Enfrentar al mundo real

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Silvia Juliana Rico Rincón

En el mundo de la verdad –en el mundo de los mercados perfectos– todo es completamente eficiente, ya que cada uno de los problemas que aparecen se soluciona de forma rápida y así se producen resultados impecables en todos los aspectos. Las economías que funcionan sin contratiempos, porque se encuentran repletas de mercados perfectamente competitivos, no son interesantes ni realistas. La eficiencia no basta, se requiere encontrar una forma de hacer que las economías sean tanto eficientes como equitativas. Los fallos del mercado dejan atrás el curioso mundo de la verdad para enfrentar al mundo real.

Un monopolista no puede forzar a pagar un precio ilimitado por el producto que ofrece, pero puede elegir una de las tantas estrategias existentes para hacer pagar una suma de dinero superior, ya que cuenta con el poder de escasez que consiste en la capacidad de menguar la libertad de los consumidores para negociar, de modo que tengan que hacer lo que él ordene y mande. En el libro “El economista camuflado” de Tim Harford se encuentra el ejemplo de la ubicación estratégica de la famosa cafetería Starbucks en la salida del metro. De esta forma, los clientes de la “hora pico” están tan desesperados por ingerir cafeína y están tan apurados que no tienen tiempo de ir a buscar otro local donde comprar un café y, por tanto, al cruzarse en su camino lo consumirán allí. Esto mismo sucede en Colombia con la compañía Juan Valdez, sus puntos estratégicos se encuentran en la mayoría de centros comerciales, aeropuertos y terminales de buses más grandes del país.

Las externalidades son consecuencias derivadas de la actividad económica que afectan a personas distintas de las que realizan la actividad en cuestión, y no tienen reflejo en los precios de los bienes y servicios producidos. Existen externalidades negativas y externalidades positivas. Lo que el autor explica es que existen dos soluciones: un impuesto o subvención y un proceso de negociación, para una externalidad ya sea negativa o positiva, entonces dicha externalidad, o se tributa o se subsidia en exceso. Si las dos soluciones se llevaran a cabo por separado cualquiera de las dos representa un modo eficiente en que la sociedad puede ocuparse de una externalidad y llegar a la conclusión correcta, mientras que si se dan las dos conjuntamente se daría lo ya mencionado, un exceso. Una imposición sobre la externalidad exigida por el Estado tiene muchas más probabilidades de ser adecuada para casos en que no son prácticas las negociaciones sobre la externalidad, éstos son por ejemplo la congestión del tráfico o del cambio climático, sin embargo, para los casos que se pueden solucionar por medio de la negociación es mejor que el Gobierno no intervenga.

En la economía real, la selección adversa y el riesgo moral son problemas inevitables producidos por la información incompleta, ya que ésta se origina por el conocimiento desigual de la realidad. Lo cierto es que estamos ante situaciones que se compensan: es malo fomentar el desempleo pero es bueno ayudar a quienes no tienen ingresos. Es importante realizar la siguiente pregunta: ¿Los problemas de información destruyen totalmente el mercado? Ciertamente no ayudan, pero sería un error exagerar los problemas que causan. A pesar de la información asimétrica, por lo general, los mercados funcionan correctamente porque las personas elaboran buenas soluciones para mejorar la calidad de la información. Cuando la información privilegiada destruye los elementos esenciales de un mercado porque los compradores que la desconocen no están dispuestos a pagar por una calidad que no pueden observar, estamos ante un ejemplo de problema que plantea la información privilegiada.

En conclusión, las condiciones para que el mercado alcance la eficiencia son muy estrictas, y en el mundo real difícilmente se cumplen, por eso se producen los principales tipos o causas de fallos del mercado que son situaciones en las que un determinado mercado no organiza eficientemente la producción o la asignación de los bienes y servicios a los consumidores. El Estado puede intervenir para tratar de corregir los fallos (el poder de la escasez, las externalidades y la información incompleta), pero no los puede hacer desaparecer.

Referencias

Harford, Tim. (2001). El economista camuflado. (pp. 59-221). Grupo Planeta.

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2 pensamientos en “Enfrentar al mundo real

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