El nuevo paradigma en la ciencia económica

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Resumen elaborado por: Bryan Snehider Díaz

El papel de la información en el funcionamiento de la sociedad y de la actividad económica es tal que nos movemos constantemente sobre sus cimientos sin percatarnos.  Cuando elegimos una carrera, cuando preferimos un producto del que hemos escuchado hablar, cuando decidimos llevar la sombrilla esperando un día lluvioso, estamos haciendo uso de grandes cantidades de información, y lo que es más importante, información incompleta.

La información puede entenderse como un flujo o conjunto de datos que cambia el estado de conocimiento del sujeto que recibe el mensaje, dada esta definición es evidente que la información cumple un papel relevante en las decisiones sobre las que se fundamenta el comportamiento del mercado, a tal punto que con la aparición de la economía podemos hablar de un cambio de paradigma en la economía.

Cuando hablamos de imperfecciones en la información hablamos de conocimiento incompleto sobre el objeto de decisión, según explica la teoría económica tradicional este tipo de situaciones no son verdaderamente importantes en el funcionamiento del sistema de precios. Basta echar un vistazo a la realidad para notar que muchas veces las predicciones de la teoría económica tradicional no siempre se cumplen, las teorías muchas veces prestan poca atención a la pobreza, dicen que los mercados se equilibraban y afirman que el beneficio garantiza que no haya discriminación en los mercados. El problema es que la teoría muchas veces era incapaz de explicar la aparición de instituciones ineficientes. Para enfrentarse a esta clase de incongruencias era necesario evaluar por completo el modo en que los modelos convencionales podrían tratar los problemas relacionados con las imperfecciones en la información.

En un intento por modificar los modelos para adecuarlos a esta nueva realidad, algunos teóricos optaron por incorporar la información al modelo estándar del mismo modo en que se analizaban los demás factores productivos. Una vez se conozcan los costos reales de la información podrían incorporarse en la oferta y la demanda como un costo de transacción, sin modificar el equilibrio de una manera importante. Por lo que el sistema de precios seguiría arrojando asignaciones eficientes en el sentido de Pareto, salvo ciertas excepciones poco probables conocidas como fallas del mercado. Según afirma Stiglitz los fallos no son la excepción sino la regla; en presencia de fallas en la información incluso pequeñas asimetrías podrían conducir a grandes cambios con respecto al resultado óptimo.

Tomando como ejemplo el mercado de trabajo Keniano de los años setenta, Stiglitz nos explica el modo en que la información hace parte de la relación empleador-empleado. La lógica es la siguiente: un empleador ha de tener incentivos para conocer el verdadero rendimiento de las personas a las que va a contratar, el problema es que una vez dicho rendimiento es revelado cualquier empleador podrá sacar ventaja y ofrecer salarios más altos al empleado; es decir la información se comportaría como un bien público. En este sentido el empleador solo tendrá incentivos para invertir en conocer el desempeño de sus empleados si tiene un monopolio sobre el uso de dicha información. En ese sentido el sistema de precios debe elegir entre dos fallos distintos, las asimetrías en la información o la competencia imperfecta.

Otro aspecto de vital importancia en funcionamiento del sistema de precios con información imperfecta es que en muchos casos puede evitar o imposibilitar el surgimiento de cierto tipo de transacciones o hacerlas más costosas, como es el caso de la contratación. Como sabemos, los contratos están diseñados para formalizar un acuerdo entre dos partes, y permitir claridad en el compromiso; en la práctica los contratos son imperfectos. Esto quiere decir que es imposible contener todos aquellos aspectos de la realidad que sería importante definir dentro de la realización del contrato. Con información perfecta las empresas firman un contrato y cada quien hace lo que le corresponde, pero en la vida real los gerentes deben coordinar, motivar y regular a sus empleados en las tareas que la empresa requiere y aumentar en lo posible su nivel de eficiencia.

Dichas imperfecciones no solo pueden hacer más costosas las transacciones sino que también pueden imposibilitar la creación de cierto tipo de mercados. Pensemos por ejemplo en mercados donde para el comprador sea imposible conocer la calidad del producto que va adquirir, es claro que los vendedores tendrán incentivos para aprovechar estas falencias en la información para estafar a los potenciales compradores ofreciéndoles productos muy por debajo de la calidad estándar, dado que el vendedor mismo no se vería afectado por dicha conducta. Evidentemente los compradores empezarían a ser reticentes y probablemente el nivel de demanda del producto reduciría haciendo que aquellos productos de buena calidad deban venderse a un menor precio. Es precisamente por esto que los productos de mala calidad terminarían por desplazar a los de buena calidad y en últimas destruyendo por completo dicho mercado.

Lo interesante es que la mayoría de los mercados están caracterizados así; es decir que los vendedores a menudo están mejor informados sobre el producto; lo que nos deja un interrogante: ¿Cómo logran mantenerse sin colapsar tal y como lo predice la teoría en dichas circunstancias? La respuesta también viene de la mano con la economía de la información, las acciones y decisiones tomadas en el mercado pueden transmitir información. Por eso es que las empresas pueden desear ofrecer garantías sobre sus bienes, o una empresa puede desear pagar un precio distinto por el trabajo de un individuo, en últimas el impacto de esto es evidente: hacer que el mercado funcione de una manera totalmente distinta a como lo haría si no existieran asimetrías.

En resumen el nuevo paradigma de la información socavaba las bases más importantes de “las leyes básicas de la economía”. La existencia de información imperfecta es capaz de modificar el comportamiento de una gran variedad de mercados, haciendo que la oferta no coincida con la demanda, o imposibilitando su funcionamiento de raíz, modificando el modo en que los grandes ejecutivos asumen riesgos, el modo en que las personas eligen los bienes de consumo primario o la adquisición de un seguro de vida. La información no solo importa para permitir que la academia pueda explicar el funcionamiento del mundo real, sino que también juega un papel indispensable en el desarrollo de un mundo con flujos de información cada vez mayores.

Nota. Esta columna es un resumen de las ideas expuestas en: Stiglitz, J. (2002). La información y el cambio en el paradigma de la ciencia económica. Revista Asturiana de Economía, 25, 95–164.
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