Abrir siempre con la misma aplicación

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Roger Andrés Díaz Villacob

Me resulta fácil pensar en un ser que no es completamente racional, a pesar que la economía siga planteando que los seres humanos conservamos la racionalidad hasta puntos robóticos. Creer que un ser que suele dejarse llevar por el placer toma decisiones consecuentes con un proceso de raciocinio avanzado es creer más en la ficción que ver la realidad. Desde que nacemos, hasta que se apaga la luz de nuestros ojos, somos manipulados y arrasados por información que nos convierte más en esponjas que en seres pensantes. Daniel Kahneman en su libro “pensar rápido pensar despacio” habla sobre como el ser humano tiene dos “sistemas”: el sistema rápido que toma decisiones y actúa basado en situaciones pasadas y como esto es más un proceso de rutina que tiende a agilizar nuestras actividades, pues mientras más la realizamos más fácil nos resulta.

Y el sistema lento que requiere de un procesador avanzado, pues es lento precisamente porque en este sistema las decisiones son evaluadas con mucho más rigor, estamos conscientes de la actividad que realizamos y sabemos que tenemos que hacer y nos enfocamos justamente en hacerlo. Como cuando se está aprendiendo a manejar un carro se suele estar alerta a cualquier cambio en el auto y en el entorno, mucho más de lo que se debería, esto va cambiando conforme se va haciendo la actividad regularmente (Daniel Kahneman,2011).

Entonces tenemos 2 sistemas que son los que protagonizan toda actividad que hagamos. De lo que se trata todo esto es de poner en entre dicho el hecho de que las personas son más seres de pensar una vez en algo y no cuestionarse más sobre lo que se realiza con frecuencia. Como en el texto de Ariely el ir a un restaurante suele ser una toma de decisión de una sola vez y como resulta que la rutina empieza a crear en las personas una especie de confort que le ayuda a que crea que es algo normal. En mi caso particular salgo a cenar los domingos y suelo ir al mismo restaurante y pedir la misma comida, no solo porque me genera tranquilidad, sino porque al momento en que salgo de mi casa por el camino empiezo a preguntarme que puedo comer, termino escogiendo lo mismo porque es una estrategia que implica menor riesgo, es algo que ya conozco, que sé que me gusta y que a fin de cuentas estoy acostumbrado.

Por otro lado el ser humano no puede estar cuestionando todo lo que hace pues como aclara Kahneman, el proceso requiere mucha energía y hace que nuestras actividades se hagan a un ritmo menor, lo que implica que el ser humano debe crear ciertas rutinas, procesos como las de las maquinas pero que de alguna manera parten de un razonamiento inicial al cual es justamente al que voy. El problema de hacer las actividades de rutina sin ningún cuestionamiento, es el comienzo que tienen esas rutinas, que la mayoría de las veces parte de un razonamiento poco estructurado, ya que lo que realmente nos hace tomar esa decisión es la manipulación que recibimos, y es donde la mayoría dice que no toman decisiones porque los manipulen, pero lo que no saben es que aparte de que lo que dicen no es más que un auto engaño (pues aparte de la manipulación lo que nos condena a no ver que somos manipulados es el hecho de que queremos creer que nuestras decisiones son racionales) el entorno nos ha moldeado casi como plastilinas de tal manera que todas nuestras decisiones son causadas por cuestiones del entorno, y de momentos.

A lo que al fin quiero llegar es que no está mal ser unas esponjas y absorber información, tomar decisiones en base a conocimientos previos y aprovechar la experiencia cultural puede ser muy productivo, pero también hay que tener en cuenta que la rutina mata la innovación, por lo que no está de más parar por un momento y pensar, cuestionarse, no todas las cosas pero si tratar de revisar algunas, pues podría terminar en la locura el cuestionamiento de todas las cosas. La obra de Ariely (2008) “las Trampas del deseo: como controlar los impulsos irracionales que nos llevan al error”, hace evidente la frecuencia con la que se toman decisiones erróneas por el hecho de ser justamente una rutina, lo racional obedece a juicios basados en el pensamiento y la razón, para nosotros la cotidianidad hace racional nuestras decisiones, precisamente creemos que fue la mejor elección cuando la pensamos y luego nos pasa como cuando abrimos un documento o un archivo por primera vez en nuestro teléfono y nos pide que seleccionemos una aplicación para abrirlo y seleccionamos la opción de “abrir siempre con la misma aplicación”, predisponemos nuestro cerebro a actuar de esa forma, pasar de pensar a simplemente operar en automático.

Bibliografía

Ariely, D. (2008). Las trampas del deseo. Cómo controlar los impulsos irracionales que nos llevan al error (p. 282). Barcelona: Ariel.

Kahneman, D. (2011). Pensar rápido, pensar despacio (p.672). Barcelona: DEBATE.
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