La pasión relevante del hombre

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Daniela Michelle Gualdron Reyes

Todos los seres humanos poseen sentimientos tantos buenos y malos, pero hay uno en especial que nos hace sentir la felicidad o desdicha del otro; la simpatía, nos coloca en el lugar de la persona haciéndonos sentir lo que este siente. Su rostro nos demuestra lo que puede estar sintiendo, tan grande es nuestra imaginación que empezamos hacer suposiciones de lo que le puede estar pasando, imaginamos que podríamos sentir nosotros si estuviéramos en esa posición, cual sería nuestro dolor, desdicha, sufrimiento o todo lo contrario. Cuando somos simpáticos con estas personas podemos aliviar su dolor o celebrar su alegría, en algunos casos estas personas se llegan a desahogar con nosotros y obviamente esto remueve su dolor pero a su vez sienten un alivio del cual están descansando y nosotros lo compartimos.

La simpatía va de la mano con la aprobación, la experiencia que poseemos nos demuestra lo que es de aprobar y lo que no, un ejemplo que nos propone la teoría de los sentimientos morales; es que podemos estar en una reunión y una persona hace un chiste u por alguna razón no nos reímos puede ser que estamos de mal humor, pero claramente sabemos que es chistoso y aprobamos dicho chiste, pero solo en eso momento no interactuamos con las demás personas, cuando a una persona que no conocemos muere, aprobamos la pena de sus familiares, aunque para nosotros sea un total desconocido.

Es algo inapropiado juzgar los sentimientos de las otras personas pero aun así lo hacemos, cuando un amigo coincide con nuestro sentimientos lo aprobamos, nos orientan y pueden llegar a aliviarnos, no solo los aprobamos sino que también es digno de nuestra admiración y decoro, pero si es todo lo contrario, si esa persona no siente mi pena o mi felicidad, si pasa por alto mis sentimientos, si le es indiferente lo que yo siento; lo juzgare por ellos y no podremos hablar de ese asunto y claramente tendrá mi desaprobación, y sobre todo, aunque  simpaticemos con otra persona y llegamos a sentir su dolor o alegría, nunca se podrá igualar a lo que en el padece, pero esta persona sentirá en su pecho un alivio y una serenidad al estar en compañía de un amigo en tan difíciles momentos. Algunas personas son tan virtuosas que poseen un gran grado de sensibilidad, delicadeza y un perfecto decoro; es por ello que siempre juzgamos con algo perfecto lo que el ser humano es o hace.

Nuestra mente crea la perfección de ese objeto o persona y de ahí empezamos a ver sus desperfectos y por ello nunca nada llegara a ser perfecto, la mayoría de las veces nuestra gran simpatía es por los actos benévolos, nos es de agrado sentir la alegría y satisfacción de la otra persona y así mismo de quien es objeto de ello pero si llega hacer todo lo contrario y ese agente siente dolor y sufrimientos tanto él como el espectador sentirá resentimientos del que fue objeto de ello.

Ahora bien, el hombre busca recompensa cuando hace un acto bueno, pero el sentimiento al que conlleva esta recompensa es la gratitud y el que por el contrario hace actos malos será merecedor del resentimiento, recompensar es devolver un bien que se nos ha hecho, un ejemplo: un hijo se enfermó y el medico lo ha de curar, nosotros nos sentiremos bien al verlo a el niño ya de mejor estado y sentiremos satisfecha nuestra gratitud cuando a este lo hayamos recompensando, pero si por el contrario en otro caso un asesino mata a un familiar, aunque esta persona al poco tiempo muera por alguna razón nuestro resentimientos no tendrá dicha satisfacción, nunca el resentimiento se satisface planamente, cuando vemos que un hombre es ayudado y protegido, nuestra felicidad y ánimos, animan a esta persona beneficiada y con ello participamos en la gratitud que se experimenta hacia el benefactor y es por ello que simpatizamos con ese afecto que el beneficiado siente por su benefactor. Por el contrario, cuando esta persona es víctima de abusos y humillaciones nuestra rabia e indignación, complementan su afecto de resentimiento hacia aquel que le ha causado tal daño, por ello si no aprobamos el dolor o felicidad que está sintiendo el agente, no será de toda nuestra simpatía y no incitará a nuestra gratitud o si es todo lo contrario a el resentimiento, por ente siempre estaremos juzgando su comportamiento, de igual modo si el comportamiento del benefactor no es de agrado, no será merecedor de recompensa.

Simpatizar completamente con la persona afectada es imposible por eso sentimos una simpatía directa con lo que siente el agente e indirecta con su gratitud, no siempre sentiremos su agradecimiento de lo que a él benéfica, si no somos espectador de ello, solo así no basta simpatizar, también nuestros sentimientos tienen que concordar con los del agente para poder sentir la gratitud y mérito, por esto el ser humano ve la necesidad de que los actos malos y que no merezcan recompensan sean castigados y si son actos buenos sean recompensados, la naturaleza dota al ser humano para alcanzar sus fines pero nunca le dará la respuesta a sus problemas.

Bibliografía

Adam Smith. Teoría de los sentimientos morales (1759)

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