Bitácora Reto Ingenium: ¿Es posible trabajar con genios creativos?

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Bryan Snehider Diaz

“El hombre que piensa debe pensar y actuar por sí solo, la mente razonadora no puede funcionar bajo ninguna forma de coacción, no puede estar subordinada a las necesidades, opiniones y deseos de los demás, no puede ser objeto de sacrificio. El creador se mantiene firme en sus convicciones, el parasito sigue las opiniones de los demás, el  creador piensa, el parasito copia, el creador produce, el parasito saquea, el interés del creador es la conquista de la naturaleza, el interés del parasito es la conquista del hombre”.

Uno podría decir, sin miedo a equivocarse, que hoy en día el talento individual ha sido eclipsado por las grandes bondades de la organización. Es imposible existir, comunicarse, producir, investigar o existir individualmente. La especialización nos ha hecho cada vez más co-dependientes. Esta mutua dependencia ha engendrado una nueva forma de competencia: la competencia organizacional. Tecnología de punta, una adecuada filosofía de empresa, buena capacidad de análisis y adquirir capital humano son fundamentales para sobrevivir en este nuevo entorno competitivo, el éxito podría definirse como la habilidad de la organización para encontrar a los mejores y alinearlos con los objetivos de la misma.

Veamos algunos ejemplos: los antiguos romanos solían tomar entre los soldados más agresivos, y con mayor iniciativa para formar a sus oficiales. Muchas de los grandes equipos de futbol como lo fueron “Los Galácticos” durante los primeros años del siglo, lograron dominar la cancha gracias a su maravillosa capacidad para alinearlos bajo la filosofía de  “el escudo que está en tu pecho es más importante que el nombre que está en tu espalda”. Durante la segunda guerra mundial y la mayor parte de los conflictos del mundo moderno, se solía decir que: en cuanto uno de los contendientes pierde la iniciativa estratégica (es decir una situación, donde por recursos, dimensiones o posicionamiento geográfico se puede dictar el ritmo de las hostilidades) la guerra estaba perdida.

Eso deja claro que uno de los principales determinantes para el éxito es la capacidad de crear estructuras organizacionales efectivas. Parte de la teoría económica se dedica a entender el modo en que los intereses de las personas interactúan en el tiempo, esto se conoce en la literatura como el ancestral arte de la coordinación y la motivación, explicada por Paul Milgrom y Jonh Roberts (1993) en Economía, Organización y Gestión de la empresa. Donde aspectos como la información, el conocimiento pleno de los intereses de los miembros del grupo y las reglas de juego son fundamentales para construir organizaciones exitosas.

Como es evidente, los intereses muchas veces son heterogéneos, y dentro de ese grupo se ubican los intereses que me suscitan mayor curiosidad, los intereses del selecto grupo de los mejores. Los mejores suelen estar caracterizados por una psicología muy particular, desean asumir retos, desean recibir ganancias conforme a lo que saben que pueden hacer y a grosso modo desean cambiar el mundo. Entender sus deseos no es lo verdaderamente complicado, lo verdaderamente complicado es hacer que logren ponerse de acuerdo.

Según la teoría económica tradicional las personas racionales podrán ponerse de acuerdo sin percibir ningún coste adicional, es decir, en las transacciones no existen costos de negociación. Pero en la vida real los seres humanos poseemos visiones tan diversas, que incluso mentes muy afiladas podrían llegar a conclusiones muy distintas sobre la misma cuestión, especialmente cuando hablamos de la única ciencia donde, según Yanis Varoufakis,  dos premios nobel pueden encontrarse y decirse el uno al otro: “eres un charlatán”.

El problema en términos teóricos es: ¿Cómo establecer una buena regla de elección social sin desaprovechar el talento de cada una de las partes? O en palabras más sencillas, de qué modo tomar decisiones sin desincentivar a los miembros y aprovechando al máximo su potencial. Naturalmente no existe una respuesta obvia para semejante pregunta. Pero la experiencia que me aportó el reto Ingenium es: la competencia no es una carrera de perros amaestrados, sino una cacería de lobos salvajes. El gerente o líder hará lo que pueda para motivar la creatividad, pero un hombre brillante a menudo arderá por decisión propia. La primera gran lección es que muchas veces las mejores formas de organización surgen sin lugar a dudas del orden espontáneo.

El orden espontáneo es aquello que sucede cuando la densidad de información e ideas que subyacen exceden lejanamente la capacidad de procesamiento de una sola mente. Lo que me lleva a cuestionarme ¿En qué proporción es bueno el orden espontáneo? ¿Es eficiente en todas las circunstancias? La respuesta es no, y sobre esto versa la segunda gran lección que recibí del reto Ingenium: la preparación cuidadosa y planificada es una de las grandes claves del éxito.

El conocimiento no solo es fruto del talento, sino también de la experiencia y de la preparación, no en vano los adagios hablan constantemente de las virtudes de oír el consejo de los ancianos. Una empresa sensata planifica utilizando la experiencia propia y común en el área donde van a competir, aprovechando al máximo los conocimientos de aquellos que ya han pasado por ahí, la información tiene un papel importante a la hora de asegurar el éxito en la toma de decisiones. La confianza o la pereza pueden destruir a la mejor de las empresas, y en particular ese fue nuestro caso, caer en la peligrosa tentación de procrastinar. Hasta llegar a una situación desesperada, donde fue preciso rogar por el socorro de mentes más experimentadas.

Fue allí donde pude ver a los expertos en acción tomando el mando de un barco que se hunde, hablando con la autoridad de quien sabe lo que hace, y donde precisamente llegué a la gran lección que me ofreció reto Ingenium: si vuelvo a estar en primera línea del campo de batalla, estaré absolutamente preparado.

Referencias

Milgrom, P., & Roberts, J. (1993). Economía, organización y gestión de la empresa. (A. S.A, Ed.) (1st ed.). Barcelona.

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