Racionalidad vs Irracionalidad: Un debate más vigente que nunca

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Cynthia Mariño Santos

Se cree que en el día a día la toma de decisiones óptimas se ve influenciada principalmente por cambios emocionales que pueden afectar la consecución de objetivos. Es por esto que dichos populares como “pensar con cabeza fría” se vuelven habituales cuando se trata de aconsejar a alguien a la hora de tomar alguna decisión significativa. Frases como estas son divulgadas con el fin de orientar a los demás a actuar con su razón y dejar de lado emociones que lo alejen de determinar la mejor alternativa dependiendo de su situación y sus necesidades.

A partir de ahí, se reconocen dos tipos de conductas opuestas que determinan la toma de decisiones de un individuo, una caracterizada por el discernimiento, la reflexión y el intelecto, y otra representada por las emociones, los impulsos y la insensatez. Los individuos se ven a sí mismos como seres guiados, en su mayoría, por la racionalidad. Aunque reconocen la influencia de emociones que algunas veces los desorientan de su propósito inicial. Esta es una postura similar a la que se toma en el momento de desarrollar alguna teoría económica, se asume que una persona, entidad o compañía pone en práctica un comportamiento racional mientras toma decisiones, que finalmente lo llevará a una cantidad óptima de beneficio.

Sin embargo, si se reconoce que el ser humano actúa tanto de manera irracional como de manera racional en su diario vivir ¿Por qué se estudia al individuo exclusivamente como ser racional desde los modelos económicos? ¿Acaso no es el objetivo del estudio del individuo, el de reflejar el mundo tan preciso como sea posible?

Cuestiones similares son claves para el desarrollo del debate entre la economía estándar, la cual asume que los individuos son totalmente racionales, tienen preferencias estables y siempre están en la búsqueda de maximizar beneficios; y la economía conductual la cual estudia los efectos sociales y emocionales de los individuos sobre decisiones económicas. Aunque la economía estándar ha prevalecido sobre la conductual, es necesario señalar que la primera solo nos ofrece un punto de vista en la comprensión del comportamiento humano.

Si en verdad se busca maximizar los beneficios que los estudios económicos puedan brindar a la sociedad es necesario incorporar al estudio económico aspectos que nos caracterizan como seres humanos. Como también es indispensable la unión con otras ciencias que también estudian aspectos del comportamiento humano, para así tener una visión del individuo que se asemeje más a una realidad compleja y en constante cambio.

No obstante, si se sugiere la incorporación de aspectos característicos del individuo como la irracionalidad al estudio económico, también se debe tener en cuenta que la tarea de encontrar tendencias en el comportamiento grupal es difícil. Y es aquí donde se encuentra una de las principales razones por la cual el estudio del individuo como un ser racional es el preferido por una gran cantidad de estudiosos en el ámbito económico. ¿Será posible encontrar patrones de comportamiento en la irracionalidad? ¿Es posible que actuemos con irracionalidad aun cuando nuestro objetivo primordial era el de actuar con racionalidad?

El objetivo de Dan Ariely es el de responder preguntas similares a las anteriores, donde no solo se da a la tarea de demonstrar la irracionalidad presente en todos los aspectos de la vida humana, sino también demonstrar que los seres humanos son predeciblemente irracionales. Cuando actúan de manera irracional cometen una y otra vez los mismos errores, tanto así que se vuelven sistemáticos en el diario vivir. Entender tendencias irracionales en las acciones diarias aporta un punto de inicio para mejorar la manera en la que se toman decisiones para así mejorar el bienestar a largo plazo.

Un ejemplo del comportamiento irracional en la toma de decisiones es la relatividad. Para tomar una decisión miramos las cosas que nos rodean en relación con otras, es decir se toman decisiones basadas en comparaciones y este es un fenómeno que no solo se presenta en el ámbito físico, sino también en el mental. Este es el caso para la emisión de opiniones, nos apoyamos en comparaciones de opiniones que nos rodean para finalmente dar nuestro punto de vista. Un ejemplo más específico del uso de comparaciones en la toma de decisiones es planteado en el efecto señuelo, donde se demuestra que cuando un individuo no puede elegir entre dos opciones, se inserta una tercera opción para actuar como una herramienta de medición. Es decir, las terceras opciones funcionan para convertir una decisión complicada en una simple.

Es importante reconocer que no se descartan los grandes avances que ha traído la economía estándar al estudio del individuo, pero como ya se había mencionado anteriormente esa es solo una parte de la realidad. Para tener una concepción más completa del mundo es necesario incluir otros ámbitos que distinguen al ser humano y lo hacen mucho más complejo que un ser exclusivamente racional. Reconocer patrones de comportamiento aun cuando se actúa irracionalmente puede ayudar a mejorar la toma de decisiones y traer beneficios no solo como individuos. Es necesario el concientizarnos de las limitaciones mentales que poseemos como seres humanos para aceptar y abordar las irracionalidades humanas que pueden brindarnos un mayor entendimiento de un mundo complejo y en constante cambio.

Referencias

Ariely, D. (2008) Las trampas del deseo: como controlar los impulsos irracionales que nos llevan al error. Barcelona. Editorial Ariel.

Ariely, D. (2011) A gentler and more logical economics. Recuperado de: http://danariely.com/2011/01/10/a-gentler-and-more-logical-economics/

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