Sobre las conductas peligrosas

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Lina Marcela Palacios Fonseca

¿Qué hubiese pasado si el Gobierno Colombiano hubiera obligado al pueblo a leer los acuerdos de paz, y en base a esto, impusiera sanciones a quienes no lo hicieran? El resultado sería incierto, pero seguramente los comportamientos no serían resultados emocionales a corto plazo. En esta semana el tema del triunfo del NO en el plebiscito en Colombia es una de las noticias más mencionadas a nivel internacional, y aunque bastante sorpresivo fue el resultado, muchos ignoran las causas principales de quienes quieren la paz, pero no así.

Tal y como en un salón de clase el profesor se ve obligado a poner notas como incentivo para que los alumnos lean lo que deberían leer, pasa en la vida cotidiana. Un pequeño porcentaje de colombianos leería 297 páginas por mera convicción, aunque los estudiantes quieran aprender, y los Colombianos quieran la paz, las conductas irracionales priman sobre el deber. Ignorar comportamientos comunes de los seres humanos es peligroso, es decir aparentemente, todos estamos cansados de la guerra pero, ¿Quién iba a dejar de ver televisión, jugar futbol, salir a bailar, o en el mejor de los casos, dejar obligaciones estudiantiles o laborales por sentarse a leer un acuerdo sin ningún incentivo?

Es natural como seres humanos renunciar a objetivos de largo plazo por una gratificación inmediata, pero la desidia en estos casos es aterradora, sobre todo cuando elegimos adelantar información una semana antes de la votación. Si no alcanzamos a leer el acuerdo, pues miramos que dicen las noticias, las cadenas de WhatsApp, o como en algunos casos elegimos ir a la iglesia a ver qué opina el pastor. Algo parecido con los trabajos finales, todo para el último día. Esto tiene resultados inesperados no solamente con notas académicas desastrosas (Arely, 2008), si no con el desastre de un acuerdo que busca poner fin a más de medio siglo de guerra.

Por otro lado, es bastante interesante analizar las diferentes estrategias. Que al pueblo no le guste la guerra, no es motivo suficiente para descuidar el juego político. Aunque muy astuto, el presidente de la republica olvido en este referendo, a pesar de la magnitud de su importancia, que en las elecciones no gana la razón, ni la honradez, ni la lealtad, en el juego político gana quien sepa jugar, sin olvidar que aquí todo se vale. Seguramente si los líderes de oposición hubiesen sacado un des-acuerdo con más de 200 hojas hubieran perdido muchos votos a su favor, es decir nunca antes una campaña fue tan “barata y tan efectiva” (Vélez Uribe, 2016) según el gerente de la campaña por el NO. Evidentemente basada en la economía conductual, ¿para qué gastar excesivas sumas de dinero informando con tres meses de anticipación, si en las últimas semanas podemos sembrar indagación según los puntos débiles de cada región en el país? A los religiosos se les hablo de homosexualismo, a los ricos de impuestos a los pobres de eliminación de subsidios… en fin, aunque muy nociva esta campaña logró ser bastante estratégica para que la gente saliera a votar verraca.

En este sentido diríamos que nuestras propias conductas logran ser inconscientemente material de trabajo para campañas políticas, básicamente sin un compromiso serio con nosotros mismos y la sociedad caemos en la tentación. Aunque suene poco demócrata, hay que aceptar que en algunos casos, como seres humanos necesitamos recibir órdenes, tener incentivos o recibir sanciones para hacer lo que se supone debemos hacer. En este caso, alguna regla gubernamental que comprometiera al pueblo a informarse de manera correcta, quizás hubiera impedido que la oposición tergiversara la información y manejara nuestras emociones para tomar decisiones a su conveniencia, nada distinto a lo que hacen las grandes industrias con el neuromarketing y demás. Entonces, ¿diríamos que la falta de autocontrol y compromiso por parte de los colombianos es el reflejo del país que tenemos hoy? o simplemente como pueblo buscamos definir quien tiene el poder y no nos percatamos de que es el poder en sí, de sus causas y consecuencias en resultados políticos, sociales y económicos.

Referencias bibliográficas

Ariely, D. (2008). Las trampas del deseo. Cómo controlar los impulsos irracionales que nos llevan al error (p. 267). Barcelona: Ariel.

Ramírez, J. (2016). Él no ha sido la campaña más barata y más exitosa de la historia. La república.

http://www.larepublica.co/el-no-ha-sido-la-campa%C3%B1a-m%C3%A1s-barata-y-m%C3%A1s-efectiva-de-la-historia_427891.
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