Fuentes de conflicto

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Resumen elaborado por: Luis Alejandro Palacio García

En la base del acuerdo que tomen entre seguir la vía de Coase o la vía de Maquiavelo, estarán las oportunidades, las preferencias, y las percepciones de los contendientes. Los economistas pueden predecir con seguridad que los dirigentes de un grupo se inclinarán en la dirección del conflicto o se inclinarán en la dirección de la producción y del intercambio cooperativo, según cuál sea la vía que proporcione mayor beneficio marginal. La complementariedad productiva favorece la opción del intercambio: las naciones que comercian más, luchan menos.

También, como los hombres y las mujeres se complementan mutuamente, observamos que los hombres se enfrentan a otros hombres con mayor frecuencia e intensidad que a otras mujeres. En el extremo opuesto, recuerde la película de Hollywood en la que el bandido dice al sherif: “No tengo nada contra usted, pero esta ciudad no es bastante grande para los dos”. No hay ninguna complementariedad aquí: es una situación de suma constante y los espectadores tienen garantizado que habrá un tiroteo. No obstante, generalmente hablando, los adversarios comparten siempre un cierto interés mutuo, al menos en reducir la intensidad de la lucha.

La ley regula a menudo el conflicto. Se supone que las huelgas y los cierres no implicarán violencia física. En el mundo del comercio, se permite a los comerciantes competir ofreciendo precios bajos, y no mediante incendio y sabotaje. Y en procedimientos judiciales, el pleitear de los abogados ha suplantado a los juicios por combate. En épocas antiguas, los derechos del demandante serían defendidos por un campeón con la espada y la lanza. Ahora los litigantes son representados por los letrados, es decir, por campeones en mentiras, sofismas y la ofuscación.

Aún más importante que limitar el alcance y las formas del conflicto, la ley es generalmente adecuada para hacer cumplir los acuerdos alcanzados. Pero observe la expresión “hacer cumplir”: la regulación del conflicto puede ser alcanzada solamente si el regulador tiene la fuerza suficiente para infligir un daño aún mayor.

Tomaré un momento para mencionar brevemente los elementos subyacentes a la elección entre el acuerdo y el conflicto: las preferencias y las percepciones. En cuanto a las preferencias, mientras que los intereses opuestos (conjunto de oportunidades mutuamente inconsistentes) pueden generar conflicto incluso entre partes enteramente racionales, hay también factores aparentemente irracionales: el odio, la xenofobia, o la ira incontrolable.

Estos sentimientos y pasiones han evolucionado probablemente bajo la presión de la selección natural. La racionalidad darwiniana para la fuerte identificación de grupo y su inverso, la xenofobia (por muy disfuncional que parezca en el medio ambiente moderno), es bastante evidente: Una tribu que disponga de muchos miembros que, teniendo un alto grado de patriotismo, fidelidad, disciplina, valentía y lealtad, estén siempre dispuestos a ayudarse los unos a los otros y a sacrificarse por el bien común, será victoriosa sobre la mayoría de las otras tribus.

La envidia y el odio parecen ser también sensaciones altamente persistentes, quizás más que cualquier otra que podamos pensar. Parecen ser el complemento o el inverso del verdadero instinto social. Incluso la cólera incontrolable puede tener un útil papel. Una predisposición a la furia es una señal de “a mí no me pises”, un aviso que a menudo sirve para disuadir desafíos.

En cuanto a las percepciones, una vez de acuerdo en que los dirigentes están siempre en equilibrio entre las dos vías de ganarse la vida, la vía Coasiana y la vía Maquiavélica, nadie puede realmente saber siempre cuáles son los costes y beneficios relativos de las dos opciones. La gente tiene que actuar en base a sus percepciones. Como amplia generalización, la incertidumbre en el campo del conflicto empantana el campo de la cooperación. Se puede sostener que la guerra nunca ocurriría salvo con opiniones sobre optimistas.

La guerra es una especie de escuela, en cuanto el lado más débil aprende su lección, se someterá y la guerra terminará. Hay algo de cierto en esto, pero acontecimientos como las derrotas en batalla, convencen a una parte de que es más débil y por tanto la predisponen hacia la paz, pero también hacen al oponente más confiado y por tanto más exigente en los acuerdos. Así que la reducción de la incertidumbre en el resultado de la lucha no necesariamente promueve la paz.

Nota: Esta columna es un resumen de las ideas expuestas en: Jack Hirshleifer (1925-2005) Discurso Presidencial pronunciado ante la Western Economic Association en 1993. Traducción de Juan Carlos M. Coll

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