¿Qué tan racionales somos?

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Wendy Carolina Vásquez López

Según la ciencia somos un millón de cosas que en realidad ni nosotros mismos entendemos, somos sociales por naturaleza y racionales por intuición, entonces si se tienen claros estos aspectos: ¿Por qué constantemente se critica la toma de decisiones de adolescentes, prostitutas, jugadores adictivos, drogadictos o delincuentes? Simplemente porque no hemos pensado racionalmente al criticar sus decisiones. Cada persona que pertenezca a un grupo de los anteriormente nombrados es consciente de cada acto que realizara, conoce los costos y los beneficios y sabe realizar de manera excelente ecuaciones que lo llevan al resultado de que el coste siempre es inferior al beneficio por lo tanto cada acción es racional y consiente.

Una prostituta común suele cobrar según su trabajo y especialización, cada esfuerzo extra se recompensa con un aumento en su salario, por esta razón al evaluar las cifras y estadísticas se evidencia que la mayoría de estas mujeres optan por el sexo sin condón, ellas conocen las enfermedades de transmisión sexual y comprenden que en su trabajo están expuestas constantemente, pero si las probabilidades de contagio son inferiores al 2% y si se conoce que se contagian 300 mujeres de cada 10.000 ya se empieza a tomar como racional la idea de sexo sin preservativos. Un cliente puede hasta cuadriplicar la paga solo por hacer caso omiso a este artefacto y una prostituta puede arriesgarse cómodamente por unos billetes más. Lo mismo sucede con las drogas o las apuestas, el joven sabe lo que le puede suceder si las ingiere como pionero, el entiende que el coste es adquirir un vicio y tenerlas presentes en su vida por muchos años o incluso por siempre, pero por otra parte necesita placer, sentirse en éxtasis, liberarse y para él, es mayor el beneficio que obtiene que lo que pagara por él. Somos seres racionales y lo evidenciamos en cada acto que realizamos, desde el momento en que nacemos, cuando caminamos o con la primera palabra que pronunciamos.

Si entendemos que somos racionales, asumimos que somos seres apasionados dispuestos a despertar un millón de sensaciones y sentimientos, sin duda alguna nos enamoramos y probamos el maravilloso mundo del sexo. Un adolescente común va conociendo este mundo a mediados de los 17 años, después de su primer acto sexual, contempla otro universo y se vuelve curioso en explorar, pero a su vez esta curiosidad no es solo por probar nuevas sensaciones, es una forma de complacerse de manera racional, el sexo puede ocasionar un embarazo no deseado o incluso una enfermedad como el sida, entonces, una adolescente particular debe pensar en ella y afrontar el mundo como un mundo racional y no el maravilloso mundo ideal, al hacer prácticas como sexo oral, o sexo anal, tan solo está cuidando su cuerpo y previniendo problemas futuros, es hora de pensar como ciudadanos del siglo XXI y ver la otra cara de la moneda.

Si hablamos de sexo, debemos hablar de amor, este es básicamente un juego, es tan predecible que si se tiene claro el campo de batalla fácilmente se puede salir ganador. ¿Las personas gastan su vida en busca de una pareja ideal o simplemente ajustan sus estándares al mejor postor? El amor es ciego pero los amantes no lo son, somos más exigentes cuando podemos permitirnos serlos y menos cuando debemos adecuarnos al entorno y a lo que nos ofrece el mercado es un tipo dado de oferta y demanda. La economía no son solo cálculos, encuestas o críticas, la economía es cada acto que se realice desde cómo se ordena la basura hasta que profesión elegir, remontándonos en hechos tan comunes y específicos se contempla esta ciencia de una manera más práctica y pasa de ser la típica clase de pizarrón y tiza a un maravilloso campo de laboratorio llamado humanidad.

Bibliografía

Harford, T. (2009). La lógica oculta de la vida: como la economía explica todas nuestras decisiones. Madrid: Ediciones Temas de Hoy.

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