La fantasía del desarrollo sostenible

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Mayra Garzón Robles

Lo que normalmente es entendido por “desarrollo sostenible” es la condición que incita a la idea de que se dé un desarrollo económico-social constante, supliendo las necesidad inmediatas, pero teniendo en cuenta como prioridad velar por el futuro de las generaciones más jóvenes, transfiriendo a ellas las bases productivas que les permitan igualar o superar los avances de la generación en curso, o las anteriores. Este es un término comúnmente usado al día de hoy, y todos hablan, o hablamos, de él como si fuese pieza fundamental de nuestros días, pero ¿realmente estamos viviendo el desarrollo sostenible?

El ser humano es por naturaleza un ser egoísta, que en medio de una sociedad lo que buscará siempre será satisfacer sus propias necesidades y hacer su vida mucho más acogedora; cada persona actúa en pro de sus intereses, que muy probablemente tienen que ver con la parte económica. En la economía, así como en la vida, cada acción, por pequeña que sea, tiene sus repercusiones en el progreso de la sociedad y en los diferentes sectores de ella; por ejemplo, teniendo en cuenta el delicado tema del cuidado del medio ambiente, podríamos hablar acerca de la corrupción…

Colombia es un país con una riqueza ecológica contundente, país que cuenta con gran variedad de animales y grandes extensiones de vegetación, pero lamentablemente no contamos con políticas que empleen de manera adecuada tan preciados recursos. El gobierno colombiano, como la gran mayoría de los gobiernos, debe tener entre su nómina de trabajadores del Estado a personas que se encarguen de custodiar el buen funcionamiento de lo que respecta al medio ambiente en el país, que velen porque los recursos sean utilizados de la mejor manera y no se vulnere la integridad de nuestra querida Pachamama.

Gracias a la corrupción que a través de los años ha irrumpido en la sociedad colombiana, hoy podemos encontrar que muchas veces esas personas que se supone deben contribuir a la preservación de nuestros recursos naturales permiten que otras compren su negligencia, venden su ética por unos cuantos pesos, venden el patrimonio de todo un país por saturar un poco más su bolsillo; me refiero a esos funcionarios públicos que se hacen llamar “ambientalistas”, pero que cuando les ofrecen generosas sumas de dinero olvidan por completo su función, y proclaman ante todo un país maravillas, mientras que empresarios extranjeros o incluso nativos inconscientes saquean nuestro territorio. El producto de la apatía de estas personas no es más que el deterioro de nuestros ecosistemas, y con esto, la vida de los animales que habitan en ellos.

El llamado “Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible” es el encargado en Colombia de supervisar el correcto funcionamiento de las leyes y normas a favor de biodiversidad y los recursos naturales, no obstante su objetivo no se ha cumplido a cabalidad; a pesar de la existencia de este ministerio se han otorgado licencias a industrias extranjeras para laborar en importantes zonas para el ecosistema e incluso para las supervivencia de las personas que habitan cerca, como lo son páramos, serranías o bosques, todos con gran riqueza medio ambiental. Aunque los directamente afectados son las familias aledañas a estos lugares, se sobreentiende que es una problemática de todo el país, por no decir que de todo el planeta: con el daño del medio se daña también nuestra salud y las posibilidades de sobrevivir a futuro.

Esto no es desarrollo sostenible, no estamos dejándole a nuestras futuras generaciones un capital natural tan grande como el que recibimos nosotros en algún momento. Tal vez ahora nos interesa el dinero más que cualquier otra cosa, pero ¿mañana vamos a poder comprar agua, vegetación y las fuentes vitales que hoy estamos explotando? Probablemente no, probablemente la mayoría de ellas ya ni siquiera existan, y cuando ya nos falte el oxígeno para vivir, literalmente, es que la humanidad se detendrá e intentará evitar que la bomba de tiempo en que vivimos detone, y tal vez ya sea tarde. Que el mundo avance, y la ciencia y la tecnología amplifiquen sus alcances es importante, y son síntomas de un mundo progresista y que se mantiene económicamente estable, pero no puede ser a costa de los ecosistemas, porque, como muy bien lo dice el Ex Vicepresidente de Estados Unidos, Al Gore: “La dicotomía entre desarrollo y sostenibilidad es falsa. Sin planeta no hay economía que valga”.

Referencias

Dasgupta, P. (2009). Economía: Una breve introducción. Madrid: Alianza Editorial, S.A.

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