La globalización no es color de rosa

1907

Gloria Marena Ramos Cañas

“Lo que preocupa es que la globalización esté produciendo países ricos con población pobre”. Joseph E. Stiglitz

El capítulo Cerveza, patatas fritas y globalización, del economista camuflado de Tim Harford es una síntesis argumentativa del libre comercio en el mundo. La globalización ha permitido abrir un mundo de posibilidades para todos en cualquier lugar; sin embargo, esta también ha traído implicaciones negativas para el crecimiento económico de países subdesarrollados en materia de beneficios, no solo porque la especialización de países abre la brecha de desigualdad en el mundo sino porque perjudica terriblemente el medio ambiente y crea beneficios individuales y no colectivos.

Uno de los argumentos a favor que expone Harford es la llamada ventaja comparativa en donde expresa, es la base de la manera en que los economistas piensan sobre el comercio. Si bien, esto permite tener un mercado global y encontrar productos que solo se hacen en un rincón del planeta al otro lado de un determinado continente, como mc Donalds o Starbucks; la disponibilidad de productos en nuestros lugares habituales no siempre traerá consigo una uniformidad global, porque como argumenta Harford, mientras las nuevas ideas surjan, la mezcla de éstas tardará en globalizarse. Otro aspecto positivo que trae la especialización es la idea de que países como China puedan fabricar productos en menos tiempo y más baratos para el servicio de otros que no tienen la misma habilidad y que pueden intercambiarlos por los que ellos sean buenos elaborando. Harford cree que los países deben limitarse a producir solo aquello en lo que son eficientes para mantener beneficios mutuos. Añadiendo el poder diplomático entres países, que abrirá la posibilidad de circular innovaciones tecnológicas que pueden ser la solución a muchos problemas sociales.

Como todo no es color de rosa, una de las implicaciones que más trae polémica es el hecho de que el libre comercio perjudique el mercado local, porque al traer productos más baratos, los que se producen dentro no serán competitivos y así se desprenderán otros factores como el desempleo y la pobreza. Sin mencionar que esto beneficiará solo a países que produzcan materias de interés comercial y en un decir “a la moda”, economías emergentes como la de la mayoría de los países en África o muchos de Latinoamérica se quedarán estancados. Aunque se han tomado medidas arancelarias en países que optan por la globalización, los gobiernos como el estadounidense defienden los intereses de las industrias nacionales pero no la de los habitantes.

Harford plantea: ¿No es necesario detener lo que, de otra manera sería una inundación de productos extranjeros baratos, bajo la cual nuestra industria nacional se ahogará? A lo que responde que no, argumenta que eso no tiene relevancia siempre y cuando cada país se especialice únicamente en lo que es eficiente y lo demuestra con un ejemplo de economía nacional en el que el gobierno prohíbe cualquier importación y resguarda el contrabando, lo que traería consigo que tanto las industrias exportadoras se hundirían como  las inversiones en divisas extranjeras para importar,  agregando que el país se le dificultaría producir lo que antes importaba. Y con lo que no estoy de acuerdo, porque el libre comercio solo beneficia a economías potenciadas como la de Estados Unidos, mientras que en las subdesarrolladas el equilibrio económico se alteraría.

Finalmente se cree que la globalización está arraigada a una estrategia de crecimiento económico que no limita las posibilidades de los países en vía de desarrollo e iguala la competencia para las economías siendo que las ganancias, el modo de producción y distribución de riqueza son las mismas. Adicionalmente, las consecuencias ambientales han ido incrementando con el paso del tiempo porque como argumenta el economista Herman Daly: “el crecimiento aumenta el costo ambiental a un ritmo más acelerado que el de los beneficios derivados de la producción, lo que nos hace más pobre, no más ricos”. Entonces, ¿Vale la pena arriesgar los recursos ambientales por más dinero?

Referencias

Harford, T. (2001). El economista camuflado (p. 344). Grupo       Planeta.

Estrada, F. (2005). Revista de Economía Institucional. Dialéctica de la argumentación económica, 7(12).

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