La ciudadanía: Un paso hacia un desarrollo legítimo de lo público

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Diana Cristina Jiménez Arciniegas

En el ensayo “El espacio de la política en la gestión pública”, el interés fundamental de su autor Andrés Hernández es analizar las limitaciones de trasladar los principios, valores y métodos empresariales de la gestión privada a la gestión pública, tomando como referencia los discursos y corrientes que argumentan a favor de un modelo de gestión pública “… que demandan el fortalecimiento de la ciudadanía como actor político en las decisiones estatales…”, para nutrir el debate sobre el modelo que requiere América Latina para enfrentar los problemas de inestabilidad y lograr alcanzar un desarrollo legítimo.

El autor enfatiza “en el papel que la política, lo público y las instituciones juegan y deben jugar en el desarrollo”, que en mi opinión deberían en su inicio lograr ser entendidos y aplicados por cada uno de los individuos desde el papel que juegan en sociedad, reconociéndonos como parte activa que recibe pero a su vez aporta con sus decisiones en la efectividad o inefectividad de la administración pública.

Para sustentar su argumento el autor recurre a reseñar brevemente el origen, rasgos y características del modelo de Nueva Gerencia Pública (NGP) que surge a finales de los años setenta, a la luz de las escuelas y propuestas que tienen como propósito trasladar las técnicas empresariales a la administración pública, y separar la política y la administración. A finales de los años 70 y comienzos de los 80 como resultado de la crisis del estado de bienestar, la reestructuración económica y geopolítica internacional y la incapacidad del Estado de disminuir las inequidades de la sociedad aparece el enfoque que reclama un estado mínimo y un conjunto de iniciativas que direcciona la gestión pública hacia una visión “empresarial”.

La primera corriente que emerge en este contexto es la impulsada por los organismos rectores de la política económica como los son las agencias financieras internacionales, donde en un inicio exigieron el recorte de las funciones del Estado. Una segunda es la llamada ola neoconservadora en política, donde se responsabiliza al estado benefactor de la crisis. Una tercera propuesta es la que plantea la necesidad urgente de encontrar una nueva orientación a la gestión pública, sustentada por los discursos de la crisis de gobernabilidad.

El modelo NGP se caracteriza en primer lugar por el reconocimiento, aceptación y defensa de los valores de eficiencia y eficacia en los procesos de modernización de la administración pública. En segundo lugar, la gestión pública debe ser más autónoma, más responsable y debe delegar el poder en sus gerentes, lo cual se logra fortaleciendo las funciones directivas. En tercer lugar, se considera al mercado como el mejor mecanismo de distribución de recursos y se le delega la provisión de algunos programas y servicios públicos. En cuarto lugar, la NGP se caracteriza por adaptar las nuevas técnicas de dirección general empresarial y las específicas en la gestión pública. En quinto lugar, como un requisito de carácter gerencial y técnico es el diseño e implementación de nuevos mecanismos e instrumentos de  evaluación y rendición de cuentas. La última característica es considerar a los ciudadanos como clientes.

El interés fundamental del autor en la segunda parte del ensayo es exponer algunas corrientes críticas frente a la concepción de la NGP y resaltar las limitaciones de aplicar los valores y técnicas consideradas universales en este modelo empresarial de gestión a una administración pública que tiene un alto contenido predominantemente político.

El aspecto más interesante en este punto es la corriente que plantea la necesidad de construir modelos de gestión que reconozcan la particularidad de los valores, de las actividades y de las instituciones del sector público (Moore 1998). Una primera corriente de autores plantean que la NGP y sus herramientas no tienen carácter universal y que es un error concebir la eficiencia (enfocarse en utilizar los recursos de la mejor manera posible) como el motor para lograr la modernización administrativa y una segunda posición resalta el valor de lo público de Moore quien afirma que la creación de valor público tiene una naturaleza específica y diferente a la creación de valor en el sector privado. Finalmente se puede afirmar que la especificidad de los problemas públicos hace que sea imposible aplicar técnicas de la gestión empresarial a todos los ámbitos del sector público.
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