Racionalidad limitada

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Hernán Darío Díaz Esteban

Desde el campo de la economía, el estudio del bienestar ha sido una preocupación constante, sobre la cual diferentes escuelas y pensadores han realizado diversos aportes que sirven como referentes para la formulación de nuevas teorías de bienestar. Porque la aplicación de la teoría del bienestar en formar racional conduce a minimizar los niveles de desigualad social y a establecer una justa medida de distribución de los escasos recursos con que cuenta la sociedad.

Como dice la teoría económica, en los axiomas de las preferencias los individuos son constantes, reflexivos, transitivos en sus gustos y por ende en sus decisiones. Sin embargo los seres humanos “son actores maleables y emocionales, cuyas decisiones se ven afectadas por elementos contextuales, normas sociales y redes sociales locales, y modelos mentales compartidos [1]”.

Este nuevo campo llamado economía experimental toma elementos tanto de la psicología como la economía, para tratar de entender los procesos de toma de decisiones que subyacen a dicho comportamiento en una visión predominante de la naturaleza humana, desde lo que se ha llamado racionalidad, como fundamento de teorías, predicciones y recomendaciones futuras.

Las principales lecciones de estos experimentos a nuestra vida son productos de decisiones arbitrarias que hemos tomado en algún momento pasado y que ahora nos otorgan conciencia de nuestros comportamientos irracionales a través de la posibilidad de mejorar las condiciones de nuestras vulnerabilidades. Una vez hayamos considerado nuestras viejas costumbres decisorias, podremos abrirnos a otras nuevas y a la oportunidad de ver otro día brillar.

Este supuesto básico simplifica y abstrae la simple y persuasiva idea que somos capaces de tomar decisiones por nosotros mismos, cuando en realidad influye un profundo sentimiento de admiración y la actuación de otras fuerzas o variables de mercado. Cuando en realidad la sensibilidad humana es resultado del producto de nuestra memoria como reflejo de nuestras verdades o preferencias absolutas.

Vivimos simultáneamente en dos mundos, uno donde prevalecen las normas sociales y otro donde son las normas mercantiles los que marcan la pauta,  aplicamos normas distintas a esas dos clases de relaciones. El delicado equilibrio entre las normas sociales y mercantiles resulta evidente socialmente, es evidente que las relaciones tienen altibajos pero socialmente son bastante buenas.

Al modelar estas decisiones de forma alternativa y comparándolas con las alternativas disponibles flota en el aire una ley de la acción humana: “para hacer que un hombre codicie algo basta con hacerlo difícil de obtener”. Según Adam Smith «La gran masa de la humanidad está formada por admiradores y adoradores y, lo que me parece más extraordinario, con mucha frecuencia por admiradores y adoradores desinteresados de la riqueza y la grandeza».

El estilo materialista y egoísta no es inherente a la condición humana, la obsesión por la riqueza, y la preferencia por el sector privado acompaña una admiración acrítica de aquellos mercados no regulados. Hay mucho sobre lo que indignarse: las crecientes desigualdades en riqueza y oportunidades, las injusticias de clase y casta, la explotación económica dentro y fuera de cada país, la corrupción, el dinero y los privilegios que ocluyen las arterias de la democracia.

Pero más allá de identificar las deficiencias del «sistema» se hace necesario defender la necesidad de disentir de nuestra forma de pensar guiada por la economía, volver de urgencia a una conversación publica guiada por la ética. En consecuencia nos hemos vuelto insensibles a los costes humanos de políticas sociales en apariencia racionales, especialmente cuando se nos dice que contribuirán a la prosperidad general y, de esta forma —implícitamente—, a nuestros intereses individuales.

Bibliografía

Ariely, D. (2008). Las trampas del deseo. Cómo controlar los impulsos irracionales que nos llevan al error (p. 282). Barcelona: Ariel.

Nota

[1]  Informe sobre el desarrollo Mundial 2015- Panorama General Mente sociedad y Conducta- Banco Mundial pág. 3
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2 pensamientos en “Racionalidad limitada

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