Sólo es cuestión de ganar

1980

Andrea Marcela Rodríguez Arias

“Si piensas que serás golpeado, serás golpeado. Si piensas que no te atreves, no te atreverás. Si te gusta ganar, pero piensas que no puedes ganar, no ganarás nunca. Si piensas que puedes perder, has perdido. Tienes que pensar en grande. Antes de nada tienes que estar seguro de ti mismo. Las batallas de la vida no son siempre para el más fuerte o más rápido. Tarde o temprano, la persona que gana es la que piensa que puede ganar”, Arnold Palmer.

Un 28 de mayo de 2016, final de la Champions League, San Sirio, el Real Madrid empata uno a uno al Atlético de Madrid, la lucha por la copa sigue en juego hasta llegar a penaltis, donde el Real Madrid gana cinco a tres a su oponente. Zinedine Zidane, director técnico del Real Madrid, emplea un sistema muy táctico y estratégico con el fin de quedarse con la copa, aunque muy criticado por el desarrollo del juego, el objetivo estaba claro, ser el ganador, para eso les pagan.

A los directores técnicos y jugadores no les pagan por tener la velocidad y el regate de Messi, la audacia de Giorgio Chiellini, la retención y el control de la pelota de Xavi, los reflejos de Iker Casillas, la planeación estratégica de Zinedine, o quizá Luis Enrique Martínez. La remuneración que reciben ellos está ligada a ganarle a los rivales, vencer y vencer es el único objetivo, entre más veces venza, mejor estarán posiciones y más llenos estarán sus bolsillos.

Mediante el ejemplo anterior y guiado por el libro “La lógica oculta de la vida” cuyo autor es Tim Harford, se hablará de la teoría del torneo, donde la cuestión es sólo ganar, tal como se expone en las primeras líneas del texto, sin importar las circunstancias; es un invento de dos economistas, Edward Lazear y Sherwin Rosen. Esta teoría es aplicada al campo laboral como una medida de rendimiento relativa, no depende de la productividad del trabajador, sino en base a las diferencias relativas entre un grupo determinado de personas que trabajan en una misma compañía. Así mismo, consiste en enfrentarse entre los mismos compañeros, una competencia por lograr el trofeo, en este caso una mejor remuneración, un viaje, bonos y demás incentivos propuestos por el jefe.

En relación con nuestro ejemplo inicial, podemos determinar que el trofeo es la copa, el prestigio y una suma de dinero que les permite a los jugadores tener mayor satisfacción y cotización en el mercado del futbol, la única regla es destacarse sobre los demás compañeros. Analicemos como los futbolistas reaccionan ante los incentivos, es una estrategia meramente racional, están buscando aquella canasta que le dé mayor utilidad. Sin embargo, este modo incita a la deslealtad, en términos mencionados por el autor de la obra, “los incentivos típicos de un torneo hacen que resulte perfectamente racional para los subalternos apuñalarse unos a otros por la espalda”. Es evidente que en el campo de juego durante un partido de futbol se cometen faltas voluntarias o no voluntarias, que estratégicamente sirven para pitar un penal, cobrar un tiro libre o cambiar el rumbo del juego, desde mi perspectiva es meramente pérfido pero cumple con el objetivo de ganar.

Ahora bien, en el ámbito laboral esta estrategia es un mecanismo que tiene aspectos positivos y negativos; una de los aspectos positivos es que facilita la evaluación del rendimiento laboral, no es necesario establecer un criterio objetivo que mida el rendimiento de productividad, sino que sólo se comparan los trabajadores entre sí, bajo la condición que debe existir una diferencia sustancial en el abanico salarial que constituya una base realista, que permita la competencia entre los trabajadores para ser promocionados, cuando existe una extensión excesiva del abanico salarial se puede dañar la cooperación entre los trabajadores. En cuanto a aspectos negativos, con relación al anteriormente mencionado, la deslealtad, encontramos que esta técnica genera dentro del ambiente laboral, malas relaciones entre los trabajadores, ocasionando diferencias y rivalidades entre todos los miembros de la empresa, llegando a influir negativamente en la productividad.

Para terminar, aunque existan diversos métodos para evaluar e incentivar la productividad de los trabajadores, es conveniente emplear el más apropiado, como se expuso anteriormente, el método del torneo es un buen mecanismo siempre y cuando se aplique en el ámbito laboral correcto, o por el contrario, traería resultados desastrosos para la compañía. No obstante, hay que dejar claro que los trabajadores atienden a los incentivos de manera racional, buscando siempre la mayor utilidad.

Bibliografía

Harford, T. (2009). La lógica oculta de la vida: Cómo la economía explica todas nuestras decisiones. (p. 347). Madrid: Ediciones, temas de hoy.

Un panorama sobre las tendencias recientes en la gestión pública de los recursos humanos. José Luis Ruiz Álvarez. Ministerio de Economía y hacienda. Enero 2006. Disponible en: http://www.ief.es/documentos/recursos/publicaciones/revistas/presu_gasto_publico/41-03_JoseLuisRuizAlvarez.pdf

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