El debate, el deporte de los antiguos sabios

1996

Bryan Snehider Diaz

Muchos son los actores que define la realidad económica y social de un conglomerado, cada uno de estos actores interactúan mientras persiguen denodadamente ciertos intereses. La forma en que los seres humanos se organizan es importante para entender la naturaleza de la actividad económica, de modo que las decisiones que se toman y los intereses de los actores son absolutamente indispensables en una sucinta comprensión de la realidad.

Más allá de intentar explicar la teoría de las organizaciones, deseo aplicar algunos de sus postulados en el análisis de la eficacia de los debates como herramienta de formación profesional. Esta relatoría se realiza dentro de las actividades de debate llevadas a cabo el día 24 de agosto del 2016, con objetivo de discutir las estrategias y realidades inherentes a la educación; el texto se escribe suponiendo que el lector leyó la introducción a esta columna que explica los por menores sobre cómo se realizó el debate.

Con objetivo de mantener una estructurara diferenciada el texto se dividirá en dos partes: La estructura del debate como herramienta pedagógica y participativa y la síntesis de la percepción de los estudiantes con respecto al plan de estudios y la educación en Colombia. En esta primera parte, más allá de tomar una postura con respecto a la actividad, mi interés estriba en analizar el debate y su funcionamiento para articular aquello que se evidenció en un potencial sistema de reglas de juego que permitan convertir esta actividad en un mecanismo eficiente, pedagógico y libre. Para cumplir este objetivo voy a partir de la literatura sobre organizaciones, incentivos y contratos de Milgrom & Roberts (1993).

Si observamos la empresa como una organización de individuos que se instituyen y estructuran para lograr objetivos que de otro modo serían inalcanzables para ellos (Leon, 2014) podemos concebir el proceso de aprendizaje universitario como empresa particular; poseedora de una estructura jerárquica, de un capital social e interesada en la consecución de determinados objetivos, que se revelan en la interacción entre la docencia, los estudiantes y la institución universitaria.

Según la teoría contable el objetivo social de toda organización con ánimo de lucro es generar utilidades, no obstante ciertas organizaciones no funcionan bajo una lógica tan simple. Asumir simplemente que se puede inducir una conducta partiendo de un grupo de incentivos monetarios funciona en cierto tipo de mercados que tiendan a la competencia perfecta tales como los mercados negros, no obstante en organizaciones como las de tipo universitario las preferencias de los individuos se estructuran entorno a un objetivo muy diferente: la universalización del conocimiento.

Para Milgrom & Roberts (1993) la empresa debe incentivar todas aquellas actitudes que esta considere deseables teniendo en cuenta sus objetivos como organización. El modo más universal para definir las actitudes deseables es ponerlas en una relación directa con el esfuerzo, que alejándose de la teoría marxista se define como toda aquella actividad que puede generar un beneficio a la organización y a su vez es onerosa para el trabajador.

Las políticas aplicadas formal e informalmente por la organización deben buscar incansablemente incentivar estas conductas, no obstante la realidad es compleja, las transacciones estarán determinadas por ciertos atributos, tales como la especificidad de los activos, la frecuencia con que se realicen las transacciones y la complejidad inherente para medir el comportamiento, teniendo esto en cuenta ¿Qué debería hacerse para utilizar el método deliberativo (debate) como herramienta para generar conocimiento? Existen ciertas clases de incentivos que bien equilibrados entre ellos pueden arrojar una solución a nuestro interrogante.

Dado que nuestro objetivo es a la apropiación social del conocimiento las reglas deben incentivar toda actitud que facilite dicha apropiación, los estudiantes deben desarrollar un genuino interés por participar en el debate, generar contraposición de ideas, desear informarse y aportar informadamente durante el proceso. Los procesos de retroalimentación suelen facilitar el aprendizaje, los seres humanos aprenden con mayor facilidad aquellas ideas que usan en una disertación o en una conversación, de modo tal que una participación activa e informada son los objetivos de nuestro diseño de incentivos.

La primera clase de incentivos son los incentivos explícitos, en el mundo empresarial se conocen como “el método de pago a destajo”. El pago a destajo consiste en poner en directa relación la productividad del trabajador con el pago que este recibirá en compensación. El mecanismo destaca por su sencilla elegancia, y la impecable lógica que lo sostiene; si el pago es deseable para los sujetos estos a su vez se comportarán del modo en que desea la organización. En nuestra organización los pagos explícitos son sin lugar a dudas las notas.

La sencillez de este modelo puede llevarnos a un abuso de sus posibilidades sin detenernos a precisar que su funcionamiento depende de las características propias de la organización para que el pago a destajo funcione, se requiere que la transacción pueda ser completamente verificable, es decir que podamos establecer una unidad mínima de referencia productiva y que pueda verificarse con cierta exactitud el trabajo individual; además de aislar factores exógenos que puedan inflar artificialmente el verdadero esfuerzo del trabajador.

La puntualidad más importante en el sistema de pago por incentivos explícitos es que si establecemos una relación con la producción podríamos desincentivar a su vez otras conductas difíciles de medir pero que son importantes para la organización, en este sentido nuestra organización enfrenta serias dificultades en cada una de las puntualidades anteriormente mencionadas.

La primera dificultad radica en que al manejarnos dentro del ámbito de los activos intangibles es imposible para nosotros establecer una unidad mínima que debamos premiar. ¿Qué es deseable dentro de un debate? ¿La participación? ¿El proceso anterior de información? ¿La participación interesada pero poco informada? Es muy difícil establecer criterios completamente claros sobre lo que es deseable y sobre cómo medirlo, deseamos una participación interesada e informada pero dada la teoría de las organizaciones, en un ambiente donde es difícil establecer una relación biyectiva entre esfuerzo y ganancia sería recomendable reducir el nivel de incentivos que dependen del pago a destajo.

No obstante esto no significa que debamos prescindir completamente de ello, si bien la motivación que parte de la nota puede no generar un genuino interés puede constituir el primer paso para lograrlo, además la participación equilibrada e interesada independiente de la motivación puede servir a su vez como motivación social para otros individuos, sin embargo un abuso de este sistema podría generar una actividad aburrida con personas recitando al pie de la letra un mensaje que no atinan y no están interesadas en comprender.

¿Cómo Deberíamos equilibrar los incentivos específicos? Está claro que poseemos un problema de agencia, es decir el bienestar de un grupo de individuos se delega en otros, los cuales podrían no tener ningún interés en perseguir el bienestar del grupo. Según Przeworski (1998), ante problemas de verificabilidad es posible generar competencia entre los agentes para que por medio de las comparaciones sea posible ejercer alguna clase de regulación.

Teniendo en cuenta la subjetividad a la hora de evaluar, el sufragio puede erigirse en un excelente mecanismo de evaluación, está claro que el sufragio más que una evaluación de desempeño es una evaluación retórica, pero a pesar de esto ser capaz de convencer obligará al expositor a informarse sobre la temática. La competencia inherente ya funciona de por si como un incentivo bastante bueno, la presión social y el deseo de no quedar en ridículo se constituyen en mecanismos adecuados para sacar lo mejor de cada sujeto, si a esto le añadimos un componente explícito seguramente la competencia alcanzará su punto más álgido.

La ventaja de evaluar por medio del sufragio es que teniendo en cuenta la subjetividad evaluativa del debate, tener en cuenta multitud de percepciones elimina el sesgo de un único evaluador, además de que crea un nuevo sistema de reglas, donde la persona tiene una idea completamente clara de bajo que estándares será evaluado. Es importante insisto no abusar de la subjetividad de dicho componente, pero por lo general puede ser útil.

Otro mecanismo de regulación que podría funcionar es añadir una parte discrecional a la evaluación técnica realizada por el docente. Si bien es completamente subjetiva, la mayoría de los individuos son conscientes de lo que implica una evaluación técnica por lo que el componente discursivo deberá evidenciar manejo del tema,  la suma de estas dos evaluaciones pueden arrojar una evaluación final, la medida de importancia que le daremos al incentivo explícito será el tamaño de la nota. Es difícil para mí establecer una magnitud clara, para perfeccionarla es necesario acudir al mecanismo de prueba y error.

El mecanismo de selección de un representante por grupos es ideal, volviendo un poco a la literatura de (Milgrom & Roberts, 1993) ofrece la clase de incentivos que atraerá a las personas genuinamente interesadas y alejará a aquellas que no lo estén; esta situación nos pone de cara a dos problemáticas que no pueden ser evitadas, primero la existencia de free riders y segundo la monopolización del debate. Con ciertas reglas de juego podríamos lidiar efectivamente con ambos problemas.

El objetivo de los incentivos es importante aclarar no es generar una participación masificada, que incluya aquellos individuos que definitivamente no están ni estarán interesados en la actividad (que sería lo que se lograría generando incentivos explícitos demasiado fuertes) esto desvirtuaría la esencia del debate, lo haría largo y aburrido. La participación debe ser y seguir siendo voluntaria, los incentivos deben estar pensados solamente para dar el impulso adicional a aquellos que se debaten entre participar y no hacerlo.

De modo que teniendo en cuenta estos objetivos para lidiar con el problema de los free riders lo que si sería deseable, y en cierto modo verificable, es generar que los estudiantes se informaran sobre la temática que se va a debatir. El costo de informarse es el mismo que se asume en cualquier otra actividad académica, existe la probabilidad de que haga cambiar de parecer al estudiante sobre su participación dado que en un ambiente deliberativo si tenemos una opinión seremos propensos a manifestarla, esto de por si generará en todo sentido una externalidad positiva.

¿Cómo deberíamos verificarlo? Una opción es que el profesor elija al azar un miembro del grupo para sustentar con el miembro elegido, y posteriormente asigne haciendo uso del mecanismo anteriormente mencionado una nota a dicho estudiante, la participación estaría equilibrada entre la percepción del público y la percepción más técnica del docente, que a diferencia de otros métodos de evaluación como la redacción generan un costo mucho más bajo para el docente.

Esto no es todo lo que se puede mencionar sobre el mecanismo de evaluación, nos quedan pendientes los incentivos implícitos y las minucias operacionales que podrían hacer al debate más eficiente generando una regulación flexible que en últimas desemboque en una institucionalidad clara por cuyos conductos el conocimiento se distribuya de la mejor manera posible.

Referencias

Leon, I. de. (2014). Aprendizaje criminal en Colombia. (E. de la U, Ed.). Bogota.

Milgrom, P., & Roberts, J. (1993). Economía, organización y gestión de la empresa. (A. S.A, Ed.) (1st ed.). Barcelona.

Przeworski, A. (1998). Acerca del diseño del estado: una perspectiva principal agente. Revista Argentina de Ciencia Política.

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1992. Debate por la educación: Elección del tema a debatir

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