Segregación ocupacional por género. Primera parte

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Jisselle Paola Santander Celis

La explicación de las diferencias de género en los salarios es un lugar de encuentro entre la economía y la sociología. Las teorías económicas se centran fundamentalmente en las influencias que, en determinado punto del tiempo, inciden en los niveles de los salarios. Por su parte, las teorías con enfoque sociológico y de los economistas institucionalistas, atienden más a los medios a través de los cuales distintos arreglos institucionales (en familias, escuelas, sindicatos o empresas) perpetúan los efectos de influencias culturales, ya sea en el momento presente o en sucesos en un momento posterior.

La mayoría de los estudios publicados acerca de las diferencias a razón del sexo en el mercado laboral hacen referencia principalmente a las diferencias salariales entre hombres y mujeres y no a la segregación ocupacional en sí misma. Motivo éste para encontrar que la mayoría de las teorías explican los determinantes de la segregación ocupacional y de la desigualdad de remuneración como el mismo fenómeno aun cuando no es así, pues las diferencias salariales son solo una de las causas de la segregación laboral (Anker, 1997).

Los investigadores que tratan de explicar la segregación profesional hacen una distinción entre los factores de oferta y los factores de demanda de mano de obra, por lo que se busca indagar acerca de las “preferencias” tanto de empleadores como de trabajadores. Se requiere precisar que esas preferencias obedecen, en gran medida, a las ideas y valores que tiene la sociedad en cada momento sobre las funciones y atributos tanto del género masculino como del femenino.

Ahora, con fines heurísticos, se pueden clasificar las teorías que explican la segregación ocupacional según adopten un enfoque económico o feminista. Así por ejemplo, las teorías de carácter económico, que hacen especial énfasis en los factores de oferta y de demanda, son las neoclásicas del capital humano, las preferencias discriminatorias, la discriminación estadística, el amontonamiento u overcrowding, la parcelación del mercado de trabajo. Las no económicas o feministas, conocidas como socio-sexuales, que analiza de forma conjunta todos los factores, de oferta y demanda, y del entorno social en general en el cual se desenvuelven los individuos involucrados en el proceso de asignación de una persona a un puesto de trabajo.

Al empezar por las teorías económicas encontramos la teoría neoclásica del capital humano. De acuerdo a los postulados de esta teoría, los mercados son eficientes y tanto empleadores como empleados son individuos racionales, lo que conlleva a que, por una parte, los empleados busquen trabajos de acuerdo a sus capacidades personales –educación, experiencia, etc., – y preferencias –horario, tipo de ambiente de trabajo, etc. –y, por la otra, los empleadores intenten maximizar sus beneficios aumentado su productividad y reduciendo costos.

Visto desde la oferta de mano de obra, la idea central del análisis neoclásico es que la situación de desventaja en que se encuentran las mujeres respecto a los hombres es consecuencia de la menor inversión en adquisición de capital humano por parte de dicho colectivo. La necesidad de apartarse del mercado por ciertos períodos de tiempo para ocuparse de la crianza de los hijos se refleja en su menor experiencia laboral y, también, las mujeres eligen (o se ven obligadas por sus familias) a instruirse en determinadas carreras, lo que en conjunto las hace menos productivas.

La racionalidad de los individuos es, en esta teoría, la explicación a las decisiones que toman las mujeres en cuanto a su participación en el mercado laboral. En este orden de ideas, el colectivo femenino escogerá instruirse para desempeñar aquellas ocupaciones que, en términos relativos, tenga mayor remuneración inicial al tiempo que minimicen los costos de su discontinuidad en el mercado y que sean de fácil movilidad y cuenten con un horario flexible.

Un complemento de la teoría del capital humano surge con el enfoque de la nueva economía de la familia propuesto por Becker (1962), según el cual, la división de los roles domésticos es explicativa de la segregación de las mujeres en el mercado laboral. En este contexto se supone que, de acuerdo con el dominio que ofrece mayor rendimiento a las inversiones en tiempo, dinero y esfuerzo, hombres y mujeres maximizarán su bienestar dedicándose a las tareas que prioricen ya sea el trabajo o la familia. Por ello las mujeres, consideradas como más productivas en el ambiente doméstico, suelen tomar sus decisiones en función del cuidado de sus familias, lo cual desde esta perspectiva se constituye en la solución de equilibrio.

Dado que la evidencia empírica no logra justificar la situación de segregación de la mujer de acuerdo a las diferencias de educación y experiencia laboral, el enfoque neoclásico ha recurrido a teorías complementarias para explicar la motivación y el comportamiento de quienes están encargados de las decisiones de contratación. Es así, como del lado de la demanda de personas trabajadoras, las decisiones de los empleadores se ven afectadas principalmente por el argumento de los mayores costos indirectos y directos de contratar mano de obra femenina.

Esto es, así como del lado de la oferta las mujeres eligen trabajos con horarios flexibles, en los cuales los costos de la rotación laboral sean menores y el nivel de instrucción no conlleve también costos elevados. Los empleadores, por el lado de la demanda, prefieren contratar hombres debido a que se presume para ellos un menor índice de ausentismo, menor movilidad entre empleos y mayor flexibilidad en las jornadas que van hasta altas horas de la noche o trabajo en días feriados. Un factor que puede llegar a incrementar los costos de contratación de mano de obra femenina es la legislación laboral. Un ejemplo de ello es la licencia de maternidad remunerada que, al momento de la contratación, para el empleador puede convertirse en causa de discriminación.

Una de las teorías complementarias dentro del enfoque neoclásico del estudio de la segregación ocupacional desde la demanda son las preferencias discriminatorias o teoría de la discriminación. Para Becker (1971), uno de sus principales autores, son los prejuicios o “preferencia por la discriminación” lo que hace que los empleadores diferencien a ciertos trabajadores a razón de características visibles como la raza, la minusvalidez, el sexo o la edad y un aspecto importante es que las preferencias discriminatorias pueden venir tanto de las personas trabajadoras, empleadoras o consumidoras.

En este orden de ideas, contratar un trabajador del grupo con características no deseadas resulta ser un gasto para el empleador y, en este escenario, lo racional es contratar menos personas del colectivo discriminado para evitar incurrir en dicho gasto. Por tanto, la presencia femenina disminuirá en función del incremento del prejuicio. En este modelo explicativo, la sociedad está dispuesta a renunciar a la eficiencia productiva y pagar así su gusto por la discriminación. Esta discriminación no sólo tiene un efecto en la menor remuneración al trabajo de las mujeres cuando su productividad es igual a la de los hombres, sino que además al generalizarse genera un efecto adverso en las mismas mujeres, pues se verán desalentadas a realizar inversiones en su formación al percibir que el mercado no valora su capital humano.

Referencias bibliográficas

Anker, R. (1997). La segregación profesional entre hombres y mujeres. Repaso de Teorías. Revista Internacional del Trabajo, 116 (3), 343-370.

Becker, G. (1971). The economics of discrimination. Segunda edición. Chicago, University of Chicago Press. p.178

Becker, G. (1962). Investment in human capital: A theoretical analysis. The Journal of Political Economy, 70 (5), 9-49.

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