Competencias profesionales transversales en la demanda laboral del departamento de Santander

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Ana María Jaimes

Las políticas educativas desempeñan una función central en la innovación, al suministrar los fundamentos y competencias que las economías innovadoras requieren para desarrollar procesos y emprender cambios organizacionales, pero también para adoptar nuevos procesos y adaptarse a los cambios del tiempo. Varios países de la OCDE (Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico) y países asociados destacan la educación y las competencias como prioridades claves de la política de innovación. Durante décadas recientes, la innovación y el desarrollo tecnológico han ejercido un profundo impacto en el mercado laboral y en las competencias demandadas para muchos empleos [1]. Es notable el creciente interés por insertar en el sistema educativo, el valor agregado a los jóvenes de las competencias adecuadas para participar y responder a la innovación en sus sitios de trabajo.

La gran oferta de las universidades nos hace pensar que el mercado laboral de competencias de nivel profesional implica necesariamente la realización de cinco años de estudios universitarios. Sin embargo muchos empleos profesionales requieren únicamente tres a cuatro años de formación, y la tasa de empleo en este sector experimenta un fuerte crecimiento. De los 27 países de la unión Europea en el periodo comprendido entre 2010 y 2020, tan solo dos terceras partes del crecimiento del empleo consistió en trabajo de categoría técnico o profesional asociado, la categoría más estrechamente vinculada a la educación y formación profesional (CEDEFOP, 2012) y en los Estados Unidos, cerca de un tercio de los empleos vacantes exigen una formación postsecundaria inferior a un diploma de cuatro años, según previsiones para el decenio 2008-2018 (Carnevale, Smith y Strohl, 2010).

En efecto, las reformas basadas en competencias, es la expresión más genuina y originaria tal como surgió en EEUU, se debe a la ola reformista más actual. Fue precedida por otras desplegadas sucesivamente en los países más desarrollados en los que, sobre todo desde mediados del siglo pasado, el reformismo ha sido una constante, con focos cambiantes. Poco después, al filo de los ochenta, surgió con fuerza la descentralización y la autonomía dando lugar al denominado movimiento por la reestructuración de los sistemas educativos. El reconocimiento al hecho de que decretar reformas hacia nuevas formas de gobierno en la política educativa, centró el foco en potenciar espacios delegados de reconstrucción, gestión y responsabilidad que en los noventa la descentralización entró en crisis y empezaron a surgir nuevos vientos recentralizadores, lo que terminó por convertirse en una nueva ola reformista, dentro de la que se sitúan las reformas basadas en estándares o competencias.

Ante una crisis y la urgencia por los resultados, la elevación de los niveles, la evaluación y el control de la educación por parte de los estados en el contexto de la globalización competitiva y la primacía de las demandas del mercado desde luego influyeron en los factores para el despliegue actual de las competencias [2].

La entrada inicial de las competencias en la enseñanza universitaria ha aparecido de golpe en la universidad a través de los Libros Blancos realizados por las diversas Comisiones creadas por ANECA (Agencia Nacional de Evaluación de la Calidad y Acreditación) con el propósito de establecer inicialmente las líneas directrices de la reforma de las titulaciones [3]. Se evidencia la concepción de las competencias lo que ha determinado e influido no sólo sobre aquellos primeros documentos, sino también en otras muchas actuaciones como las experiencias piloto y/o el diseño de diferentes guías de cursos y materias. Las competencias por lo tanto son una tarea bastante novedosa y con muchas urgencias, como parte de los cambios del EEES (Espacio Europeo de Educación Superior).

Las competencias profesionales de las que ahora se está hablando tienen indudablemente un parentesco, pues describen qué es lo que se espera que lleguen a aprender los estudiantes de una titulación. Aquí algunas definiciones de competencias:

“Conjunto estabilizados de saberes y saber-hacer, de conductas tipo, de procedimientos estándares, de tipos de razonamiento, que se pueden poner en práctica sin nuevo aprendizaje” (Montmollin, 1984:122).

“La competencia profesional es la capacidad de realizar las actividades correspondientes a una profesión conforme a los niveles esperados en el empleo. El concepto incluye también la capacidad de transferir las destrezas a nuevas situaciones dentro del área profesional y, más allá, a profesiones afines. Esta flexibilidad suele implicar niveles de destrezas y conocimientos mayor de lo habitual incluso entre los trabajadores con experiencia” (MSC, 1985).

“Conjunto de conocimientos, destrezas y aptitudes necesarias para ejercer una profesión, resolver problemas profesionales de forma autónoma y flexible y ser capaz de colaborar en el entorno profesional y en la organización del trabajo” (Bunk, 1994).

Algo diferente y algo con lo que operar de acuerdo con criterios, principios y prácticas sustantivamente distintas a las del modelo de diseño en base a objetivos precisos, conductuales, jerárquicos y fácilmente evaluables, según los cuales los contenidos educativos o son desdeñables o tienen tan sólo un valor instrumental [4].

Llama la atención, con todo, que las competencias, llamadas a representar uno de los buques insignias de la renovación pedagógica perseguida, no estén recibiendo quizás la atención y reflexión que merecen. Parecería que, una vez adoptado el modelo Tuning en las alturas, se asume que no hay nada más que discutir ni que aclarar. Lo cierto es, sin embargo, que al lado del uso práctico que ya se ha hecho de las competencias, han surgido también algunas voces críticas, tanto sobre la convergencia en su conjunto como sobre este aspecto en particular (Martínez Bonafé, 2005; Escudero, 2007, Escudero y otros, 2007, Bolívar, en prensa).

Las competencias se están aplicando, pero, como decía, poco sabemos acerca de sus significados, usos e implicaciones. Es importante un estudio sobre metodologías (Comisión para la Renovación de las Metodologías Educativas en la Universidad, 2006) y propuesta interesante sobre algunas metodologías que habrían de desplegarse de acuerdo con el nuevo modelo de enseñanza (De Miguel (2006), pero, además de relacionar estrategias de enseñanza y competencias, acerca de sus diferentes sentidos y posibles implicaciones.

El diseño y la formación en base a competencias viene de una historia reciente que ha sido testigo de su aplicación en el ámbito de la formación profesional (Hyland, 1993) o la formación de adultos (Appleby y Bathmaker, 2006), en los que se ha constatado y cuestionado su deriva hacia el criterio de aceptación de empleabilidad que, incluso en esos ámbitos, puede reducir los contenidos y propósitos de la formación. Y, desde luego, tiene plena actualidad en otros niveles educativos de la práctica totalidad de países y reformas en curso, como es una muestra de ello el currículo de la educación obligatoria legislado en la vigente LOE (2006).

Bibliografía

Concepción de las competencias. Proyecto Tuning (http://unideusto.org/tuning/)

Escudero Muñoz, JuanM. The professional competences and the university training: possibilities and risks.

Informe Iberoamericano.OECD Science, Technology and Industry Outlook2014

The professional competences and the university training: possibilities and risks. Juan M. Escudero Muñoz Universidad de Murcia.

Red U. Revista de Docencia Universitaria, númhttp://www.redu.um.es/Red_U/m2/ Las competencias y las profesiones. Juan Manuel Escudero.

Notas

[1] Informe Iberoamericano. Perspectivas de la OCDE sobre ciencia, tecnología e industria 2014. Fortalecer la educación y las competencias para innovar

[2] Red U. Revista de Docencia Universitaria, númhttp://www.redu.um.es/Red_U/m2/ Las competencias y las profesiones. Juan Manuel Escudero.

[3] Concepción de las competencias. Proyecto Tuning (http://unideusto.org/tuning/)

[4] Escudero Muñoz, JuanM. The professional competences and the university training: possibilities and risks
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