¿Es el hombre dueño de sus pensamientos?

2007

Bryan Snehider Diaz

Siempre he considerado el cerebro humano como un enorme interrogante en sí mismo, la mente humana es capaz de muchas cosas; algunas de sus funciones más importantes se realizan de forma automática de modo que pasamos por alto su existencia sin maravillarnos por la enorme complejidad con que funciona este circo de poleas neuronales con que percibimos el universo.

El ser humano nace con él atributo del pensamiento, pero el pensamiento es un atributo del individuo por lo cual el hombre no posee la capacidad de comunicarse implícitamente con sus congéneres. Esto no obstante no es impedimento para formar estructuras organizativas y para cooperar con sus semejantes en la consecución de toda clase de objetivos; según Adam Smith (1776) el ser humano es capaz de organizarse gracias a las excelsas capacidades del lenguaje.

Los equilibrios económicos no pueden entenderse como resultados de un proceso de pensamiento colectivo, solo son el resultado de agregar las preferencias en conflicto de muchas personas. Si las personas se ponen de acuerdo en llevar a cabo una acción durante un proceso de negociación esto no puede entenderse como un mecanismo de pensamiento colectivo, para que exista pensamiento colectivo las decisiones y los equilibrios económicos deben ser susceptibles a ser explicados por teorías que excedan la racionalidad individual. Debe existir un mecanismo de comunicación y coordinación que mantenga la estructura social viva independiente de los sujetos que la componen.

Para ejemplificar de una manera más exacta evocaré un fragmento de conversación que Tywin Lannister mantuvo con su hija Cersei en la ahora famosa serie juego de tronos. En ella hacían referencia al banco de hierro de Bravoos, una institución antiquísima que se destacaba por dos aspectos: su desbordante riqueza e implacable reputación; todos acordaban que el banco de hierro siempre obtenía de vuelta aquello que le pertenecía

Y cito: “—Debe haber alguien en el banco de hierro con quien puedas hablar, llegar a un arreglo. —El banco de hierro es el banco de hierro, no existe un “alguien” —Alguien trabaja ahí está compuesto por personas —Y un templo está compuesto por piedras, una piedra se desmorona y otra toma su lugar” (Benioff & Wiess, 2009)

El fragmento es exquisito retóricamente pero sobre todo es muy revelador, pareciera sugerir la existencia de algo semejante al razonamiento colectivo, como si las grandes organizaciones tuvieran vida propia, y pudieran seguir existiendo incluso si los elementos que les dieron vida inicialmente dejaran de existir.

La teoría económica mezcla de un modo muy interesante el pensamiento individual con el razonamiento colectivo, muchas de las grandes corrientes económicas como el institucionalismo hacen referencia a estructuras de pensamiento que están influenciadas por elementos más allá del razonamiento individual. Los seres humanos creamos reglas de juego para vivir en sociedad, y estas reglas funcionan por encima de nuestros razonamientos y deseos individuales; no se pueden entender como un equilibrio de mercado en el sentido de agregar las preferencias individuales sino que son mecanismos de organización intuitivos que seguimos sin darnos cuenta de ello.

Schelling (1964) en su teoría de la decisión interdependiente pone los fundamentos de lo que pareciera ser un sistema de pensamiento colectivo: “La negociación tácita”. En ella las personas son capaces de ponerse de acuerdo sin estar en contacto directo acudiendo a conocimientos estratégicos que ambos consideran son de manejo común, como cuando nos perdemos en un centro comercial y acudimos por instinto a la zona de recepción, o cuando dos ejércitos que no quieren entrar en combate acampan justo a uno y otro lado del río.

Todo esto tiene su epicentro en la teoría de la división del trabajo de Adam Smith (1776). Los seres humanos nos incluimos en las grandes autopistas de pensamiento e información primero porque la información tiene un coste, reducimos el coste de razonar sobre la esencia de la vida o sobre el bien y el mal asumiendo que es aquello socialmente aceptado por las mayorías y segundo porque el hombre ha aprendido por medio del ensayo y el error que especializándose puede aumentar su bienestar.

No obstante la especialización del trabajo y la innovación surgen de una estructura poderosa de incentivos, tal como lo decía Adam Smith: aquel muchacho encargado de doblar el alambre encontrará más tiempo para actividades que el considere placenteras si desarrolla algún artilugio que haga el trabajo por él. Es la mente del sujeto la que haciendo uso de nervio y músculo decide para su propio beneficio encontrar formas más efectivas de hacer las mismas cosas.

De allí es fácil inferir por ende que en persecución de sus propios intereses egoístas las personas son capaces alcanzar el bienestar social, si todos somos capaces de encontrar maneras más eficientes de hacer las cosas aportaremos poderosamente a la civilización industrial. La visión es profunda y objetiva pero tal como nos enseñó Jonh Nash, le falta una pieza: las ventajas inherentes a la organización

Las organizaciones golpean la pretensión del egoísmo racional, si bien es cierto que muchos de los grandes avances de la civilización pueden explicarse usando la lógica de Smith; la creación de las empresas o la existencia de los grandes carteles no pueden ser explicadas por medio de la teoría económica clásica. Los supuestos sobre costos de transacción y externalidades deben levantarse para poder entender realmente el funcionamiento del mundo.

Ambas formas de racionalización, el razonamiento social como individual sobreviven en el inmenso mar de la economía tal como lo ejemplificaba Ronald Coase (1960), no podemos ir tan lejos como para afirmar que existe algo semejante al pensamiento colectivo, pero sí que existen estructuras de interrelación que permiten al hombre obtener ventajas notables de la realidad que lo rodea.

La cooperación entre seres humanos en situaciones de dificultad tanto o más que el egoísmo racional han aportado al desarrollo de la civilización; en este punto es importante señalar que el pensamiento colectivo explicado como la existencia de un cerebro colectivo, si podemos observar que los seres humanos poseen preferencias sociales y son capaces crear mecanismos muy afinados de acuerdo tácito, más que razonamiento colectivo podríamos llamarle: “pensamiento social”.

Conforme existen mayores incentivos a la cooperación, las personas crearán dichas estructuras más seguidamente, experimentos tales como los realizados por (Castillo, 2008) demuestran que la cooperación es sensible a los niveles de retribución marginal por la cooperación, en este sentido la economía experimental posee un arsenal instrumental para explicar esta clase de fenómenos.

La importante de la economía experimental en esta labor, es que intenta comprender desde la práctica el modo en que cooperan los seres humanos; muchos de los grandes problemas del mundo moderno se cimientan en estructuras donde no ha sido posible la cooperación en búsqueda de asignaciones más eficientes en el sentido de Pareto.

Referencias

Coase, R. H. (1960). The Problem of Social Cost. The Journal of Law and Economics, 3(1), 1. http://doi.org/10.1086/466560

Benioff, D., & Wiess, D. (2009). Game of Trhones.

Leon, I. de. (2014). Apredizaje criminal en Colombia. (E. de la U, Ed.). Bogota.

North, D. C. (1995). Instituciones, cambio institucional y desempeño económico. (F. de C. Económica., Ed.). México D.F.

Schelling, T. (1964). La estrategia del conflicto. (E. T. S.A, Ed.) (Primera Ed). Madrid.

Smith, A. (1776). Investigacion de la naturaleza y causas de la riqueza de las naciones.

Milgrom, P., & Roberts, J. (1993). Economía, organización y gestión de la empresa. (A. S.A, Ed.) (1st ed.). Barcelona.

Castillo, M. (2008). Ethnic and Social Barriers to Cooperation : Experiments Studying the Extent and Nature of Discrimination in Urban Peru by, (April).

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