Incentivos selectivos

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Resumen elaborado por: Bryan Snehider Díaz

¿Cómo se coordinan los grupos y que elementos permiten su organización a la hora de perseguir un objetivo claro? Al responder esta pregunta, se nos hace fácil pensar que simplemente basta con que exista un interés mutuo en algo y los individuos se organizarán de tal modo que facilitarán la consecución de ese bien, pero igual que con el Teorema de Coase en relación al intercambio de mercancías, no es tan simple.

La tesis central de Olson es que si no existen circunstancias específicas, en grupos que estén compuestos por sujetos racionales estos no actuarán en favor de los intereses del grupo, se necesitan “otras circunstancias”. La primera analogía, que aunque no es tocada por Olson pero que tiene una profunda relación, es la del dilema del voluntario. Básicamente en un contexto de N individuos adonde todos se benefician de una acción en particular. La pregunta es: ¿Quién será aquel que se sacrificará? En una gama de sacrificio que va desde “todos obtienen ganancias incluso aquel que se sacrifica” hasta “el que se sacrifica lo pierde todo para que los demás lo obtengan todo”.

¿Pero por qué podemos estar seguros de que los individuos no actuarán conforme los intereses del grupo? La razón principal es que en grupos de n tamaño, el individuo solo obtendrá 1/n de la ganancia y cuando n tienda a infinito la ganancia del individuo tenderá a 0. ¿Y dónde queda entonces el altruismo? Hay que recordar que cuando hablamos de racionalidad hablamos de lo que un individuo tenderá a hacer en una situación determinada y cuando hablamos de incentivos hablamos de un mecanismo para forzar un poco la tendencia de dicha conducta. No tenemos que hacer largos estudios para saber que en un contexto donde hay mil desconocidos y el bien de todos representa para nosotros ser torturados hasta morir. Habrá muy pocos individuos que tenderán hacía la conducta altruista, además de la conducta esperable en la producción de un bien público hay un costo, y el costo es un perfecto incentivo para compeler la conducta.

Los grupos de presión como los sindicatos funcionan de este modo, la situación misma crea pocos incentivos a la mayoría de ellos a costear la participación que tiene el sindicato mismo, de uno u otro modo habrá individuos que aun así (como en el caso de los impuestos) aportarán conscientemente. ¿Pero lo harán todos? De ser así no habría necesidad de que existiera una maquinaria estatal de coerción. De manera que la razón principal por la que se cohesionan los grupos son los incentivos selectivos.

Podemos definir como incentivos selectivos aquellos que seleccionan a un determinado sujeto y luego son aplicados a él. Acabamos de dar un ejemplo de incentivo selectivo negativo, la coerción que hace uso de la fuerza. Existe uno o miles de bienes públicos producto de la tributación, no obstante el estado la respalda en el uso de la fuerza, no la convierte en una aportación voluntaria. En el caso de los sindicatos, Olson nos hablaba de que los sindicatos tenían la política de usar a los hombres más corpulentos para infundir miedo en los otros y compelerlos hacía una conducta.

No obstante, todas las formas de incentivos selectivos no tienen por qué ser negativos. Muchas veces los pagos o cuotas a un seguro o a un sindicato son descontadas automáticamente. Otro ejemplo sobreviene de la participación en un panorama donde hay pocos sujetos (y según Olson, el tamaño es fundamental para comprender el funcionamiento de los grandes grupos) es más probable que las propuestas llevadas a cabo por los presentes se tomen más enserio y esto crea un incentivo a participar.

Mientras leía esto no podía evitar pensar en que la moral y la coerción social, la censura a x comportamientos debía ser una de las clases de incentivos selectivos más importantes, y justo aquí Olson entra en la temática, los incentivos sociales como el ostracismo también hacen parte de la presión de los incentivos positivos.

Estos incentivos son muy, muy efectivos, y para nada costosos, pero no están a la mano en todas las situaciones. En grupo demasiado numeroso, por ejemplo, es terriblemente complejo mantenerlo funcionando. Si uno observa, existe un sindicato para la empresa n parte de x, pero las enormes masas de consumidores no están formadas detrás de un grupo bien delimitado y específico. Para Olson el único modo es que en los grandes grupos se formen pequeñas federaciones que mantengan la interacción social, la homogeneidad facilitará muchísimo la organización.

La homogeneidad es dentro de la racionalidad humana un aspecto relevante y bastante fácil de comprender, existe una dificultad agregada en cohesionar individuos que piensan diferente, naturalmente mientras mayor es el grupo crece esta dificultad puesto será más probable que hayan sujetos diversos (por ello la idea de dividirlos en federaciones manteniendo un eje común). La organización política en el seriado juego de tronos, representativa de la política medieval, es un buen ejemplo. Cuando una dinastía se levantaba sobre las demás, pasaban siglos antes de que lograra consolidar su poder en un territorio determinado. En épocas de guerra o crisis era imposible para un solo individuo acaparar grandes cantidades de poder y territorio en poco tiempo y mantenerlo, asesinando o asaltando otras dinastías dado que estos equilibrios políticos eran creados por siglos, y los sujetos estaban muy poco dispuestos a seguir a un individuo que no era de los suyos. Aquellos que se levantaban con gran poder a cohesionar enormes grupos aceleradamente a menudo se enfrentaba a la muerte. Los grandes imperios como el sacro imperio romano germánico o la Grecia helénica se enfrentaron a esta problemática.

Otro excelente ejemplo en la aplicación de los bienes colectivos son los mercados políticos. Ya hemos oído infinidad de veces que las personas no votan a conciencia, la cuestión es que informarse sobre la política (que es un bien público también tiene un costo) a menudo sucede nuevo especialmente en un mercado tan grande que el costo de estar informado, seguir a un grupo político N y entenderlo será más costoso que el beneficio potencial. Acá el  número vuelve a ser importantísimo, dado que al igual que en los sindicatos, si su voto puede ser relevante el individuo se ve incentivado a participar. No obstante los pequeños grupos pueden influir poderosamente en el sentido organizacional, además de que un individuo que se especialice solamente en el conocimiento del tema puede recibir enormes cantidades de dinero por ello.

Condensando entonces la teoría de Olson tenemos que existen varios casos donde se puede producir un bien colectivo sin necesidad de incentivos selectivos. Primero que los costes de participación sean relativamente bajos; un ejemplo de esto es un oligopolio que se beneficia de mantener el precio controlado. Supongamos que existe un coste por coordinarse con el otro vendedor de la mercancía (en el caso de un duopolio) siempre que el coste sea menor que lo que puede recibir, tendrá incentivos para participar como es lógico y esto hará más renuente y más probable la organización entre ambos sujetos aparte de que cuentan con el número (si acá ser pocos es lo ventajoso).

Parafraseando, si los costes de negociación son escasos, siempre habrá un incentivo a negociar hasta que las ganancias se maximicen, hasta un óptimo de Pareto. Según el coste sea más alto o más bajo se facilita la negociación a tal punto que si no tiene un costo se convierte en una transacción mutuamente beneficiosa y ¿por qué no hacerla? La situación es cuando el número es reducido al punto que la acción de uno de ellos tendrá potencial efecto sobre las acciones de los otros.

Como lo explicaba atrás el tamaño también es determinante, no solo por la dificultad de organizar sino porque la ganancia es porcentualmente más pequeña en la medida que el grupo es más grande y no es que el individuo reciba lo mismo pero será un porcentaje más pequeño. Es decir, no es que en un inicio el reciba mil dólares y si otra persona se une, reciba otros mil dólares (teniendo el 50% pero la misma cantidad de dinero) sino que entre más sujetos se unan, entre más individuos habrá que dividir estos mil dólares.

Esta lógica puede aplicarse a las empresas, a los estados, a los grupos de presión política, la tesis básica del trabajo nos dice que es probable que los grupos con incentivos colectivos actuarán de tal modo que obtendrán el bien público.

Conclusiones personales

Los bienes públicos no vienen sin un costo, si no es su coste de producción, existirán costes de participación o de negociación, sea en tiempo, en energía o de cualquier otro medio de manera que para lograr su producción se necesita de incentivos selectivos. Los incentivos selectivos se aplican para compeler a los individuos a buscar el bien público determinado, estos pueden ser positivos o negativos. No obstante el funcionamiento del bien público, y de los incentivos dependen de 2 tipos determinantes, primero, el tamaño del grupo y su homogeneidad (que están relacionados), segundo los costes de participación y de negociación (que también están relacionados) y que tan grandes estos puedan ser.

Estos dos determinantes pueden hacer viable o imposible la aplicación de un incentivo selectivo y pueden afectar mucho su funcionamiento, en el mismo sentido que las externalidades, por si mismos los grupos no pueden producir a veces lo socialmente deseable y por ello son necesarios los incentivos selectivos negativos. No obstante si observo la realidad me doy cuenta de que grupos enormes y muy diversos tienen incentivos selectivos, como lo son sus propias normas de conducta, la censura a determinados hechos, etc.

Lo que yo comprendo de ello no es que Olson se equivoque al afirmar que el tamaño incide, sino que por el contrario, los incentivos selectivos a grandes grupos surgen de lo que Schelling llamaría un proceso de negociación tácita, y esto no necesariamente debe ser racional. ¿Cuántas veces las normas de conducta son explicables por aquellos que nos compelen a ellas? Esto mismo hace frágiles a los grandes grupos de ser explotados por grupos más pequeños puesto que la organización a la que lleguen puede ser plenamente lógica y racional como en el caso de los carteles.

Referencias

Olson, M. (1998). La Lógica de la Acción Colectiva. In S. Saiegh & M. Tommasi (Eds.), La nueva economía política. Racionalidad e instituciones. Editorial Universitaria de Buenos Aires.

Poundstone, W. (2005). El dilema del prisionero: John von Neumann, la teoría de juegos y la bomba. Alianza Editorial.

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