Incentivos monetarios en experimentos económicos: ¿Son indispensables?

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Daniel Felipe Parra Carreño

La economía experimental tiene una relación muy alta con la psicología, pues fueron los psicólogos quienes incursionaron en la experimentación para estudiar el comportamiento de los seres humanos. Sin embargo, los economistas agregaron a los métodos experimentales usados por los psicólogos pagos monetarios, argumentando que este factor hacía más real y fiables los estudios en el laboratorio. Ahora bien, la pregunta pertinente es: ¿Son imprescindibles los pagos en dinero para  hacer un experimento económico fiable? Esta columna pretende abordar esta cuestión, sin prometer una respuesta definitiva.

Continuando, los psicólogos no estuvieron de acuerdo con esta condición añadida por los economistas sobre los pagos, y aún hoy en día el uso de retribución monetaria es punto de debate entre economistas experimentales y psicólogos. Tal como lo describen Smith y Walker (1993) los puntos de vista son diametralmente opuestos, pues los economistas afirman que sólo las retribuciones monetarias importan en estos estudios, mientras los psicólogos tienden a opinar que si existen o no pagos no tiene ninguna relevancia. A pesar de estas opiniones tan dispersas, la evidencia muestra más resultados a favor de la tesis de los economistas, aunque esto no implica que se deba desdeñar los resultados de los psicólogos.

Jamal y Sunder (1991) muestran evidencia empírica que sugiere que el pago monetario en mercados de  intercambio no es una condición necesaria para converger al equilibrio. No obstante, ellos dejan claro que incluir estos pagos sí incrementa el realismo y la reproducibilidad de los resultados de laboratorio, por lo tanto constituyen una importante herramienta de investigación. En el mismo sentido, Melo (1993) explora un experimento sobre información en un mercado de valores con tratamientos utilizando dinero y otro con ganancias hipotéticas. Los resultados obtenidos por Melo (1993) permiten concluir que se pueden obtener resultados útiles de experimentos realizados sin incentivos monetarios, puesto que aunque los valores generales en cada experimento fueron diferentes las conclusiones se conservaron de la misma manera tanto en uno como en otro.

Acá cabe detenerse un momento para entender este punto. En el caso específico del trabajo de Melo (1993), el punto central era analizar si los precios convergían a los valores de equilibrio del modelo de las expectativas racionales. En ambos tratamientos este resultado se dio, a pesar que los valores específicos de cada uno eran diferentes. En otras palabras, los incentivos monetarios si afectaron las decisiones específicas de cada juego pero en general se llegó a la misma conclusión, lo cual es el objetivo de un experimento.

Aunque se tiene evidencia a favor de la no distorsión de las conclusiones al no incluir pagos en dinero, también existe evidencia en su contra. Barreda-Tarrazona (2011) realizó una lotería múltiple bidimensional que estudiaba la actitud frente al riesgo en entornos financieros. La conclusión fue que el utilizar pagos reales en vez de hipotéticos cambia la aversión al riesgo de los sujetos. La conclusión de este trabajo es que el uso de incentivos hipotéticos para la evaluación de los niveles individuales de aversión al riesgo puede llevar a resultados engañosos. En el mismo sentido, Frey y Jegen (2001) argumentan que los incentivos monetarios son un fenómeno importante a tener en cuenta pues afecta los resultados.

Por último, vale la pena mencionar un trabajo realizado por Read (2005). Él argumenta que existen tres factores a través de los cuales el dinero tiene un efecto. La primera es el esfuerzo cognitivo, que implica que entre más dinero haya en juego más en serio se tomará la tarea. En segundo lugar el foco motivacional, que se centra en la idea que el dinero hace cambiar el objetivo del agente. Finalmente existe un efecto denominado disparadores emocionales, que es un reflejo o aspectos psicológicos intrínsecos al ser humano que se activan al existir dinero en juego.

No obstante, el mismo Read (2005) utiliza estos factores para argumentar que no es del todo necesario usar los incentivos monetarios. Él afirma que colectivamente las investigaciones no dan un apoyo abrumador a la afirmación de que los estudios no incentivados no son confiables, aunque sí sugieren que el uso de incentivos tiene un efecto. En todo caso, antes de decidir utilizar incentivos es necesario pensar acerca de por qué es probable que tenga un efecto particular, y cuáles son los métodos alternativos. Read (2005) concluye que el dinero no es ni suficiente ni necesario para lograr los objetivos de una investigación, antes bien es necesario tomarlo como otro factor más a tener en cuenta al planificar el estudio y sopesar sus costos con sus beneficios.

En suma, un experimento económico debe planearse muy cuidadosamente y entre los factores a planear está el hecho de pagar o no a los participantes según sus acciones. Si se tiene dinero y quiere ir más seguro sobre su aceptación en la comunidad académica lo mejor será pagar. Sin embargo esto no garantiza que su investigación sea la adecuada. Por otro lado, si no posee dinero o este es escaso piense bien en qué afectará el no pagar y si tiene razones para pensar que no afectará su estudio, realícelo muy profesionalmente, que lo más seguro es que llegue a las mismas conclusiones que alguien que sí pagó.

Bibliografía

Barreda-Tarrazona, I. (2011). Risk attitude elicitation using a multi-lottery choice task: Real vs. hypothetical incentives. Revista española de Financiación y Contabilidad, XI(152), 613 – 628.

Frey, B. S., & Jegen, R. (2001). Motivation Crowding Theory. Journal of Economic Surveys, 15(5), 589–611.

Jamal, K., & Sunder, S. (1991). Money vs gaming: Effects of salient monetary payments in double oral auctions. Organizational Behavior and Human Decision Processes, 49, 151 – 166.

Melo, L. (1993). Los incentivos monetarios en la economía experimental: Un estudio de caso. Desarrollo y Sociedad, 31, 91 – 120.

Read, D. (2005). Monetary incentives, what are they good for? Journal of Economic Methodology, 12(2), 265–276.

Smith, V., & Walker, J. (1990). Monetary rewards and decision cost in experimental economics. Economic Inquiry, 31(2), 245 –261.

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2 pensamientos en “Incentivos monetarios en experimentos económicos: ¿Son indispensables?

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