Retos para la efectiva gestión de las cuencas hidrográficas: Una visión desde la acción colectiva y las instituciones

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Leidy Tatiana Rodríguez Torres*

Los servicios ecosistémicos relacionados con el agua se están degradando a un ritmo alarmante, ocasionando un enorme impacto social y económico asociado principalmente a efectos negativos sobre la calidad de vida, la identidad cultural y los medios de subsistencia [1]. Considerando que la disponibilidad del agua en la cantidad y la calidad adecuada es un requisito fundamental para el desarrollo sostenible, las inversiones en la conservación y preservación de los recursos hídricos han venido creciendo considerablemente a lo largo de los años. Se estima que a nivel mundial, durante el año 2013, gobiernos, compañías y donantes invirtieron cerca de 12,3 billones de dólares, los cuales tenían como fin asegurar el suministro de agua en suficiente cantidad y calidad [2].

Esta cifra refleja la intención de los gobiernos y del sector privado de asegurar la calidad y la disponibilidad del agua. De ahí la importancia de que las medidas que se implementen, las intervenciones que se realicen y los recursos que se inviertan en la gestión sostenible de los recursos hídricos obtengan resultados realmente efectivos. En este sentido, el segundo informe de la Naciones Unidas sobre el desarrollo de los recursos hídricos en el mundo [3] señala que la gestión del agua es un responsabilidad compartida, por ello, los sistemas para su gobernanza y gestión no pueden limitarse únicamente a los gobiernos propiamente dichos, sino que deben incluir a los poderes públicos locales, al sector privado y a la sociedad civil considerando las dinámicas demográficas, de salud, seguridad alimentaria, desarrollo económico, ordenamiento territorial y expansión urbana, los recursos financieros destinados al agua y la conservación de los ecosistemas estratégicos.

De acuerdo con los anteriores planteamientos, la acción colectiva, entendida como una acción cooperativa orientada conscientemente a la obtención de un bien público [4], es un elemento fundamental para una gestión sostenible de los recursos hídricos. Particularmente, el carácter lótico de las cuencas hidrográficas así como las externalidades que se generan a lo largo de su flujo imponen la necesidad de buscar soluciones comunes que den respuesta a las necesidades humanas en términos de la disponibilidad y calidad del recurso agua. No obstante, los contextos de cuencas hidrográficas se caracterizan por una variedad de actores (e.g. agricultores, ganaderos, compañías mineras, proveedores de agua urbanos), los cuales toman decisiones relacionadas con la provisión y apropiación de este recurso [5].

Por ello, la efectiva gestión de las cuencas hidrográficas implica superar una serie de retos. Por un lado, los actores presentes a lo largo de las cuencas son heterogéneos en términos del acceso al agua, el desarrollo de actividades económicas, su riqueza, sus valores culturales y su poder para influir en los arreglos institucionales para su gestión. Por otro lado, la naturaleza vertical de la cuenca produce asimetrías en la disponibilidad del recurso hídrico, las cuales se agravan con la heterogeneidad de las partes interesadas y la difícil interacción entre éstas, impidiendo la construcción de relaciones de confianza y el desarrollo de soluciones coordinadas.

Desde una perspectiva institucional, los conflictos socio-ambientales que se generan a lo largo de una cuenca hidrográfica son el resultado de un déficit de gobernanza, por lo tanto, se debe prestar especial atención al diseño de políticas que propendan por la implementación de instituciones o reglas alternativas [6], las cuales permitan resolver los problemas de coordinación entre los actores involucrados en la provisión y apropiación de los recursos hídricos a lo largo de una cuenca hidrográfica. En este sentido, Knox et al. [5] identificaron la importancia de la organización comunitaria y el capital social en la gestión colectiva de las cuencas hidrográficas. De acuerdo con este estudio, factores como la escasez relativa del recurso, las asimetrías en su acceso, la frecuencia de las interacciones sociales y la tradición de cooperación comunitaria son relevantes para la acción colectiva en entornos heterogéneos. Así mismo, Elinor Ostrom [7] señala la importancia de la comunicación entre los actores para el surgimiento de relaciones de confianza a través de factores como la creación de la identidad grupal, la construcción de reputación, el desarrollo de sentimientos normativos y el establecimiento de compromisos.

A manera de conclusión, las inversiones que se vienen realizando para mantener la disponibilidad hídrica adecuada en calidad y cantidad deben priorizar intervenciones donde se identifiquen los factores que afectan la acción colectiva en contextos de cuencas hidrográficas, los cuales se caracterizan por externalidades significativas donde las decisiones sobre el uso de la tierra y el agua de los individuos aguas arriba tienen efectos en las opciones disponibles para los individuos aguas abajo, de manera que se puedan diseñar mecanismos de gestión de cuencas más efectivos. En este orden de ideas, los experimentos de campo pueden diseñarse para probar la eficacia de opciones institucionales alternativas que estimulen la acción colectiva mediante el fortalecimiento de las variables cruciales para la cooperación, las cuales, siguiendo la visión institucional de Ostrom [7], son las relacionadas con la reciprocidad, la reputación y la confianza.

Referencias

[1] D. Russi, P. ten Brink, A. Farmer, T. Badura, D. Coates, J. Förster, R. Kumar, y N. Davidson, «The economics of ecosystems and biodiversity for water and wetlands», 2013.

[2] G. Bennett, N. Carroll, y K. Hamilton, «Charting New Waters: State of Watershed Payments 2012», Washington D.C., 2013.

[3] ONU/WWAP, «2° Informe de las Naciones Unidas sobre el desarrollo de los recursos hídricos en el mundo: “El agua, una responsabilidad compartida”», París, Nueva York y Oxford, 2006.

[4] M. Olson, «La lógica de la acción colectiva», en Diez textos básicos de ciencia política, España, 1998, pp. 203-220.

[5] J. Cardenas, L. Rodriguez, y N. Johnson, «Collective action for watershed management: field experiments in Colombia and Kenya», Environ. Dev. Econ., vol. 16, pp. 275-303, 2010.

[6] R. Muradian y J. Cárdenas, «From market failures to collective action dilemmas: Reframing environmental governance challenges in Latin America and beyond», Ecol. Econ. J., vol. 120, pp. 358-365, 2015.

[7] E. Ostrom, «A Behavioral Approach to the Rational Choice Theory of Collective Action: Presidential Address, American Political Science Association, 1997», Am. Polit. Sci. Rev., vol. 92, n.o 1, pp. 1-22, 1998.

* Ingeniera Industrial. Especialista en Preservación y Conservación de los Recursos Naturales. Estudiante de Maestría en Economía y Desarrollo.
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