Instituciones sociales

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Resumen elaborado por: Luis Alejandro Palacio García

Una institución presenta digamos dos caras. Parece actuar, elegir y decidir como si fuera un mandamiento individual pero también es creada y está compuesta por individuos. Una institución puede definirse como un mecanismo que pone en vigencia reglas. Las reglas rigen la conducta de un grupo bien definido de personas mediante sanciones externas y formales. El contraste implícito aquí es con las normas sociales que imponen reglas mediante sanciones externas e informales y con reglas internalizadas.

Las instituciones pueden ser privadas o públicas según la naturaleza de las sanciones. Las instituciones privadas incluyen firmas, gremios, organizaciones religiosas y universidades. La principal sanción es la expulsión del grupo. Para lograr que la gente ingrese ofrecen beneficios que varían de un salario, un título, a la absolución de los pecados. Las instituciones públicas incluyen el congreso, la corte suprema y la junta de educación. Sus sanciones, apoyadas por el sistema de imposición de la Ley, incluyen subsidios, impuestos, multas y encarcelamientos. Las reglas impuestas incluyen leyes, decisiones judiciales, decretos administrativos y órdenes ejecutivas.

Las instituciones nos afectan de una cantidad de maneras: obligándonos a actuar de ciertos modos; obligándonos a financiar actividades por las que de otro modo no pagaremos; permitiéndonos hacer cosas que de otro modo no podremos hacer; dificultándonos más la realización de ciertas cosas de cuanto pudiera ser de otra manera; y cambiando el contexto para la negociación entre partes privadas.

Modificar la conducta mediante el uso de la fuerza es el aspecto más notable de las instituciones. Aquí “fuerza” significa toda acción destinada a hacer que una práctica indeseada les resulte más costosa a aquellos que pueden sentirse tentados a realizarla. Mientras que la fuerza se propone hacer más costosa la conducta indeseada la inducción funciona haciendo menos costosa una conducta deseada.

Algunas instituciones son establecidas para permitir que la gente haga ciertas cosas en lugar de disuadirlas o inducirlas. Las leyes de contrato sirven para que la gente haga promesas vinculantes que de lo contrario no serían creíbles. Finalmente las instituciones pueden afectar la conducta al alterar el contexto de negociación para los individuos, es decir, sirven de punto focal. Por ejemplo, el resultado de la negociación colectiva se ve afectado por límites impuestos legalmente sobre la jornada laboral y por leyes que requieren o permiten arbitraje vinculante si las partes no llegan a un acuerdo.

He estado diciendo que las instituciones “hacen” o “intentan” esto o aquello pero en términos estrictos esto es una insensatez. Sólo los individuos pueden actuar e intentar. Si pensamos en instituciones como mandamientos y olvidamos que están compuestas por individuos con intereses divergentes podemos desorientarnos desesperadamente. En particular las quiméricas nociones de “la voluntad popular”, “el interés nacional” y la “planificación social” le deben su existencia a esta confusión. Una institución puede ser regida según líneas dictatoriales o democráticas. En el primer caso la institución posee una “voluntad” y un “interés” aunque puede no ser fácil ejecutarlos. En el segundo caso, que es más interesante, no es claro cómo se debe definir la voluntad o el interés de la institución.

Un individuo habitualmente sabe qué desea; he sostenido que la sociedad no. Un individuo suele hacer lo que ha decidido hacer; sostendré que una sociedad no puede. Para el individuo no hay ninguna brecha entre la decisión y la ejecución salvo la debilidad de la voluntad y la incapacidad física. Las decisiones institucionales son fácilmente desviadas y distorsionadas por la conducta interesada de los agentes que deben ponerlas en práctica. La forma más visible y cruel de oportunismo es la corrupción.

Para contrarrestar estas tendencias uno puede poner su confianza en el diseño institucional. Sin embargo, en general todo mecanismo del que se supone que debe detectar y contrarrestar la formación de herrumbre en la maquinaria institucional es en sí mismo susceptible a la herrumbre. Aunque es difícil de probar, creo que la variación en corrupción a través de los países se explica en gran medida por el grado de compromiso público de sus funcionarios y no por la inteligencia del diseño institucional. La moralidad y las normas sociales parecen contar más que el interés propio esclarecido. Los deseos importan más que las oportunidades.

Nota: Esta columna es un resumen de las ideas expuestas en: Elster, J. (1990). Tuercas y tornillos. Una introducción a los conceptos básicos de las ciencias sociales (p. 184). Barcelona: Gedisa.

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