Economía experimental y racionalidad constructivista

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Bryan Snehider Diaz

Hay textos que son capaces de describir la situación por la que un ser humano está pasando con una precisión fascinante. Yo siempre he sido la clase de persona que considera que dentro de una relación, no existe nada más relevante que un intercambio constante de intereses, y que dentro de todo sentimiento es necesario un patrón interno de racionalidad, sin este la existencia social perdería todo sentido. De manera que, por ejemplo, a la hora de evaluar en una pareja de amigos una relación de dependencia de uno hacía el otro mi consejo siempre era el mismo: “si no es capaz de existir por sí mismo y para sí mismo no puede sostener una relación con otro ser humano, para dar primero hay que existir”.

El problema como algunos ya lo obviarán es que había sido terriblemente complicado encontrar quien compartiera esta visión conmigo, siempre encontraba que las reglas que resumo en “-Nunca acepto favores -respondió él fríamente. -¿Qué quiere decir con eso? -No ruego a nadie que corra mayores riesgos que yo en cualquiera de mis inversiones. Si se trata de un juego, siempre estaré a la altura de los demás participantes” (Rand 2005) no coincidían con las reglas que las personas esperaban que se aplicara en el establecimiento de una relación social. La respuesta a esto curiosamente vendría de la mano de un economista que siempre he encontrado placer en leer, Friederich Hayek, y uno nuevo al que llegué por mi interés en los experimentos sociales, Vernon Smith.

Esta dualidad en las percepciones ya ha sido expuesta dentro de la teoría económica en el eterno duelo entre moral y racionalidad si se le quiere ver de un modo o egoísmo y altruismo o cualquiera de las caras de lo que para Hayek son dos sistemas con una aplicabilidad diferente. Mi postura siempre había estado definida por una profunda repulsión a las visiones que pretenden hacer del mercado algo más “humano” (afirmación que me parece irracional como si el ser humano necesariamente convirtiera al hombre en un ser SOLAMENTE sentimental), ya que me parecía que era un análisis de las cosas que no se preocupaba por explicar su verdadero funcionamiento, sin notar que dentro del ámbito de las relaciones humanas sucede exactamente lo mismo, existen reglas propias invisibles que no necesariamente obedecen a la lógica, para que funcionen se necesitan de patrones diferentes. De manera que ¿Cuál es verdadero o cual falso? La respuesta es, ambos.

La economía me permitió encontrar la cientificidad en las respuestas rápidas y poco pensadas que dan las personas a muchas circunstancias, normalmente al escuchar conversaciones políticas por ejemplo me encontraba con que los análisis hacían una especie de embudo, entre tradiciones, moral y sentimientos, para abordar una postura con absoluta certeza como si fuera el oasis de la verdad. Para mí esto resultaba incomprensible, la economía me está permitiendo observar estas conclusiones con la higiene que un médico observa una patología, para mí ya no es simplemente un proceso resultante de la carencia de análisis del individuo, sino una intrincada estructura afectada por toda clase de variables que puede ser comprendida por medio de la ciencia.

De manera que ¿Cuál es la respuesta de la economía? Lo que sucede según nos explica la economía es que el ser humano asumiendo ciertos costos crea una forma racional de respuesta rápida. Como lo hemos visto, la economía para poder simplificar partiendo de ciertos supuestos que engloban la parte de la realidad que nos interesa, había obviado muchos elementos y lo que luego se volvió moda fue encontrar defectos en esta visión. Esto nos llevó a un modelo que ya no se basaba en suponer sino en observar con objetivo de acercarnos más a la realidad. Esto me permitió entender cuál era la verdadera racionalidad en los análisis que antes yo consideraba carentes de sentido. La economía experimental, según nos cuenta Vernon Smith, integra ambos sistemas de funcionamiento.

El primer mecanismo de racionalidad para Smith es la racionalidad constructivista. La premisa sobre la que basa sus ideas es la de que toda institución socialmente valiosa es producto de un proceso lógico deductivo, que era precisamente mi visión del mundo, el razonamiento lógico como principal herramienta de la existencia humana. Naturalmente este proceso racional es plenamente consistente con el proceso de mercado, adonde la naturaleza del intercambio modelado institucionalmente permite liberarnos de ciertas ineficiencias para alcanzar un resultado si o si adecuado, no obstante el intercambio que se escapa de esta cosmovisión, como lo son los intercambios personales, en la teoría de la reciprocidad básicamente se dice que se pueden tomar tres conductas en un intercambio personal, siendo estas una conducta altruista, una egoísta y una equilibrada. Las circunstancias en un juego de intercambio definen la conducta que este podrá tomar con relación al proceso de intercambio para Smith esto puede modelarse en un tipo de agente dentro de la teoría de juegos con el objetivo de predecir la potencial conducta de los individuos dentro de este juego delimitado, aunque para esto es necesario un laboratorio experimental.

En palabras del Propio Smith “Por ejemplo, las acciones pueden identificar a los diferentes tipos y generar las decisiones, lo cual explica la importancia de la estructura del juego y por qué los posibles pagos, aunque se haya renunciado a ellos, pueden afectar a los resultados. Estos elementos deben formar parte de la estructura interna de la teoría, de modo que los resultados se transformen en predicciones condicionadas por las características básicas de los jugadores que adivinan las intenciones de los otros. Si tienen éxito, muchos de los resultados básicos de la teoría de juegos se convertirían en casos especiales de la teoría ampliada.”  (Smith 2005)

Lo que yo entiendo de la afirmación de Smith es que comprender la estructura en conjugación con las características de cada jugador puede arrojar a la larga una predicción de las posibles acciones de los jugadores encajadas dentro de un modelo de un “papel” determinado de manera que por medio de la experimentación será posible utilizar estos modelos predictivos como una ampliación necesaria a la teoría.

Esto no hace más que reafirmar que en la práctica en muchas clases de intercambios existen mecanismos bastante variados de intercambio no solo el subyacente a la racionalidad cartesiana, una de las primeras realidades con que uno se choca a la hora de estudiar teoría económica es con que los puntos de equilibrio sociales como lo mencionaba North no son producto de la racionalidad sino de la experiencia determinada de cada sociedad.

En lo que yo he observado el modelo obtenido por la teoría microeconómica se puede ajustar perfectamente a toda clase de realidades, tanto como método de estudio con una lógica propia como también una perfecta analogía, en la mayor parte de los procesos de interacción social puede describirse un resultado ideal que solo es lograble bajo ciertos supuestos y un resultado real que resulta de todas las restricciones impuestas por la realidad. En el caso del constructivismo, es el modelo ideal, como lo diría Kahneman, todos los fallos en nuestra realidad son producto de las subjetividades de nuestro razonamiento, pero para que funcione idealmente se requiere de muchos supuestos que desde luego en el mundo real no se cumplen.

Uno de los límites del sistema constructivista naturalmente estriba en una explicación más cuidadosa de nuestro sistema racional. Smith parafrasea constantemente ideas de Kahneman con el objetivo de explicar el verdadero funcionamiento del cerebro. La primera premisa es que el cerebro posee un sistema de inhibición latente que permite que los individuos eliminen todos aquellos impulsos que les vienen del medio y que no son considerados como importantes para la supervivencia en el sentido primitivo de la palabra, Smith explica, por ejemplo, que nadie nunca haría cálculos matemáticos a la hora de comprar en un supermercado puesto que hacer cálculos de utilidad totales sobre todos los posibles beneficios superaría lejanamente el beneficio que esto supondría

¿Cómo elegimos entonces? El principio fundamental es el pensamiento asociativo expuesto por Kahneman y parafraseado por Smith : “El reto que supone cualquier acción o problema no habitual parece en un principio poner en marcha en el cerebro una búsqueda para apelar a esa parte de la conciencia que sabemos está relacionada con el contexto en que se ha de tomar la decisión” (Smith 2005). Básicamente evocamos sensaciones pasadas y actuamos instintivamente, muchas acciones que son a su vez un cúmulo de elecciones funcionan de este modo. Interpretar una melodía, por ejemplo, es un cúmulo enorme de elecciones que interpretamos casi que mecánicamente sin razonar inquisitivamente sobre cada una de ellas.

Existen muchos otros sesgos, desde luego para entenderlos todo habría que apelar al estudio completo de Daniel Kahneman al que nos dedicaremos en un futuro trabajo; lo que es importante resaltar de la anterior afirmación es que el pensamiento asociativo demuestra el papel tan relevante que juega la experiencia en el aprendizaje, en ese proceso de utilizar lo vivido para conformar ideas con las que hemos de percibir la realidad y sobre todo la imposibilidad de tomar decisiones con información completa y los costes elevados que implicarían dichas decisiones.

Esto implica por ende que muchas acciones realizadas intuitivamente sin hacer un uso extensivo del pensamiento lógico son fructíferas, las situaciones en la vida real a veces nos exigen elegir con rapidez, y en este sentido la experiencia prima sobre el pensamiento lógico. Si tenemos que desactivar una bomba aun siendo expertos en ingeniería seguramente será mucho mejor aquel individuo que haya pasado antes por ello. Esto tiene sus repercusiones en el sistema social no solo en el individuo dado que muchas de las instituciones funcionales socialmente provienen de este proceso de negociación que además de tener en cuenta los sesgos de los individuos está conformado por la interacción de sus teorías de la realidad y que, como lo expresaba North, dado que la mente tiene una renuente tendencia a reducir los costos, las instituciones se crean de tal modo que buscan este mismo efecto naturalmente al amparo de ciertos supuestos.

En este duelo entre el razonamiento intuitivo y el razonamiento lógico se pueden decir muchas cosas, lo cierto es que ninguno tiene la última palabra. Es cierto que el razonamiento lógico siempre que sea posible será efectivo, pero ya que no está presente en todas nuestras decisiones, el estudio de la elección es fundamental puesto que es lo que determina la eficiencia de estas mismas instituciones pero a su vez es prueba de que en circunstancias determinadas es posible crear instituciones tales que todos se beneficien. No se puede negar que el funcionamiento ideal es el funcionamiento lógico pero la racionalidad constructivista erra al pensar que esta es la única manera en que se puede llegar a ser eficiente. El estudio de la racionalidad constructivista es sin lugar a dudas un elemento agregado a las restricciones que sufren las instituciones para su funcionamiento, puesto que afecta las preferencias individuales y permite explicar desde la teoría de juegos los potenciales equilibrios tanto en un ambiente como con experiencias determinadas de antemano. No puedo evitar dejar de pensar que si se estudiara la historia con esta misma lógica a la larga sería posible predecir el futuro.

En congruencia con escritos pasados he tratado los procesos de institucionalidad como el resultado de un proceso de mercado, hasta ahora hemos encontrado en los diferentes autores varios determinantes, los anteriores habían sido, la homogeneidad de los grupos, los costos de transacción, el tamaño del grupo, las variables que puedan enfrentar durante el proceso de negociación, las experiencias y la teoría de la realidad de cada uno. En este texto encontramos un elemento más este es el contexto en el que suceda el proceso racional. Es importante notar que en el ideario social está marcado en su evolución por toda clase de eventos que no pueden ser previstos, pero que si queremos entender la manera en que percibimos estos eventos es importante emular el contexto en el cual suceden las transformaciones, la respuesta a estos interrogantes viene de la mano de la experimentación y del laboratorio económico.

Referencias

Ayn Rand. La rebelión de Atlas, Editorial Grito Sagrado (2005) México

Vernom Smith. Racionalidad Constructivista y Económica. REVISTA ASTURIANA DE ECONOMÍA – RAE Nº 32 (2005)

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