Crítica humanista a la sociedad industrial

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Jairo Manuel Lamadrid Ruiz

La sociedad moderna actual ha caído en una especie de “rutinización”, en una fase de “normalidad social”,  la cual permite pacíficamente la producción de medios de destrucción (armas nucleares), su perfeccionamiento y el despilfarro (gasto público) que produce. Esta pasividad se debe en parte a la macartización de pacifistas por parte de la misma sociedad a través de los medios de comunicación que venden intereses particulares como si fueran nacionales, de este modo la sociedad termina defendiendo los intereses de una clase.

La sociedad moderna está organizada de un modo que permite altos incrementos anuales de la productividad, lo que lleva a destruir el libre desarrollo de las necesidades y facultades humanas. Su crecimiento se basa en la competencia, que es la represión de las posibilidades de pacificar la lucha de la existencia en cuanto a lo individual, nacional e internacional. Si bien esta represión es una tendencia histórica, actualmente está en su cenit.

Existen fuerzas sociales centrifugas (dispersar el poder) que lo sustentan (la élite) y mantienen por medio de la tecnología (mayor productividad) más que el terror (represión) sobre la base de una abrumadora eficacia y un nivel de vida cada vez más alto.

En este sentido, toda teoría crítica de la sociedad implica juicios de valor, y enfrenta el problema de la objetividad histórica. Por una parte hay un presupuesto: la vida humana merece vivirse, o hecha digna de ser vivida, lo que a su vez sustenta todo esfuerzo intelectual a priori. Segundo, toda teoría social es teoría histórica, y la historia es el reino de las posibilidades, en el reino de la necesidad. Por tanto, entre las distintas formas posibles y actuales de organizar y utilizar los recursos disponibles, de cuáles ofrecen la mayor probabilidad de un desarrollo óptimo. Es así como la teoría social está relacionada con las alternativas históricas que amenazan a la sociedad establecida como fuerzas y tendencias subversivas.

El mayor logro de la sociedad industrial es la contención de cambio social. En ella, el aparato productivo tiende a ser totalitario en la medida que determina las aspiraciones sociales, personales y necesidades (creadas). Unifica las necesidades del individuo y las de la sociedad y por tanto la contradicción de clase, toda vez que se entienda que las aspiraciones sociales son producto de la construcción ideológica de la élite.

Mi crítica y llamado a la acción va a que se supere el estado de dominación mental, así será posible la lucha por el cambio social hacia el humanismo, porque sucede en la actualidad que la creciente satisfacción de necesidades priva la capacidad de críticas con apoyo popular. Por tanto se da una aceptación implícita de los principios e instituciones establecidas, y la oposición queda como promotor y debatiente de políticas alternativas dentro del status quo.

Referencias

Herbert Marcuse. (1968). El hombre unidimensional. Mexico: Planeta.

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2 pensamientos en “Crítica humanista a la sociedad industrial

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