La lógica de la acción después del voto

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Giovanna Rodríguez García

Seguramente los días escogidos para realizar elecciones a cargos públicos son los días más bellos, entonces ¿por qué tomarse la molestia de acudir a las urnas cuando los políticos electos tan solo ayudan a quiénes les conviene? O ¿por qué acudir a las urnas cuando mi voto, uno entre miles, no es decisivo en la elección final?

Este es un problema que Mancur Olson caracterizó, en su trabajo de 1965, como la Lógica de la Acción Colectiva. La pregunta central debería ser ¿por qué actuar junto con un colectivo si el costo de hacerlo es mayor al beneficio recibido? Porque no se puede negar que acudir a las urnas implica un costo y al final resulta que los beneficios no son tantos: “siempre ganan los mismos” y los gobernantes electos tan solo se preocupan por hacer lo conveniente para sí mismos y sus grupos de interés. Lo lógico sería no ir a votar y beneficiarnos de la decisión que los demás tomen –ser free rider-.

Sin embargo, supongamos que esta lógica es superada (ya sea por decisión propia de participación o por incentivos dados desde el mismo gobierno hasta los dados por los candidatos) porque como ciudadano no soy inmune a las decisiones que toman nuestros gobernantes y hay que votar para que gane la mayoría. Pero, el hecho de que un candidato gane por mayoría, no implica que haga necesariamente lo que a la mayoría le conviene. Pues después de ser electo, el gobernante tiene el poder que el dio su elección para tomar decisiones en nombre de todos los ciudadanos. Al parecer algo falla en el sistema de elección por mayorías. O simplemente, no somos conscientes de que al elegir a un gobernante se le está otorgando el poder de tomar decisiones por toda una comunidad.

En este sistema llamado democracia, es la ciudadanía quién tiene el poder de decisión. El sistema de elección por mayorías falla cuando los ciudadanos no nos hacemos cargo de las decisiones que tomamos. De tal manera que elegir a un gobernante no constituye solamente ir a las urnas, sino también es importante realizar un seguimiento a su acción una vez es electo.

Esta nueva faceta llamada democracia participativa consiste en no ser simplemente sujetos pasivos que acuden cada cuatro o cada dos años a la urnas y eligen a aquellos que van a tomar decisiones por nosotros. Esta nueva faceta consiste en ser ciudadanos activos, preocupados por las decisiones que nuestro gobernantes toman y asumir el papel que nos corresponde al haber elegido a tales gobernantes. No obstante, ¿cómo organizarnos para actuar?

En los últimos años han surgido cantidad de veedurías y observatorios dedicados a la vigilancia de nuestros gobernantes. Estos grupos se han dado a la tarea de vigilar de cerca las decisiones tomadas por los gobernantes e informar a la ciudadanía y a los entes de control sobre las irregularidades evidenciadas. Aunque el papel que juegan estos grupos en la disminución de la corrupción y prácticas clientelistas ha sido primordial, los incentivos para mantenerse y lograr un posicionamiento en la ciudadanía y los medios son bajos.

En primer lugar porque en la mayoría de los casos no se cuentan con los recursos económicos necesarios y segundo porque la misma ciudadanía no está interesada en informarse. Aunque los dos problemas se interrelacionan en la medida en que los recursos estarán cuando haya más ciudadanos involucrados, es el último problema el más importante. La lógica de la acción después del voto es la cual se debe vencer. Una ciudadanía que no hace seguimiento a sus gobernantes es una ciudadanía sin voz en los asuntos públicos.

Aunque quizás la solución a los problemas de corrupción gubernamental no sea el dejar de ser apáticos políticamente, es uno de los primeros pasos para una sociedad más consciente. La lógica de la acción después del voto es seguir informándonos de lo que acontece en las decisiones gubernamentales y no simplemente ser free-rider de lo que los gobernantes o los grupos de presión quieren hacer en una ciudad o un país.

Referencias

Blas, A. y Ibarra, P. 2006. La participación Estado de la Cuestión. Cuadernos de Trabajo de Hegoa, No. 39.

Olson, M. La lógica de la acción colectiva. 1998. Tomado de Saiegh, S. y Tommasi, M. La nueva economía política. Racionalidad e instituciones. Editorial Universitaria de Buenos Aires.

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