Latinoamérica

1997

Camilo Andrés Caro Durán

Desde la isla serranilla en el archipiélago de San Andrés de providencia y santa Catalina en Colombia, hasta el islote águila en las islas Diego Ramírez en chile, tenemos un terreno conocido como LATINOAMERICA. Un pueblo sin piernas pero que camina, un continente expuesto, pero con millones de secretos, con historias y pueblos escondidos, lo que se podría definir como el continente más rico del mundo en el que la gente muere de riqueza, un paraíso vuelto infierno por el hombre blanco, el cual llego a irrespetar y a invadir lo que no tenía que perturbar. Un pueblo escondido en la cima, mano de obra campesina para nuestro consumo, un pedazo de tierra que vale la pena, una cultura arrebatada por los ignorantes, el pulmón del mundo, el mar caribe que vigila las casitas, somos todos los santos que cuelgan de nuestro cuello, porque el abono de nuestra tierra es natural.

Muchos salen a conocer el mundo, cuando ni siquiera conocen su propia casa, salen a aprender historia sin conocer la suya propia, salen a admirar la torre Eiffel sin conocer lo lindo de la selva amazónica, van a la estatua de la libertad, sin antes haber visto la grandeza de las cataratas de Iguazú. Se sorprenden del Taj Majal sin ver el santo del ángel, la gran capital Tokio, sin haber sobrevolado el lago Titicaca, salen a admirarse con los jardines colgantes, sin antes viajar a las galápagos, salen a conocer la civilización sin haber conocido Machu Pichu, salen a ver el vaticano, y recibir la bendición del papa, sin permitirse compartir con las grandes y verdaderas culturas, Quechuas, Navajos, Mapuches, Pijaos, Zampoñas, Mayas, y poder sentar a masticar matas de coca con los Arhuacos, ver un sombrero tejido por los Koguis.

Llevamos de historia lo que lleva el mundo, y no la cuentan personas, la emiten nuestras cordilleras, la gritan nuestros volcanes, vivimos donde el sol nace, donde la luna camina, donde los tesoros más bonitos son la comida. Nacimos donde los animales bendicen la tierra, y la tierra bendice los animales, donde hay fiestas y carnavales, donde la gente nos saluda con una sonrisa, y nos despide con una linda mirada, donde nuestro color de piel no importa, donde lo que está contaminado no son los ríos o la atmosfera, si no la ciudad, y los poblados desarrollados. Un pueblo que aun por encima de todo sostiene su bandera, el que no quiere a su patria no quiere a su madre, la nieve que maquilla las montañas, el sol que nos seca, la lluvia que nos baña, nuestros pulmones respirando azul clarito.

Tenemos que aprender de nuestros indígenas que trabajan bruto pero con orgullo, ser conscientes del daño que les hemos hecho, de la sangre que hemos derramado en sus manos, en nuestros ríos, en nuestras selvas, lo salvajes que les demostramos ser, las etiquetas que le ponemos a los mares, la invasión que le hacemos a las montañas, la explotación que pone a gritar nuestra pacha mama, la que siente, la que a diario agoniza, se queja y nadie la entiende. Tenemos que plantar nuestros pies como raíces en esta que es nuestra tierra.

Aquí no hay cuchillos ni pistolas, aquí hay muchas cacerolas, mucho sol, mucha playa, muchas olas. Aquí todo es melaza, somos una fusión de sacrificios al sol, a la luna, a la tierra, el resultado de la bendición de nuestros ancestros, a quienes solamente decepcionamos y manchamos su apellido.

No debemos dejarnos llevar, todos somos idénticos, tenemos el antídoto para los que no están, para los que están y para los que vienen. Como quien dice me propuse a recorrer el continente entero, sin brújula, sin tiempo, sin agenda, inspirado por las leyendas, por historias empaquetadas en latas, por los cuentos que la luna relata. Debemos aprender a caminar sin mapa, a irnos de caminata sin comodidades sin lujos, protegidos por los santos y los brujos, y con un mismo idioma sacudir todo el planeta. Aprendí que mi pueblo todavía reza por que las  autoridades y la realeza todavía se mueven por debajo de la mesa, aprendí a tragarme la depresión con cerveza. En nuestra sonrisa se ve una guerrilla, una aventura, un movimiento, nuestro lenguaje y nuestro acento, debemos descubrir lo que ya está descubierto, irnos pal norte sin pasaporte, sin transporte, a pie como un nómada, hidratándonos con lo que reflejan nuestras pupilas.

Nota. Esta columna está basada en el documental: Calle 13 (2009). Sin mapa [Vídeo]. Disponible en:

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