Juego de mentes

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Magaly Valencia Bautista

Aún para nosotros, y con esto me refiero a aquellos que escogimos el estudio de la economía como una forma de vivir, se hace difícil comprender como es que de manera absoluta, nuestras decisiones vienen guiadas por comportamientos inmediatamente anteriores de otros individuos, que en su esencia son mucho más inteligentes que nosotros, y que asumen nuestra inocencia a la hora de escoger, comprar, invertir, vender o elegir a su conveniencia.

Es evidente que especializarnos en una sola corriente de estudio, medicina, política, ingeniería, letras, o cualquier otra, nos hace incrédulos para otros temas, pero si habláramos de que escogimos lo que hacemos no por elección propia o porque sentimos que realmente estamos hechos para algo en particular, sino porque iniciamos observando fundamentalmente de otros individuos, sus acciones, sus destrezas, habilidades, características físicas y mentales, y experiencias en general, hasta el punto de compararnos con ellos y poder determinar si estamos aptos o no para desempañar esa labor. Muchas veces nos pasa, que ni siquiera sabemos qué queremos hacer con nuestra vida, sí astronauta, cocinero, politólogo, carpintero, maestro o como muchos pensamos cuando somos jóvenes, nada; hasta que algún conocido, familiar, amigo o lo que sea, orienta nuestra ideas y logra que entendamos que es lo que debemos hacer exactamente y sin importar que.

Es así como la manera en que está estructurada nuestra mente nos lleva siempre a observar las cosas que nos rodean en relación con las de los demás y determinar qué tan bueno o productivo sería hacer exactamente lo mismo que hacen ellos. ¿Somos acaso copias, al replicar lo que hacen los demás? ¿Y porque no ser originales? La respuesta es sí. Desde que nacemos, copiamos, copiamos y copiamos toda la información necesaria para creer, en buenos términos, como individuos racionales. Es más, buscamos siempre comparar nuestras decisiones con las de otros para lograr en alguna proporción, así sea mínima, algo de satisfacción y orgullo. Pero ser originales va más allá de solo decirlo, tendríamos como poco que inventarnos algo que nadie haya pensado antes o en el mejor escenario ser lo suficientemente inteligentes, calculadores y de sangre fría, para no, por ningún motivo, comparar nuestras acciones, experiencias o vivencias con los demás. ¿Difícil, no?

Si, muy difícil. Pero volviendo al tema inicial, al de escoger que hacer con nuestra vida; pensemos en aquellos que les encanta engañarnos, en buenos términos, como los mercado-tecnólogos, que estudian que técnicas, valga la redundancia, usar a los clientes con la intensión de mejorar la comercialización de algún producto o bien específico presente en el mercado. Estas personas, mediante la identificación de los deseos y las necesidades de los posibles clientes, incluyen diversas actividades y procesos, como ofertas, promociones y actividades de venta en el mercado, con el único fin de vender lo que tienen y no de ofrecernos, como lo pensamos, lo que verdaderamente necesitamos.

Así es como, digamos por ejemplo, cuando vamos a comprar el mercado del mes, todo lo relacionado con la canasta familiar y productos de aseo, vemos que muchos productos debidamente ordenados y clasificados, cuentan con diversas marcas para elegir pero diferencias en los precios, ¿pero con qué intención? Al tener tres productos iguales, hablemos de enlatados como el atún, de tres marcas diferentes, debidamente organizados por precios del más económico al más costoso, con diferentes formas de presentación, y que a su vez por decir cuenten con un gramaje atractivo, lo más seguro es que buscaremos comprar aquel enlatado que tenga mayor cantidad en gramos, más grande en presentación y que tengan por supuesto, un precio justo y mucho más atractivo al bolsillo.

De esta manera, es como resultamos envueltos en un juego de elección, escogiendo lo mejor “supuestamente” a nuestra vista, pero que en realidad resulta de la aplicación de las estrategias de un individuo mucho más inteligente que nosotros, que lo único que busca es vender lo que necesita sacar de las bodegas con más urgencia y no dar solución precisamente a nuestras necesidades. Otro ejemplo, muy particular y que del cual estoy segura que a todos nos ha pasado, es entrar a una tienda de ropa, una marca reconocida, solo por adquirir un producto, quizá un pantalón, una camisa o un par de zapatos; y juegan con nuestros más profundos sentimientos de compradores, al darnos cuenta que muchas cosas están en oferta, quizá a mitad de precio o casi regaladas, y que sin necesitar podríamos tener.

Al final de cuentas, terminamos comprando cosas que ni siquiera pensábamos adquirir, cosas que en el preciso instante no aportan utilidad alguna. ¿A qué se debe? La respuesta está, en que no contamos internamente con un medidor de valor que nos clasifique la información de lo que necesitamos y lo que no, y en general de lo que aportara alguna utilidad más que satisfacción a nuestra realidad. Estamos en un mundo en el que el juego de mentes es el principal motor de funcionamiento, y en una sociedad que se rige por la comparación entre individuos.

Bibliografía

Ariely, D. (2008). Las trampas del deseo. La verdad de la relatividad; Por qué todo es relativo, incluso cuando no debería serlo. (p. 21-42). Barcelona: Ariel.
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