilidad de que cinco jugadores se pongan de acuerdo para expulsar a alguien del mecanismo, dejándolo fuera de juego.

Una vez terminada la lúdica, y con todos los elementos claros, el tallerista puede hacer un análisis en retrospección de la actividad. Por un lado puede hablar a los participantes sobre la importancia de la información y los mecanismos diseñados para solucionar los problemas de mercado. También puede utilizar la experiencia para mostrar como muchas veces en el caos de la realidad un mecanismo puede no funcionar de manera tan correcta, o incluso empeorar las circunstancias si no se tienen en cuenta los incentivos que enfrentan las personas. Puede ampliar la discusión sobre el modo en que la competencia puede llevar a situaciones ineficientes en contextos donde la cooperación es una conducta deseable, o puntualizar brevemente sobre la importancia de los mecanismos de castigo ante una conducta antisocial para lograr objetivos grupales, propiciando así la reflexión en los participantes.
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La reputación

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Adam Smith resaltó la influencia que la frecuencia del comercio tenía sobre los incentivos de un mercader. “De todos los pueblos europeos, el holandés, el más comercial, es el más respetuoso con la palabra empeñada. El inglés lo es más que el escocés, aunque bastante menos que el holandés, y en las regiones más remotas de este país (la gente) lo es mucho menos que en las zonas comerciales. No todo ello debe ser imputado al carácter nacional, como pretenden algunos: no hay ninguna razón natural para que un inglés o un escocés no fueran tan puntillosos como un holandés en el cumplimiento de los acuerdos. Ello es mucho más reductible al propio interés, ese principio general que regula las acciones de todo hombre que conduce a los hombres a actuar de una cierta manera en vista de las ventajas, y que está tan profundamente implantado en un inglés como en un holandés”.

Un comerciante teme perder su reputación y es escrupuloso en la observación de sus compromisos. Cuando una persona hace quizá veinte contratos al día, no puede ganar tanto en el empeño de imponerles costes a sus vecinos como lo que le haría perder la simple apariencia de un engaño. Cuando la gente trata raramente entre sí, encontramos en ella una cierta disposición al engaño, puesto que puede ganar más por una treta ingeniosa que lo que pueda perder por el daño que ésta causara a su reputación. Según Smith, cuanto mayor sea el volumen de negocios, mayor será el incentivo para actuar honradamente a fin de proteger la valiosa reputación comercial.

La reputación y los mercaderes magrebíes

El coste de la provisión de incentivos usando la reputación depende también de las otras oportunidades que tengan las partes, un agente cuyas oportunidades externas permanecieran igualmente buenas si fuera descubierto en un engaño tiene poco que perder a causa de sus engaños y, por tanto, es costoso motivarlo. Por el contrario, un agente cuyas oportunidades de negocio o laborales yacen en un reducido número de interesados que pueden comunicarse entre sí, debe temer que las acciones que dañen su reputación resultarán en pérdidas importantes. Estos agentes están más dispuestos a resistir las tentaciones de robar o trampear, aun cuando su salario en un trabajo específico sea bajo. En otras palabras, es menos costoso motivar a estos agentes que a aquellos que tuvieran mejores oportunidades externas.

El ejemplo de los mercaderes magrebíes, citado anteriormente, ilustra este punto. La evolución del esquema de delegaciones y agentes que se desarrolló entre los comerciantes del Mediterráneo occidental en el siglo XI puede en parte ser atribuido a los cambios en el coste de motivar a los diferentes tipos de agentes. En los siglos IX y X, cuando el volumen del comercio era bajo y las comunicaciones difíciles, los mercaderes solían viajar con sus propias mercancías. Confiar en agentes era arriesgado porque el agente podía fácilmente desaparecer con el capital o hacer trampas en negocios que tenían lugar en mercados distantes y sobre los cuales sus asociados no tenían ningún control.

Hacia el siglo XI, sin embargo, existía en el Mediterráneo musulmán una extensa red a través de la cual los mercaderes intercambiaban referencias, de modo que creció enormemente la pérdida que cualquiera de ellos debía soportar por una reputación dañada. Como resultado de estos cambios, los mercaderes encontraron que es más económico confiar en agentes-mercaderes de ultramar. Los mercaderes de las ciudades A y B se encomendaban mutuamente sus artículos a la venta, en vez de confiar en un agente personal enviado desde la ciudad, A o B. Este cambio puede ser explicado, al menos en parte, por el reducido coste de asegurar la honradez del agente de ultramar. Un análisis económico que se centre en la sola consideración del coste de los recursos no puede dar una explicación completa de estas relaciones comerciales desarrolladas.

La carrera del empleado en la empresa

Otro elemento ausente en nuestro simple modelo del salario de eficiencia son los de desarrollo profesional en la empresa. El modelo prestaba una mínima atención al factor tiempo, reduciéndose a incorporar el número de períodos que el trabajador esperaba ser contratado. En un modelo más completo, un sistema de remuneración creciente con el avance de la carrera del trabajador provee incentivos con mayor eficacia. Muchas empresas han virtualmente institucionalizado un esquema de carrera en el que las ganancias de los trabajadores que triunfan aumentan con el tiempo, incluso hasta llegar a un punto en que quizá excedan a la productividad marginal del trabajador.

En los comienzos de la carrera del empleado, cuando la inversión que ha acumulado en la empresa y en su carrera es baja, éste es colocado en puestos de poca responsabilidad, en los que el trabajo es más rutinario y fácilmente controlable y los errores pueden ser corregidos. Una vez que el empleado se ha formado, que ha invertido en el aprendizaje del negocio, y cuando la recompensa por esta diligencia está al alcance de la mano, se le asigna una función menos rutinaria que también puede ser más difícil de controlar. Vimos al comienzo de este capítulo que el salario alto es un sustituto de la vigilancia estrecha, por tanto, la relación entre la remuneración y la responsabilidad es la esperada.

La reputación del producto y las marcas

Hemos subrayado las aplicaciones de la teoría del salario de eficiencia a la provisión de incentivos a los empleados, agentes o socios comerciales para que se comporten honradamente. Los principios que hemos identificado tienen, sin embargo, aplicaciones más amplias. Benjamín Klein y Keith Leffer han resaltado que los márgenes de beneficio estrechos son enemigos de la calidad en los mercados de bienes y servicios, porque incitan a los productores individuales a obtener mayores beneficios en detrimento de la calidad, hasta que el consumidor perciba el cambio. La empresa podría, entonces, salir del mercado. No obstante, si el producto es reconocible por los consumidores y si sus márgenes son altos, el valor de permanecer en el negocio puede ser superior a cualquier beneficio a corto plazo que suponga degradar la calidad del producto.

Cuando la competencia mantiene los precios relativamente bajos o en el caso de ciertos productos que se reemplazan con tanta frecuencia que la insatisfacción del cliente con el producto anterior es irrelevante, las marcas que cubren una línea completa de productos pueden aprovechar otra forma de establecer una reputación de calidad. Una persona puede comprar el modelo de taladradora de Black and Decker de este año, si está convencido de que el modelo del año anterior, que compró su vecino, era de buena calidad y si el destornillador eléctrico que él mismo compró dos años atrás, aún funciona bien. El valor de la reputación de una marca lleva a las empresas rentables con marcas acreditadas a esforzarse en mantener la calidad.

Nota. Este texto fue tomado de: Milgrom, P., & Roberts, J. (1993). Economía, organización y gestión de la empresa (p.729). Barcelona: Ariel Economía. Capítulo 8: Rentas y eficiencia.
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Buscadores de rentas: Lúdica

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Bryan Snehider Díaz

La lúdica consiste en recrear una subasta inglesa a primer precio, en donde se hacen ofertas ascendentes que llamaremos pujas. En este tipo de subastas gana el participante que haga la puja más alta, o lo que es equivalente, cuando se haga una puja y los demás participantes desistan de competir. Se recomienda que el premio sean varias burbujas de chocolate rellenas de arequipe (o algo equivalente) porque debe ser lo suficientemente interesante como para que una sola unidad sea deseable. Adicionalmente es importante que el premio sea divisible, verificando que no exista suficiente como para repartirlo entre todos, con el propósito de crear un conflicto por la escasez.

La primera regla de la subasta es que la puja mínima son cien puntos, y en adelante quien desee aumentarla deberá hacerlo de cien en cien. Para facilitar la logística, se recomienda que el que realice una puja lo diga en voz alta y mantenga la mano arriba hasta que su puja sea superada. La subasta termina si hay una sola mano levantada mientras el tallerista hace un conteo de forma muy visible. Se repite el valor de la puja y se comprueba que nadie quiere hacer una puja mayor.

La segunda regla es que cada burbuja tiene un valor de mil puntos, de tal forma que si la puja llega a mil, o un número múltiplo de mil, el premio se disminuye en concordancia. Esto lleva a que la subasta se termine si las pujas llegan a el número de chocolates multiplicado por mil, pues ya no quedaría ninguna burbuja en juego. En ese sentido, el objetivo de los participantes debe ser ganar la subasta con la menor puja posible, de modo tal que puedan quedarse con la mayor cantidad de burbujas posible. Si por ejemplo un jugador ganara la subasta con una puja de mil puntos recibirá 7 burbujas de chocolate.

La mezcla entre cooperación y conflicto crearán las condiciones idóneas para generar un dilema moral muy interesante: el jugador tendrá incentivos individuales a pujar más alto para ganarse las burbujas, aunque en la medida en que la puja se haga más y más alta estará destruyendo el premio, lo que reducirá su bienestar, beneficiando únicamente al subastador. Al final el resultado esperado es la competencia lleve a la destrucción del premio, en contraste con el resultado socialmente deseable que es ganar la subasta con la puja más pequeña posible. La experiencia lleva al participante a cuestionarse y a vivir de manera directa las repercusiones que tiene comportarse de manera egoísta en ciertos ambientes donde la cooperación podría implicar obtener mejores resultados para todos.

Una  vez ha terminada la subasta sugerimos que se le de al grupo una segunda oportunidad, pero que en este caso el subastador les ofrezca a los participantes un cierto margen de tiempo para organizarse, dándoles puntualmente dos recomendaciones. Primero, es deseable armar coaliciones para reducir la cantidad de jugadores en disputa, disminuyendo el conflicto. Lo que muestra la experiencia es que de igual forma llegarán al resultado de destruir el premio dado que el mecanismo es enormemente conflictivo.

Segundo, lo ideal es llegar a un consenso antes de empezar la subasta, identificando un líder en el que poner su confianza para actuar como grupo, porque de lo contrario perderán definitivamente el premio. En la práctica incluso con la colaboración del tallerista, el grupo terminará de la misma forma que en el primer intento, pero esta parte del ejercicio es la que crea las condiciones necesarias para una reflexión más profunda. En los casos en que por ejemplo se hacen dos subastas en grupos focalizados diferentes y uno de los dos grupos logra organizarse, los jugadores se cuestionarán profundamente sobre su comportamiento, ya que el egoísmo maximizador termina dejando un sabor amargo que obliga a pensar en el bienestar del grupo a la hora de realizar una acción.
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