China a simple vista

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Jenny Ochoa Castillo

Si le preguntamos a un grupo de personas si les gusta o no viajar, es probable que la mayoría responda que sí, pero viajar sólo por cambiar de ambiente no saca el mayor provecho de esa experiencia. Cada ciudad y país en el presente es un reflejo de su pasado, al caminar, observamos las edificaciones y el diario vivir de quienes habitan en esos lugares. Todas las decisiones y procesos, ya sean culturales, económicos, sociales etc. Se encuentran insertos alrededor.

El medio de transporte y la forma de vestir transmiten información y conocimiento y varía de acuerdo al lugar donde se encuentre. En algunas regiones de China, la comida se caracteriza por su sabor picante, desde las verduras hasta la carne, resultado de la escasez de sal que existía décadas atrás y que reconfiguró la forma en la que se preparaban los alimentos, hoy en día, sin esa condición se siguen cocinando de la misma forma.

¿Qué más se observa en donde se conoce hoy como la fábrica del mundo? A simple vista se observan construcciones altísimas e innovadoras, ya sea en Beijing, Shanghai, Hangzhou, etc. Donde se mantienen algunas construcciones milenarias que hacen parte de su cultura, pero cabe resaltar al observar el paisaje, que la desigualdad salta a la vista, por una parte edificios con diseños envidiables para países como Colombia, en contraste con edificaciones residenciales de alta densidad en terribles condiciones de abandono con precios elevados seguidos de un nivel de contaminación preocupante.

En el “Economista Camuflado”, Harford describe a grandes rasgos cuales han sido los procesos más destacados que han contribuido al desarrollo de China como la conocemos.  En 1949 nació la República Popular de China, durante sus inicios fue víctima de una guerra civil y una dictadura comunista donde destaca el nuevo modelo de educación para trabajar en el campo. Bajo el mandato de Mao, se interesaron en obtener ganancias del acero, de tal forma, que en la mayoría de hogares tenían hornos para fundir así no tuvieran las materias primas, sumado que debían cumplir con unas cuotas establecidas donde se veían forzados a “destruir cuchillos para fabricar cuchillos”.

“El Gran Salto Adelante”, como se le denominó a la campaña de medidas económicas, sociales y políticas, es recordado particularmente por la negación de la existencia de las necesidades de los ciudadanos con el fin de proyectar éxito, conociendo que la gente moría de hambre e incluso debían comerse a sus familiares muertos para sobrevivir, en otras regiones se debían tener grandes reservas de cereal que sirvieran como símbolo de los excedentes de la cosecha. Que pudieron ser ciertas si el gobierno hubiese pagado de manera justa a sus trabajadores, lo que desincentivó de gran manera la producción.

Al morir Mao, Deng tomó el poder y aumentó 40% el precio de la compra a los excedentes, permitió la innovación y las nuevas formas de cosecha, esto motivó el trabajo duro y las recompensas. Para 1983, el 98% de las familias ya se encontraban inscritas en ese sistema que se vio impulsado por el intercambio entre regiones y las nuevas políticas de ahorro e inversión, se tomaba el dinero de los individuos y se hacían las inversiones en su nombre.

Las ventajas de China hacia el mundo en la actualidad recaen en su capacidad de mano de obra, convirtiendo estas ganancias en inversión en materia prima, y la forma en la que se han abierto a los nuevos mercados, no solo tienen acceso a los tratados comerciales, también a la información de las técnicas de producción y fabricación de los otros países.

Es claro el acelerado y drástico cambio que tuvo China en las últimas décadas, y la forma en la que afectó a toda la población, fue un intenso proceso que dejó sus secuelas. La revolución económica en la que se encuentra permite ver las dos caras de la moneda, avances tecnológicos acompañados de una crisis ambiental y humanitaria donde se ven a sus ciudadanos solo como trabajadores. Aunque China ha logrado avanzar y convertirse en un líder económico aún queda cosas por hacer por sus habitantes.

Referencias

GARCÍA CANCLINI, Néstor (1982). Las Culturas Populares en el Capitalismo. Editor Nueva Imagen/ Grijalbo. México.

Harford, T. (2008). El Economista Camuflado: La Economía de las Pequeñas Cosas. Ediciones Temas de Hoy
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