¿Somos conscientes de lo que decidimos?

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Angieth Liceth Rueda Buenahora

“Incluso los pensadores más analíticos son predeciblemente irracional, los realmente inteligentes reconocen y abordan sus irracionalidades”. -Dan Ariely

Como todos saben los modelos (simplificaciones de la realidad) de una economía estándar expone al ser humano como ente relativamente perfecto que lo sabe y lo puede todo, guiado por un comportamiento estrictamente racional sin limitaciones, es decir, lo suponen con una racionalidad ilimitada. Afortunadamente la economía conductual ha demostrado que nuestros comportamientos no son precisamente del todo racionales. La irracionalidad es una buena fuente de enseñanza a la hora de tomar decisiones, con esto Dan Ariely no quiere decir que seamos completa o esencialmente irracionales, sino que somos previsiblemente irracionales.

Probablemente muchos de nosotros alguna vez nos hemos visto influenciados por la maravillosa palabra “gratis” en el momento de comprar algún producto, siendo ésta, otra causa inconsciente de la irracional a la que tanto me refiero. Es éste uno de los puntos fundamentales que quiere aclarar, pues puede que a veces nos pueda salir un poco más caro de lo que parece, aunque aparentemente paguemos menos o nos regalen algo extra. Por ejemplo, teniendo en cuenta la definición de racionalidad (tomar la decisión que más me gusta entre las opciones que tengo disponibles), si usted quiere comprar un carro con algunas características en especial, va al concesionario y ve que le ofrecen otro, pero con la atracción de que le dan cinco meses de cambio de aceite “gratis”, rápidamente toma la decisión de comprarlo, justificando su espectacular astucia de no desaprovechar oportunidades. Poco tiempo después, se da cuenta que no era el auto que quería ni el que necesitaba. Posiblemente se ahorró algunos pesos que no equivalen a lo que en estos meses le ha hecho falta las características que éste carece y las pérdidas que puede generar. Por lo tanto, usted ha optado por algo que no era lo que usted quería, sólo porque se ha dejado llevar por lo ¡gratis!, teniendo esta palabra un absoluto poder en su conducta irracional que podría de hecho perjudicarlo.

De esta manera, y con el ánimo de cuestionar nuestro comportamiento diario, Ariely decide mezclar los ideales y metodologías de la economía con la psicología que él enseña. Es ahí donde gracias a la economía conductual, disciplina en la enmarca sus estudios principales y por supuesto este libro, en donde expone la relación que pueda existir entre el comportamiento económico racional y las conductas diarias de un individuo. Fue entonces después de múltiples investigaciones y experimentos por los cuales derivó conclusiones extrapolables en la que al exponernos con incontestable rotundidad el hecho de que nuestras decisiones no siempre son lógicas y sensatas, lo llevó a afirmar finalmente que somos predeciblemente irracionales, pues repetimos nuestros errores de forma sistemática y, por lo tanto, se vuelven previsibles y lógicamente en esto influye algunas variables en las que sobresale el estado de excitación en que se encuentre la persona o el entorno en que se vea rodeado.

En resumen, podría afirmar que continuamente nos vemos afectados por algunas acciones y elecciones en nuestra toma de decisiones, que hacen alejarnos de nuestro marco racional que creemos deberíamos tener. Gracias a dichos experimentos que Ariely formuló, podemos llegar a la conclusión que efectivamente nos vemos evidenciados por el influjo de numerosas fuerzas ocultas en nuestra toma de decisiones diarias. Incluso estos influjos desafían en cierta manera a las teorías como la absoluta certeza de que el precio de determinado producto proviene del justo e inequivocable equilibro entre la oferta y la demanda. De esta manera, nos puede ser muy útil saber, comprender y sobre todo, tener en cuenta la existencia de estas conductas a la hora de diseñar políticas públicas viables y eficientes o estrategias de mercado oportunas.

Referencias bibliográficas

Ariely, D. (2008). Las trampas del deseo. Cómo controlar los impulsos irracionales que nos llevan al error (p. 282). Barcelona: Ariel.

Redes: Predeciblemente irracionales disponible en

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