Una breve introducción histórica a la economía experimental

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La economía, tal y como es actualmente enseñada y aprendida en las escuelas de negocios y universidades, es más intensiva en teoría y menos intensiva en observaciones que quizás ninguna otra ciencia. Probablemente nuestro entrenamiento como economistas nos condiciona a pensar en la economía como una ciencia apriorística y no observacional en la que la interrelación entre teoría y observaciones es poco efectiva. La conclusión es que acabamos pensando que los problemas económicos pueden ser interpretados básicamente pensando en ellos. Con el suficiente rigor científico, la adecuada coherencia interna y el conveniente consenso académico, el pensamiento de los economistas parece ser una herramienta lo suficientemente potente como para enfrentarse al mundo real.

El uso del enfoque deductivo no es por supuesto un enfoque exclusivo de la economía. La teoría siempre organiza nuestro conocimiento y nos ayuda a predecir el comportamiento en situaciones nuevas. En particular, la teoría nos dice qué datos merece la pena recoger y nos sugiere cómo analizar las nuevas observaciones. A medida que la teoría progresa, nos guía en el proceso de refinar los datos obtenidos y en seleccionar las preguntas que deberíamos hacernos. Por su parte, la recolección de los datos y el análisis de los mismos a menudo descubren regularidades que no son explicadas por la teoría existente en esos momentos. Esta interacción entre teoría y el trabajo empírico, a menudo mediante ajustes menores y a veces por medio de revoluciones, es el verdadero motor de progreso científico en cualquier disciplina científica.

Sin embargo, en la aproximación tradicional a la investigación económica, la observación de fenómenos económicos que suceden de forma natural ha sido la única fuente de datos a la que se recurría para estimular la revisión de la teoría. Si los datos relevantes a una proposición económica no eran directamente observables en un ambiente económico natural, entonces la proposición simplemente se quedaba sin los beneficios del contraste empírico. En los años recientes, sin embargo, los métodos experimentales han dado a los economistas acceso a nuevas fuentes de datos y han ampliado el conjunto de proposiciones económicas en los que los datos pueden ser consultados.

Roth (1995) establece como antecedente más remoto de los experimentos en ciencias sociales el trabajo desarrollado por los hermanos Bernoulli sobre la llamada Paradoja de San Petersburgo, cuando recurrieron a encuestar a distinguidos colegas acerca de la resolución de ese problema. Probablemente la prehistoria de la economía experimental pueda situarse en los años 30 cuando Thurstone (1931) analizó experimentalmente el problema de determinar las curvas de indiferencia individuales haciendo elegir a sus sujetos experimentales entre cestas de bienes hipotéticas de manera sistemática. Pero dos acontecimientos en los años 40 fueron probablemente los que desencadenaron el verdadero pistoletazo de partida de la experimentación en economía. El primero, la publicación de la piedra angular de la teoría de juegos, la obra de von Neumann y Morgenstern (Teoría de juegos y comportamiento económico) en 1944 que dota al contexto estratégico, propio de todo experimento, de carta de plena naturaleza. El segundo, la realización de los primeros experimentos de mercado propiamente dichos en la Universidad de Harvard por Edward H. Chamberlin, aunque sus consecuencias tuvieran un efecto retardado.

La publicación de la obra de von Neumann y Morgenstern provoca el interés en la realización de experimentos individuales en una serie de académicos que desemboca en el trabajo de Allais (1953) sobre la violación de la teoría de la utilidad esperada en decisiones bajo riesgo que terminó conociéndose como la Paradoja de Allais. De manera independiente Dresher y Flood realizaron en 1950 una serie de experimentos en la Rand Corporation con la colaboración de John Nash que iban a tener una enorme influencia posterior, al realizar el primer test empírico de lo que más adelante se conocería como el dilema del prisionero. En 1952 tuvo lugar la primera conferencia académica sobre El diseño de Experimentos en procesos de decisión, financiada por la Fundación Ford y la Universidad de Michigan, que se celebró en Santa Mónica. Por primera vez se presentan resultados experimentales sobre juegos de negociación extraídos de entornos económicos donde los pagos de los sujetos eran determinados directamente por sus acciones y las acciones de los demás.

Los experimentos de Chamberlin (1948) tuvieron una doble virtud. En primer lugar, suponen el primer experimento de mercado registrado, tal y como el autor establece en su introducción al afirmar que el propósito de este artículo es el de (…) describir un experimento real con un mercado bajo condiciones de laboratorio y establecer algunas de las conclusiones en él obtenidas (página 95). Chamberlin creó un mercado experimental informando a cada comprador y vendedor de su precio de reserva de una mercancía (esto es, para cada comprador el precio por debajo del cual pueden comprar con beneficio y para cada vendedor el precio por encima del cual pueden vender con beneficio), en el que compradores y vendedores podían interactuar libremente para llevar a cabo transacciones de manera totalmente descentralizada. Dados los precios individuales de reserva de compradores y vendedores, se podían construir las curvas de demanda y oferta del mercado y, por lo tanto, elaborar de manera inequívoca una predicción sobre el equilibrio resultante.

La segunda virtud de los experimentos de Chamberlin tardó años en ponerse de manifiesto, y tiene que ver con el entusiasmo que despertó en los participantes, uno de los cuales habría de convertirse, primero en la Universidad de Purdue y luego en la de Arizona, en el padre de la economía experimental, y principal responsable de la siguiente generación de experimentalistas: Vernon Smith.

Si bien ya desde los primeros experimentos de Chamberlin y Allais, la economía experimental fue creciendo de manera exponencial, fue precisamente esa nueva generación de experimentalistas (en EEUU: Charles Poltt en Caltech, Charles Holt en Virginia, Alvin Roth en Pittsburgh; en Europa, los «discípulos» del más tarde Nóbel Selten: John Hey en York, Werner Guth en Berlin, por citar sólo algunos ejemplos) la que alumbró la siguiente fase de expansión. Esta expansión tiene que ver con la creación a mediados de los 80 de los primeros laboratorios experimentales plenamente informatizados, que permitieron a la investigación experimental resolver algunos de los problemas técnicos ligados a la validez interna de los experimentos por el nivel de sofisticación del diseño experimental. Esta sofisticación permitió emplear esta metodología en la práctica totalidad de los campos de investigación económica.

A pesar de esa expansión de la economía experimental por la mayoría de los centros de investigación en economía del mundo, y de la carta de plena naturaleza que supone la concesión en 2002 del premio Nobel de Economía a Vernon Smith (y al también experimentalista y psicólogo Danny Kahneman), esta metodología todavía resulta novedosa y lejana a buena parte de los economistas.

Este texto fue tomado de:

Fatas, E., & Roig, J. (2004). Una introducción a la metodología experimental en economía. Cuadernos de Economía, 27, 7–36.

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