Un estudio general sobre la prevención del crimen y sus incentivos

1821

Bryan Snehider Diaz

La esperanza, la quinta esencia del engaño humano que es al tiempo la fuente de vuestro mayor poder y de vuestra mayor debilidad” El Arquitecto.

En las causas más importantes de la criminalidad existen dos aspectos importantísimos para la conducta criminal, cada uno con sus propios elementos. Por un lado están las causas definidas por el ambiente y por el otro lado están las causas definidas por el individuo. Una gran variedad de disciplinas se han interesado cada una con sus instrumentos en conocer y documentar estas causas, analizando su funcionamiento y sus interrelaciones. En el proceso de creación de políticas públicas si nos interesa solucionar efectivamente el problema no es suficiente con aseverar que se entiende el problema; se debe hacer cuanto esfuerzo sea posible para realmente comprender el mismo. Si la falta de ética en la medicina ha matado a tantos miles de seres humanos, ¿Cuántos habrán muerto por la falta de ética en el diseño de políticas públicas y por la pretensión de saberlo todo?

En la primera sección del libro “La economía del crimen” del economista Andres Roemer se encuentran cada una de las variables consideradas importantes para entender la conducta criminal. Usaré a Roemer para definir y explorar cada uno de estos aspectos aunque más que una transcripción fidedigna buscaré crear mis propias categorías y comentarlas relacionándolas con el tema principal. Sosteniendo nuestro enfoque de política pública ignoraremos aquellos aspectos propios del individuo de los que no podemos decir gran cosa, y nos dedicaremos a comprender las variables del ambiente que inciden en la conducta criminal.

Como mencionaba inicialmente la economía excede en lo absoluto al uso de la fuerza, el tiempo nos ha enseñado lo mucho que ignoramos sobre el mundo, nos falta mucho por aprender para poder diseñar políticas públicas eficientes. Recordando un poco lo dicho por Tim Harford, el objetivo de aceptar esta complejidad y de su reconocimiento no es impartir un mensaje nihilista sobre la realidad, el objetivo que perseguimos es incentivar a la comprensión multidimensional de cada una de estas problemáticas. La exposición que se va a realizar usa elementos de teoría económica pero también observa y estudia ciertos aspectos de importancia que pueden ser entendidos mejor desde la epistemología de áreas como la sociología o la psicología.

El primer ambiente que el ser humano experimenta en cuanto abre los ojos es el hogar. La familia, según la psicología, es un elemento capaz de definir la vida futura de un ser humano. Según Roemer (2001), una situación familiar conflictiva puede incentivar la conducta delictiva. Existen tres elementos que definen el grado de la socialización de un sujeto y que pueden ser magnificados o atenuados por la familia: el apegamiento o adhesión que se define como la fuerza del lazo entre el niño y sus padres. Este elemento es capaz de definir el grado en que se desea la aceptación de los demás; alargamiento del horizonte de planeación o la capacidad que tiene el niño para calcular las consecuencias de una acción y por último la conciencia, mejor definida como la capacidad de aplicarse un cierto nivel de autocastigo o auto premio según nuestras acciones.

Muestra temprana de desarrollo permite limar y crear conceptos, durante nuestra infancia carecemos de la experiencia para elegir por nosotros mismos, de manera que las experiencias y conocimientos que se nos transmiten en esta época, sea por medio de la educación paternal o por las conclusiones a que nos llevan nuestras experiencias se convierten con mucha renuencia en la visión que usaremos en adelante para interpretar el mundo.

Las relaciones humanas tienen su papel en el desarrollo de la conducta, este primer contacto tiene la posibilidad de influir en las conclusiones que obtenemos en otras etapas del crecimiento. El enfoque psicológico nos explica que primero los seres humanos en búsqueda de un yo ideal no intentan decidir bajo un criterio de gustos definido, sino que en realidad el yo ideal surge de un equilibrio entre las experiencias pasadas y el deseo humano de aceptación y cariño influido a su vez por el ambiente, bien o mal conceptualizada la “normalidad” psicológica está determinada por estos enlaces que solo en caso de un fuerte golpe llegan a romperse.

Según Rutter (1978) las escuelas que poseen estudiantes con un nivel intelectual más adecuado y un sistema ético claro y justo tal que se premie el buen desempeño y se utilicen procedimientos de disciplina buenos y justos suelen tener la capacidad de disuadir el comportamiento criminal. Los lineamientos éticos que percibe el individuo pueden formar un sistema de valores social o antisocial según la importancia del ambiente en la escuela y en la casa bajo estos parámetros; son elementos que deben ser tenidos en cuenta a la hora de elaborar políticas públicas que deseen como hemos mencionado desincentivar la conducta delictiva. Es evidente que una mayor atención al menor en sentido psicológico no solo físico es un elemento que puede limitar los alcances e índices de delincuencia además de generar bienestar social en todo sentido.

Los mecanismos sociales, siguiendo la lógica de Olson (1998), son otra de las variables relacionadas con la conducta criminal, o quizás en vez de otra variable son una explicación de modo en que la interacción con el ambiente funciona. Del mismo modo en que el ambiente temprano puede incentivar la conducta criminal estos incentivos que Olson determina incentivos selectivos pueden aplicarse para incentivar una conducta distinta. Olson explica que hay incentivos que censuran ciertos comportamientos, moral o explícitamente, cuando un niño se roba el lápiz de su compañero la censura posterior es un incentivo selectivo; es decir que se aplica a ciertos casos y ciertas conductas basándose en esta naturaleza de “buscar la aceptación del medio” y usándola para moldear en mayor medida los criterios de selección del ser humano.

El ser humano crece y se relaciona cada vez con más personas, según la mayoría de psicólogos la educación y su funcionamiento depende en gran medida de las labores realizadas en el hogar, pero conforme el ser humano crece sus círculos de interacción se vuelven cada vez más complejos. Lugares tales como el colegio, los primeros amigos, el lugar de trabajo ejercen su papel en la formación de los valores y conducta de la persona. Estos ambientes están definidos sustancialmente porque son lugares de interacción con otros seres humanos y porque como es obvio en estos ambientes existe un orden institucional capaz de compeler al hombre a cierta conducta. Según explica Roemer los ambientes como la escuela proveen en ocasiones un ambiente propicio para expresar el rechazo a los valores y permiten que el individuo empiece a comportarse de manera antisocial.

Una vez el individuo crece y se inserta en la dinámica criminal, más que el individuo mismo lo que se hace realmente importante es la comprensión del fenómeno y de las variables que se relacionan con él. La práctica y experiencia que han dejado el tratamiento del crimen han hecho evidente que como mencioné en un inicio, la respuesta basada en la fuerza no tiene que ser necesariamente la más eficiente, un conocimiento de la situación demostrará que cada variante del problema tiene sus propios motivos y que estos reaccionan a cada política de un modo completamente distinto.

Existen dos situaciones que pueden ser tratadas por las políticas públicas: el miedo al crimen y las tasas de criminalidad misma. El miedo al crimen debe su importancia al impacto que es capaz de generar en la estabilidad institucional y en las convenciones y costumbres relativas a una comunidad. Como economistas sabemos que el modo para llevar acabo la producción y las transacciones es importante y que como es obvio los incentivos son importantes, una sociedad acostumbrada a resolver por sí misma los problemas y con bajos incentivos a la producción será más infeliz y menos productiva. Como economistas más que la percepción de daño sobre las victimas, que es algo que corresponde plenamente al derecho, nos interesa en sobremanera el impacto que tiene el crimen en la estructura económica y por ende los mejores métodos para tratarlo y prevenirlo.

El miedo al crimen puede ser disminuido por darle tratamiento a las variables ambiente, según Roemer apariencia de orden y seguridad pueden mejorar la percepción y disminuir el miedo en la población, incluso si las tasas de inseguridad son exactamente las mismas. Como es evidente es un efecto marcador, incurriendo en costos mucho más bajos que los ataques a las tasas de criminalidad por medio de la fuerza. Una comunidad puede mantener sus calles limpias, mejor iluminadas, pueden estar diseñadas de modo que aumenten la cantidad de “ojos en la calle”, reubicar la indigencia, etc. Según sabemos esto aunque no disminuirá las tasas de delincuencia si transformará la variable más relevante en materia económica, el miedo.

Ahora la prevención misma del crimen que es en últimas la causa máxima del problema que nos compete la situación es mucho más compleja, en primer lugar porque el miedo se retroalimenta de otros problemas y los retroalimenta, problemas que en primer lugar es difícil definir en materia de políticas públicas y difíciles de tratar y comprender. La pobreza, el porte de armas, por ejemplo, son problemas políticos que están relacionados y no mejor delimitados o comprendidos políticamente. En el próximo escrito abordaremos tres elementos que inciden en las tasas de delincuencia: la pobreza, la eficiencia de las cárceles y la coerción política y como no, siendo economistas haremos una comparación en los costos conocidos de cada una de las formas de coerción con las que puede abordarse el problema.

Referencias

Olson, M. (1998). La lógica de la acción colectiva.

Roemer, A. (2001). La economía del Crimen. (Editorial Limusa, Ed.) (1st ed.). México D.F.

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