La economía del autismo

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Giselle Nayarith Avila Marin

La premisa inicial con la que se emprende el largo camino por la economía y la dinámica bajo la cual se toman decisiones es, de entrada, falsa e inconsistente: el hombre no es del todo racional. Las decisiones que tomamos en la cotidianidad, que ingenuamente asumimos son las más óptimas y las que mayor bienestar van a proveernos, están determinadas por una parte mínima de la realidad: la nuestra. En este sentido, dependen de nuestro contexto y la información que tenemos, creando así decisiones sesgadas.

Consumir es parte fundamental de nuestra vida y de la actividad económica. Durante el proceso, establecemos el valor de algo en comparación con las demás posibilidades con que contamos; pero estas comparaciones no son producto estéril del momento justo antes de tomar la decisión sino que se van tejiendo conforme pasa el tiempo y como se mencionó ya, están limitadas por nuestra misma limitación del conocimiento absoluto del mundo.

En ese sentido, el razonamiento que hacemos, con frecuencia, puede tornarse confuso en la medida que dejamos a un lado información valiosa para tomar la mejor decisión y la reemplazamos por pasiones, o aspectos subjetivamente importantes; pero que, en todo caso, nos definen.

Creamos mecanismos de manera inconsciente que se construyen a partir de dictámenes de  la sociedad y sus estándares de comparación que nos facilitan la escogencia ante una disyuntiva. No es nunca sobre qué es lo que quiero y me trae mayor bienestar, sino sobre cómo el entorno logra que algo se convierta en lo que yo considero beneficioso. Como la decisión de tener o no hijos. El concepto de familia es una construcción social que se ha ido transformando con el paso de los años. Tenía un concepto y “utilidad”, en el sentido más frío de la palabra, diferente al que tiene ahora en tiempos de la posmodernidad.

La relación coste/beneficio en términos de percepción para las personas, es ahora más alta frente a lo que solía ser antes; tener hijos implica renunciar a tiempo, aspiraciones, dinero, o incluso la propia identidad: dejar de ser mujer para ser madre. Lo anterior frente a razones que resultan ser egoístas: no sentirse solo, garantizar una vejez digna, o estatus social.

En síntesis, las decisiones están sujetas a condiciones lo suficientemente externas al individuo para ser consideradas propias y lo suficientemente sesgadas por el criterio propio para ser consideradas las más óptimas.

Bibliografía

ARIELY Dan, Las trampas de deseo, Cómo controlar los impulsos irracionales que nos llevan al error. 2011
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3 pensamientos en “La economía del autismo

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