El refugio

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Valentina Mendoza Jaimes

¿Qué suceso inspira más que la lluvia? Aviva tus sentidos al obligarte a permanecer en un lugar, te regala algo de frío para que te abrigues el alma, te hace refugiarte, inunda tus oídos de goteo y tu nariz de un olor acuoso y sin color. Al llover lo único que puedes hacer es escuchar algo de música, leer, escribir o hacer cualquier cosa que te motive, explotar el arte que hay en ti, inspirarte. Pero, ¿qué pasa contigo? ¿Dónde empiezan a surgir tus iniciativas con respecto a tus opciones? ¿Dónde está su parecido con la economía? Simple: el mundo terrenal cierra sus puertas, las opciones se vuelven escasas y tu mente solo tiene la vista fija en ti, en tus obligaciones y en tus prioridades, (lo cual muy pocas veces sientes en tu mundo de mercadeo constante). Comprender que se necesita algo de calurosa lógica para saber qué decisión tomar y por qué opción optar en momentos de pocas opciones es aplicar la teoría económica en su máximo esplendor.

El libro de Ariely, en lo personal, ha sido el más cercano a la realidad de la teoría, él con sus experimentos argumenta la irracionalidad del ser humano en la cotidianidad y da tantas opciones alternativas como problemas plantea. Al estandarizar la economía a un ser totalmente racional, pierde todo valor intrínseco en sus teorías, es real, ¡Nuestro comportamiento está marcado por decisiones totalmente irracionales! Y aún más agobiante, totalmente ajeno al pensamiento y por ende congruencia al juntar caminos con mentalidades distintas. En el séptimo capítulo nos habla de la propiedad privada y la sobrevaloración de las cosas que tenemos al ponerlas libremente en oferta; señala que difícilmente vamos a obtener el precio que querríamos obtener por el valor sentimental que este artículo significa –los viajes y los recuerdos, las soledades y las risas– para nosotros, pero que es completamente normal que el comprador solo vea el defecto y el mal estado en el que tales recuerdos y tantos años se ha quedado.

En mi lugar preferido, con mi café preferido y mi gata (como compañía preferida), en la soledad de la habitación y el goteo incansable de la lluvia en las tejas del techo, pensé simplemente en qué otras opciones o como son los pensamientos de otras personas con respecto al clima. Yo, como han podido apreciar, amo la lluvia, soy fanática del frío en raciones moderadas, del silencio que retoma la calle de un barrio bullicioso al mojar la acera, de arroparme con el runrún de la gata y de respirar una lectura o una canción con el volumen más bajo para dejar fluir mis pensamientos en torno a aquella poción. Pero este no es el caso de las millones de personas que invaden este planeta con su presencia y olor, muchas de ellas odian el silencio, otras prefieren el calor para salir a bailar o simplemente disfrutar una bebida bien fría, hay las que se aborrecen de películas dramáticas y se comportan como regaderas lloronas ya que el clima las pone tristes (hay casos que lo prueban) y como infinitas opciones hay, infinitas perspectivas se encuentran.

Entonces, ¿cómo poner de acuerdo a todas las personas con respecto a lo que representa la lluvia? Es imposible y como decía Ariely, es lo mismo que tener una religión o irle a un partido político, cuando ves las cosas a tu modo o cuando la pasión en algún momento determinado te hace sentir de una manera diferente con ese momento (sea que la depresión del día en el que rompiste con tu novio se acompañara de lluvia) es, aunque irracional, normal y humano que siempre familiaricemos los sucesos con nuestra primera o más significativa impresión de los mismos.

En la economía de la realidad humana, el refugio está en las promociones (que aunque no nos resulten útiles nos atraen lo suficiente para no dejarlas ir), en las opciones limitadas y restringidas por fuerzas mayores, en las cosas que ya tenemos y sobrevaloramos, en nuestra perspectiva única e irreprochable, en la poca influencia de pasiones con mucho poder sobre nuestras decisiones y en todo aquello que nos mantenga dentro de la irracional racionalidad que determinamos tenemos pero que no entendemos.

Bibliografía

Ariely, D. (2008). Las trampas del deseo. Cómo controlar los impulsos irracionales que nos llevan al error (p. 282). Barcelona: Ariel.

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3 pensamientos en “El refugio

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