Subasta holandesa

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Un tipo interesante de subasta es la llamada subasta holandesa, que como no podría ser de otra manera, se origina en el negocio de tulipanes. Son muchas las innovaciones que hizo Holanda con sus tulipanes en materia económica; en particular, hay una historia que se relata en casi todos los libros dedicados a temas financieros y que veremos a continuación.

Todo comienza a finales del siglo XVI, cuando los tulipanes se introdujeron en Europa y tanto el clima como la tierra de Holanda favorecen especialmente su crecimiento. Incluso resultó provechosa la contaminación con un virus, pues (por cosas de la evolución) provocó que los colores de los pétalos variasen, gracias a lo cual se generaron singulares combinaciones. Estas nuevas flores eran símbolo de estatus, que todos comenzaron a buscar. Por otra parte, los tulipanes tardan unos diez años en crecer, con lo cual, ante una demanda creciente y productores que no llegaban a abastecerla en el corto plazo, los precios iban en alza.

Apareció entonces el mercado de futuros: la gente compraba y vendía tulipanes que no tenía, transfiriendo y revendiendo certificados que serían canjeados en el futuro por tulipanes de carne y hueso (por decirlo de algún modo… Francamente, tampoco nos convenció poner “vivitos y coleando” o alguna expresión equivalente). Los precios llegaron a ser delirantes, versiones exageradas de la proclama de Ricardo III: un tulipán por una casa, o por el salario de diez años de un artesano, o por 20 toneladas de trigo. Tal era el extremo al que se había llegado: había nacido lo que hoy llamamos una burbuja, como las que hubo luego en las últimas décadas con las empresas punto com o la más reciente burbuja inmobiliaria.

Todo indica que la fiebre por los tulipanes bajó, paradójicamente por otra fiebre: mejor dicho, por un brote de peste bubónica en 1637. Como los compradores no asistieron por miedo a contagiarse, una subasta de tulipanes fracasó, haciendo reflexionar a los mercaderes holandeses sobre el precio que se estaba pagando por tulipanes.

Ya normalizado el mercado de tulipanes, quedó como resultado el modelo de subasta que se emplea aún hoy. En Aalsmeer, en las afueras de Amsterdam, funciona actualmente un mercado donde se venden diariamente unos veinte millones de flores y plantas, en unas cincuenta mil subastas que podrían dar lugar a un comentario admirativo: ¡flor de subasta! El procedimiento es el que ya se empleaba en el siglo XVII: se ofrece un lote a un precio dado, que luego va bajando hasta que un comprador acepta pagarlo.

Este tipo de subastas se ajustan en forma bastante adecuada para bienes perecederos y es empleado también en mercados de frutas y verduras, o pescados. Gran parte de las ofertas de los supermercados tienen un esquema similar, ya que los precios pueden bajar cuando un producto (digamos un yogur) está cerca de su fecha de vencimiento. Esta idea de aceptar precios inferiores cuando un bien está por expirar es frecuente en toda clase de situaciones. En Europa era común en una época comprar por pocos dólares automóviles que ya no pasarían el próximo control técnico. Aunque esto puede causar más de un dolor de cabeza (o de estómago, en el caso del yogur), tiene una contracara interesante en el mercado árabe o zoco.

Como sabe quién haya visitado alguno, el secreto principal consiste allí en el regateo, que en ocasiones es un auténtico juego, hasta el punto de que ciertos comerciantes se ofenden si uno acepta sin chistar el primer precio que dicen. De modo que la cosa consiste en regatear hasta por fin acordar un valor que en general nos lleva a felicitarnos por la ganga obtenida (aunque no es raro encontrar, al día siguiente, el producto en un comercio común exactamente al mismo precio, o acaso algo menos).

En este contexto, uno podría esperar que el comportamiento sea similar al de las subastas holandesas y que los comerciantes estén dispuestos a vender sus productos a precios más bajos cuando se aproxima la hora de cierre. Sin embargo, esto no es así: según dicen, el mejor momento para hacer ofertas bajas es temprano por la mañana, cuando el mercado recién abre. Muchos comerciantes son capaces de vender mercaderías incluso por debajo de su verdadero valor cuando se trata de los primeros clientes del día, porque eso les augura una excelente jornada.

Nota. Este texto fue tomado de: Amster, P., & Pinasco, J. (2014). Teoría de juegos: Una introducción matemática a la toma de decisones. Fondo de Cultura Económica.

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