Infancia, derechos y políticas públicas

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Laura Esther Moreno Rojas

El artículo presentado por el profesor Eduardo Bustelo (BUSTELO, 2005) plantea dos aspectos significativos, uno relacionado con las diferentes  concepciones de infancia y adolescencia que van desde la compasión, la inversión social y el emergente enfoque de derechos, y el otro el análisis de las diferentes relaciones de dominación que se establecen sobres los niños, niñas y adolescentes.

Múltiples enfoques, análisis, estudios y conceptos que generan un conjunto de acciones, programas y políticas y por supuesto, una amplia gama de actores intervinientes, que se soportan en la expansiva difusión mediática y la “preocupación” pública que el tema de la infancia tiene en la industria cultural. Lo que podría estar “definido” se vuelve propenso a ambigüedades ocultando relaciones sociales de dominación.

En este trabajo el autor se concentra en la forma más general e ideológica de trasmisión de las diferentes relaciones de dominación que se establecen sobre la infancia y la adolescencia. La familia, la escuela y los medios de comunicación son las instituciones que dejan marca en el desarrollo de la infancia y adolescencia. Por otro lado, destaca la importancia del Estado como un espacio público significativo en la lucha política por los derechos, dadas las dificultades que la infancia y la adolescencia tienen para auto representarse como actores en un escenario democrático.

La biopolítica de la infancia

Asumiendo la infancia como etapa de vida, pero haciendo hincapié en su condición subordinada, Bustelo desde la lectura de la biopolítica término utilizado por Foucault para analizar la relación del poder con el cuerpo viviente y al mismo tiempo con la construcción de subjetividad, postula que el poder actúa en la regulación de los cuerpos y en la construcción de la subjetividad, y es capaz de absolutizar un dominio por encima del consentimiento de los sujetos. Desde esta fisonomía, plantea como hipótesis central que el sistema vigente interviene sin resistencias, para plasmar una mirada hegemónica de la infancia, donde la docilidad del niño nos habla, no de su voluntad, sino de su subordinación. Un estado de máxima precariedad, en la que se condena a la muerte, a una infancia carente de futuro, pero donde prevalece la impunidad de una sociedad que conoce las causas, pero carece de la voluntad para removerlas. Los “niños de la guerra”, como se ha llamado, representan, en este sentido, la extrema instrumentalización de la infancia.

El autor afirma que la pobreza y la riqueza no son sólo una distribución estadística, tienen que ver principalmente con la igualdad. La pobreza se da al interior de relaciones sociales asimétricas asociadas en última instancia a la distribución del poder económico. Para una política por y con la infancia también el centro de la cuestión es el poder: esto es, si este puede ser determinado en una dirección opuesta a la opresión que genera la pobreza y/o puede producirse un contrapoder que emancipe las víctimas de su opresión. No hay políticas para la infancia “fuera” de la política que por lo tanto no pasen por la construcción de relaciones sociales más simétricas. En este sentido analizar la situación niño/a adolescente pobre, no relacionándolos a los procesos económicos de concentración de ingresos, riqueza y poder, es como trabajar por su reproducción.

Así entonces la biopolítica puede ser pensada como la capacidad regulatoria del poder sobre la vida pero también como “tanatopolítica” o sea, la política de expansión de la muerte. La muerte de niños, niñas y adolescentes es la forma más “silenciada” de la tanatopolítica moderna. En este caso, la muerte masiva y cotidiana de 30.000 niños/as y adolescentes por día, lo que aparece completamente “naturalizado”, sumado a la destrucción de escuelas, hospitales, insumos escolares y de salud básica dañados y sistemas de agua potable sin funcionar.

Biopolítica y subjetividad

El segundo dispositivo de la biopolítica está relacionado al bíos, esto es, los dispositivos destinados a la construcción de la subjetividad, que buscan controlar la vida desde adentro mismo del sujeto. Es la sociedad del control. En el caso de la infancia y la adolescencia, esta construcción abarca tanto la visión de los adultos sobre los niños como la propia de los niños/as y adolescentes y su relación con los adultos y el mundo.

En el caso de la infancia y la adolescencia es un “deber” despótico, sin apelativos a los adultos. La imparcialidad a su vez se refiere a su supuesto carácter “objetivo”: coincidencia “pura” y plena con una “realidad” ante la cual sólo cabe someterse. En esas condiciones, la distorsión sistemática de mensajes consigue abolir incluso las propias dimensiones a través de las cuales puede juzgarse su “deformación” y de ese modo volverse invulnerable a la crítica. En el campo de la infancia como en ningún otro, se cumple el principio que una relación de dominación para ser efectiva, debe permanecer oculta. Funciona como lo dice el autor como una máquina de captación de incautos o de “lavar” conciencias.

Bustelo afirma que el primer enfoque que prevalece sobre la mirada de los niños, niñas es el de la compasión, presentándolos como seres indefensos e inocentes no imputables y en este sentido ¿cómo no ayudarlos, cómo no movilizar los sentimientos? Los medios de comunicación masiva abusan en la presentación de este discurso, promocionando la ayuda social “meritoria” y personas “ejemplares”, acuden a situaciones y casos extremos de abuso, trata y explotación de niños/as y adolescentes con el fin de vender espacios publicitarios.

Esta estimulación busca  la sensibilización de la población, que es la base de la construcción de un contexto “compasivo” que se queda sin cuestionar realmente cuál es la base de la explicación de la infancia pobre, por ello se plantea que lo que les sobra a unos es lo que otros necesitan y así solo sería suficiente poner en contacto al donante y al necesitado. La crónica mediática también es explícita en presentar una riqueza obscena como espectáculo que “divierte para beneficiar” a los niños. Aquí el discurso no tiene ninguna pretensión de distorsión comunicativa: los niños son un motivo más para mostrar la riqueza y la pertenencia a los círculos distintivos del poder.

La “inversión”

El segundo enfoque prevaleciente es el de la infancia y la adolescencia como inversión económica que produce una determinada rentabilidad, propagada por los Bancos Internacionales. Así es conveniente “invertir en capital “humano” una paradoja para la más inhumana de todas las lógicas opresivas: la lógica del capital que ahora se hace “humana”. Educar a un niño me conviene y nos conviene aunque no sabemos si a ellos “les conviene” puesto que no conocemos de qué “educación” se trata. Y esta conveniencia, es una conveniencia económica que en términos monetarios se mide como “tasa de retorno”. En otras palabras: este enfoque afirma que la inversión en la infancia se conecta con la posibilidad de crecimiento vía el aumento de la productividad que se desprende de mayores niveles de educación. Este sería además el único camino admitido de la inclusión y la movilidad social.

Bibliografía

ALARCÓN PALACIO, Y. (2011). Constitucionalismo y garantismo en los derechos de la infancia y la adolescencia en Colombia. 122 Universitas, 363-394.

BUSTELO, E. (2005). Infancia en indefensión. Salud Colectiva (en línea), 252-283.

PAUTASSI, L., & ROYO, L. (2012). Enfoque de derechos en las políticas de infancia: indicadores para su medición. Santiago de Chile: CEPAL-UNICEF.

PINILLA ORTIZ, N. (2005). Planeación con perspectiva de derechos: Un derecho de la Infancia y de la Juventud. Bogotá : UNICEF.

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