¿Cómo se hace un experimento?

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Un experimento económico tiene como objetivo el análisis de un problema en condiciones de laboratorio. Es decir, se pretende generar, en un entorno controlado, la situación económica que se desea analizar para, posteriormente, poder realizar variantes de la misma y compararlas. Como aconseja Hey (1991), es fundamental tener en cuenta cuatro cuestiones básicas para realizar un experimento. La primera es que los participantes, en el laboratorio o en el campo, se enfrenten a un problema concreto; lo segundo es que el diseño sea tan limpio y claro como para que nos enseñe algo; tercero, evitar cualquier tipo de ruido o efecto no controlado. Finalmente, proporcionar los incentivos apropiados para que los participantes tomen la decisión que más les convenga y así poder aprender de sus decisiones.

Hay una serie de reglas metodológicas que todo experimento debe respetar. Estos “10 mandamientos” son esenciales a la hora de diseñar un experimento. Es muy importante tener en cuenta que hacer chequeos al final del experimento no tiene sentido, pues ya ningún error tiene remedio. También debemos mantener siempre en mente el tipo de análisis de datos que vamos a realizar después, para así recoger no sólo los datos en el formato adecuado, sino en la cantidad deseable: datos de todos los tipos en número suficiente. Recordemos de nuevo que, si se nos olvidó controlar algo importante, sería muy costoso volver a traer a los participantes al laboratorio para conseguir los datos que faltan. Los 10 puntos críticos que debemos tener bien diseñados desde el principio son los siguientes:

1. Los tratamientos. Un experimento se compone de distintos tratamientos. Estableceremos una serie de instrucciones, incentivos, reglas, etc., comunes a todos ellos y tan sólo realizaremos una única variación entre cada par de tratamientos. Por regla general, al tratamiento básico se le llama “control” y se usa como referencia. Nunca se deben cambiar dos cosas a la vez entre tratamientos. Eso sería un error fatal. No sabríamos a cuál de los cambios se debe el efecto observado. Antes de hacer un experimento es conveniente hacer pilotos, es decir, pruebas del experimento con distintos valores (parametrizaciones) para ver cómo se comportan los sujetos, si comprenden el diseño y qué tipo de resultados obtenemos. Pero, ojo, no vale manipular los parámetros para conseguir los resultados deseados, a menos que la manipulación se advierta de forma explícita.

2. Entre e intra. Un diseño entre sujetos significa que distintos sujetos participan en distintos tratamientos: por ejemplo, para un total de tres tratamientos, un tercio de los sujetos participa en el tratamiento I, un tercio en el tratamiento II y otro tercio en el tratamiento III. Un diseño intrasujetos significa, por el contrario, que son los mismos sujetos los que participan en los distintos tratamientos. Por ejemplo, un mismo sujeto participa en el tratamiento I y luego en el tratamiento II. Por lo general, es más limpio utilizar diseños con distintos sujetos para contrastar efectos, es decir, para estudiar cómo pequeños cambios afectan al comportamiento humano. Sin embargo, no podemos por eso despreciar el uso de diseños con los mismos sujetos que, en muchos casos, son de gran interés, por ejemplo, para estudiar el aprendizaje o la transferencia de una situación a otra, o para mantener fijas las características personales.

3. Efectos de orden. A la hora de hacer experimentos en los que los sujetos irán tomando decisiones distintas, es importante controlar el orden de las mismas. Es necesario que los sujetos no tomen las decisiones en un mismo orden, sino que haya cierta aleatoriedad o al menos variabilidad. En cualquier caso, es extremadamente recomendable mantener un registro del orden de las decisiones. De este modo podremos ver, con posterioridad, si la propia secuencia puede haber producido algún efecto.

4. Los incentivos. Los experimentos económicos no son (o al menos en general no deberían ser) hipotéticos, sino que conllevan unas ganancias reales, que dependen de las decisiones de cada sujeto experimental (y de los otros sujetos).  A diferencia de las preguntas hipotéticas (en las cuales cada uno puede responder cualquier cosa sin perder ni ganar nada), con ganancias dependientes de las decisiones adoptadas por los sujetos experimentales, se pretende incentivarles para que tomen sus decisiones de forma deliberada. A través de sus acciones nos revelan la información que nosotros buscamos y, en alguna medida, se evita que nos den la información “que ellos creen que nosotros queremos”. Pagando en función de las decisiones se suelen generar unos resultados más fiables que con preguntas sobre situaciones hipotéticas: muchos sujetos no son tan cooperativos ni tan ecológicos como dicen ser en las encuestas, cuando tienen que pagar por ello; tampoco son tan conservadores jugando en loterías, sino que suelen tener un comportamiento más arriesgado cuando juegan por dinero real. Para minimizar el coste del experimento, en ocasiones no se pagan todas las decisiones, sino una al azar. El sujeto no sabe cuál se pagará y, de este modo, se mantienen intactos los incentivos. De manera parecida, a veces se le presentan al sujeto distintos escenarios en los que tiene que tomar decisiones y se le informa de que sólo uno se llevará a la práctica, sin decirle cuál. Esto permite obtener más información sobre el sujeto. No sólo sabremos si prefiere A o B, sino que además sabremos si prefiere A1 o B1, A2 o B2, A3 o B3, etc., ¡y sólo le habremos pagado por una de sus decisiones! Este método se conoce como Strategy Method y en Brandts y Charness (2000) se puede ver una buena comparación.

5. La replicabilidad. Los experimentalistas deberíamos ser capaces de replicar un mismo experimento en distintos contextos, lugares, etc. Ello nos permitiría explorar diferencias intrínsecas a la población o al procedimiento. Para facilitar la réplica, conviene que todo experimento venga acompañado del máximo de información relevante (forma de reclutar a los sujetos, instrucciones, sesgos, etc.). Este material adicional debería permitir a un tercero repetir el experimento en idénticas condiciones o con las variantes pertinentes. No hay una política científica definitiva sobre este tema, pero muchas revistas, como el Journal of Economic Behavior & Organization, tienen un depositario de instrucciones experimentales. Los datos por el momento no suelen publicarse, pero no sería descabellado que una vez se hubiera publicado un artículo, se pusiesen a disposición de la comunidad científica los datos con los que se ha elaborado.

6. Control del experimento. Relacionado con lo anterior es muy importante que controlemos (tengamos constancia de qué ocurre) durante el experimento, ya que potencialmente todo puede afectar al comportamiento de los participantes y, por ende, a los resultados: desde la luz, la acústica de la sala, quién sea el experimentalista, el color de la pantalla del ordenador, todo puede tener un efecto. Como regla general no debemos cambiar nada a lo largo de todas las sesiones de un experimento (mantener la luz constante, no emitir sonidos, ni cambiar colores del fondo de la pantalla). Para ello resulta muy conveniente disponer de un laboratorio de economía experimental donde todos los experimentos se puedan realizar en idénticas condiciones y siguiendo un mismo procedimiento con sujetos similares.

7. Framing. El efecto “marco” se refiere fundamentalmente a que hemos de ser conscientes del vocabulario que usamos y en qué contexto pedimos que los sujetos tomen decisiones. Si estamos realizando un experimento sobre bienes públicos no tiene mucho sentido (salvo que queramos indagar precisamente ese efecto) que usemos la palabra “egoísta” o “cooperativo”, ya que puede influir en el comportamiento. Sabemos que el lenguaje, los formatos, los procedimientos, etc., afectan a las decisiones de los sujetos. Brañas Garza (2007) muestra que una simple frase colocada en la parte baja de la hoja de instrucciones produce un efecto dramático en las donaciones en un experimento. Hoffman et ál. (1996) observan cómo va cambiando el comportamiento al variar el vocabulario.

8. Los experimentalistas no mentimos. Con la idea de proteger la credibilidad de los experimentos y de los experimentalistas (que, a fin de cuentas, es un bien público) y que los sujetos confíen en que lo que dicen las instrucciones se va a cumplir, los economistas experimentales tenemos como norma inviolable no mentir a los sujetos experimentales. Otras disciplinas afines, como la psicología experimental, no tienen reparos en hacerlo, si el diseño lo requiere. Es cierto que, en muchas ocasiones, nos vendría bien poder engañar a los participantes. Decir a los jugadores tipo 2 que hubo un jugador tipo 1 (que no existió en realidad) que eligió B y que, gracias a él, ellos tienen que elegir entre B1 y B2, es mucho más barato que: llamar a jugadores tipo 1; dejarles que elijan entre A y B; y finalmente, llamar a los jugadores tipo 2 para que elijan entre B1 y B2. Esto hace que el experimento cueste al menos un 50% más en dinero y en tiempo, pero lo hace creíble. Los economistas experimentales hemos elegido apostar por mantener una buena reputación aunque esto resulte caro, tanto en términos de dinero como de cuestiones que no podemos investigar. En definitiva, el uso del engaño está estrictamente prohibido en la economía experimental ortodoxa.

9. Existencia de sesgos psicológicos conocidos. Hay una serie de sesgos muy estudiados que hemos de tener en cuenta a la hora de hacer un experimento: Los sujetos suelen ser aversos a las pérdidas, esto es, huyen de acciones que impliquen (o puedan implicar) pérdidas. Tampoco les gustan mucho los cambios y suelen preferir el statu quo. Por tanto, no es nada anormal que mantengan una decisión, es decir, que no la varíen. Igualmente, es muy común que los sujetos asuman de manera inmediata una ganancia (efecto renta) o que con rapidez consideren que algo que obtienen es suyo y estén poco dispuestos a perderlo. A este último se le se conoce como efecto “dotación”.

10. Observaciones independientes. A la hora de analizar los datos experimentales es importante que las observaciones sean independientes y comparables. Si, por ejemplo, tenemos a la población organizada en grupos en los que los sujetos interaccionan, es difícil que tengamos independencia respecto al sujeto, ya que lo que cada uno hace está condicionado a lo que pasa en su grupo. Por tanto, sólo tendremos independencia a nivel de grupo y necesitaremos más observaciones ya que el sujeto per se no será la variable de medida. Este problema se agrava cuándo hay decisiones repetidas. Las decisiones de los sujetos en t no pueden ser consideradas independientes de aquellas en t-1, si realmente no lo son. Normalmente hay una solución sencilla si queremos independencia: no informamos al sujeto de lo que ocurre hasta el final del experimento (no hay feedback). De este modo es “como si” cada vez que juegue lo haga de nuevo. Una alternativa a las observaciones independientes y al análisis mediante tests estadísticos que requieren independencia es el uso de la metodología de datos de panel que puede controlar por las interacciones tanto individuales como temporales.

Nota: Este texto fue tomado de: Brañas-Garza, P., & Barreda, I. (2011). Experimentos en economía. In Economía experimental y del comportamiento (pp. 23–38).

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