El narcotráfico después de la muerte de Pablito

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Martin Leonardo Parra Galvis

Mucho tiempo ha pasado ya desde el año 1993, año en el cual el país iba a presenciar la caída de uno de los hombres más representativos del país y de américa en esa época. En Antioquia y más exactamente en todo el país se recuerda con temor quizás a el capo más grande que nuestra patria haya visto nunca, pero también a uno de los hombres más adinerados del mundo entero. La revista estadounidense Forbes lo mantuvo por 7 años consecutivos en la lista de los 100 más millonarios de todo el mundo, esto dejando de lado la oscura parte de la historia que tuvo este personaje y su cartel, de toda su violencia y terrorismo, de su lucha declarada contra el país entero, encontramos nada más y nada menos que a un gran empresario, economista, visionario etc.

Pablo Emilio Escobar Gaviria creó y amasó un imperio en la industria de la cocaína como cualquier empresario con ideas que resultaron en grandes éxitos, ejemplos como los socios y dueños de Coca Cola, Carlos Slim etc. Se tomó un negocio que nunca antes había cogido fuerza en Colombia pero que con el esfuerzo y las personas adecuadas dio como resultado a un punto en la historia de nuestra patria que quizás jamás pueda ser borrado u olvidado. Pablo Escobar en los años que tuvo de vida, vivió una vida de lujos y desordenes que solo un puñado de personas se pueden dar, y no era para menos, o si no qué sentido tendría obtener tan inmensas ganancias si su objetivo principal no es el goce meramente personal y de las personas cercanas a nosotros como amigos y familia. Pues las personas dedicadas a este negocio tenían muy claro ese aspecto, no obstante desde que el país dio fin a esta era de barones de la droga y el dinero, se podría decir que el negocio de la cocaína o el narcotráfico no ha vuelto a destacar en nuestro país.

La Policía habla de una atomización y dispersión de organizaciones emergentes, que tienen características y formas de operar muy diferentes. Hoy no hay grandes carteles. Lo que sí existe, de acuerdo con las autoridades, son 126 organizaciones con menores capacidades que las que alguna vez mostraron las de Medellín y Cali, que se enfrentaron a muerte por el control de todos los eslabones del negocio y cuyos capos ejercían el poder mediante la intimidación y la ostentación.

Ahora, por el contrario, los jefes de las nuevas bandas muestran un perfil bajo, sin lujos, para evitar ser catalogados de capos y así evadir procesos judiciales. Con excepciones, llevan una vida sin excentricidades, se camuflan como comerciantes e industriales y en estratos medios. Su prioridad es configurar entramados empresariales a través de testaferros y artimañas para lavar activos. Otro punto evidente de la transformación es que se pasó de carteles autónomos a organizaciones fragmentadas que requieren alianzas multicriminales.

Dicha dependencia se evidencia, incluso, en sus brazos armados. El cartel de Medellín contó con las autodefensas del Magdalena medio y las escuelas de sicarios bajo órdenes de Escobar. En la actualidad, las organizaciones mantienen ciertos niveles de confrontación armada, pero deben contratar sicarios. También hay problemas que se desatan tras la captura o la muerte de un capo. A diferencia de lo que ocurría con los grandes carteles, ahora hay fracturas internas entre los mandos medios por alcanzar el nivel de cabecillas.

La desarticulación de las organizaciones y la captura de los principales capos colombianos derivaron en la pérdida del control de las rutas, que en su mayoría asumieron los mexicanos (el cartel de Sinaloa, principalmente) y otras mafias, como la libanesa o la italiana, y las redes locales de los países de tránsito y destino.

No obstante, los cambios no solo fueron del tipo de ganancia y modo de operar de las bandas con respecto a los antiguos carteles, otro factor que cambio fue las magnitudes de dinero en relación con la política, que se observaba en la época de los carteles donde por ejemplo la campaña presidencial de Ernesto Samper fue muy bien apoyada y cobijada por el mismísimo cartel de Cali. Ahora el narcotráfico se podría decir que solo opera a nivel regional como por ejemplo el caso reciente del recién electo gobernador de la guajira Francisco “Kiko”, quien se hizo famoso por recibir la noticia de que su campaña había ganado la gobernación estando tras las rejas, esto deja en claro de que la idea de la alianza de mafia y política no está descartada. Esta es la cara que muestra el crimen 23 años después de la muerte de Escobar.

Bibliografía

http://www.eltiempo.com/archivo/documento/CMS-13218659 informe sobre el narcotráfico hoy en día.

http://www.forbes.com.mx/este-es-el-numero-de-forbes-que-incluyo-a-pablo-escobar/  informe de la publicación de Pablo Escobar en la revista forbes

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3 pensamientos en “El narcotráfico después de la muerte de Pablito

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