Me duele este país

1674

Gloria Marena Ramos Cañas

El conflicto armado en Colombia es una realidad que se ha vivido desde hace más de medio siglo, que involucra no solo entes subversivos, sino también a la sociedad misma y al estado en general que ha tratado de tapar la verdad ante el mundo y ante quienes no han vivido entre la violencia y la guerra que hoy azota nuestro país; la justicia se ha convertido en una oportunidad para unos pocos y algo inalcanzable para quienes tienen sed de esta.

Tristemente nuestra historia ha demostrado que somos un país que olvida fácilmente y que ha vivido más en la apariencia de lo que no somos, que en lo que demuestra la historia de nuestros campos, de los indígenas, de los campesinos y de todos aquellos que fueron víctimas de un conflicto recostado a intereses individuales, a la mezquindad del gobierno y a la ignorancia de quienes nunca demostraron amor por la patria.

El problema siempre se ha desprendido del egoísmo de algunos, de la avaricia por una tierra que nos pertenece a todos, pero que sin embargo han sabido aprovecharla más las trasnacionales que el propio gobierno, y no precisamente a beneficio colectivo. Las consecuencias de ello se ven reflejadas en los desplazamientos forzados, las muertes violentas que se convirtieron en grandes masacres y que al día de hoy son contadas con las manos las personas que recuerdan esto. ¿Es justo que Colombia le duela solo a esa pequeña parte de la población? La verdad siempre es necesaria para curar y más para hacer justicia.

El pasar de los años ha traído consigo que algunas personas alcen la voz y griten por quienes las balas les han cerrado la boca. No ha sido en vano que hayan muerto en el intento, porque han abierto la puerta para continuar con la lucha de quienes nos duele este país y porque yo creo en la justicia de la vida, del destino o del universo, creo que la verdad sale a la luz tarde o temprano, aunque en nuestro país se haya demorado mucho tiempo. Es por eso que yo creo en el proceso de paz, aunque lo que esté detrás no sea lo que esperan muchos colombianos. Un halo de esperanza vale más en esta sociedad que no tener nada.

La paz es el acuerdo que se merecen quienes están cansados de ver caer las lágrimas de tantas viudas en este país, de las generaciones que quieren salir adelante y esperan un futuro mejor que el estar en las filas de grupos violentos, la paz la merecen todos, quienes no quieren más guerra y quieren ver una Colombia llena de esperanza en un futuro mejor, no es el final, pero si el principio para olvidar y empezar de nuevo a construir este país. No abogo por Santos y su política de gobierno, pero si por las conversaciones llevadas a cabo en la habana que quieren verdaderamente dejar las armas por ellos y por tantas víctimas.

La educación es la gran puerta que nos permitirá entrar al desarrollo como sociedad, aprender a amar nuestra tierra y a convivir como hermanos, a no olvidar tan fácil, pero saber llevar eso sin rencor y sanar heridas del pasado. Es la educación la que nos permitirá desprendernos de la corrupción y de tantos males que impiden a una Colombia libre, de despertar y no dejarnos embaucar por políticos a cambio de miserables propuestas, de combatir la pobreza y sobre todo esa brecha que nos separa a ricos y pobres.

Me duele este país, porque no olvido su historia y reconozco su presente, porque como tantos fui víctima de esa guerra, me duelen mis compatriotas que han muerto al tratar de sacar la verdad a la luz o incluso de querer un cambio. Yo quiero un cambio, y sé que esto se logra por medio de la educación desde nuestros hogares, desde la moralidad que les inculquemos a nuestros hijos y el amor por nuestra tierra. Es hora de despertar.

Referencias

Colombia invisible, documental de Unai Aranzadi,

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3 pensamientos en “Me duele este país

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