Amenazas implícitas

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Roger Andres Diaz Villacob

En la teoría de juegos, una de las herramientas matemáticas que tiene mayor efectividad en cuanto a la comprensión de las decisiones humanas como procesos de elecciones racionales basadas en supuestos más que nada.  Los sujetos son tomadores de decisiones que son jugadas que se pueden realizar después de un proceso analítico que generalmente suele llevar a posiciones finales en las cuales estos jugadores han elegido la mejor de las decisiones posibles con base en lo que su contraparte podría haber jugado.

En pocas palabras las personas son racionales, deciden bajo la incertidumbre de lo que el otro podría hacer y toman la mejor de las decisiones. Esto suele ser así, y digo suele refiriéndome a la teoría que está detrás de todo esto, obviamente es una modelización de la realidad que en algunos casos suele ser muy buena pronosticando resultados, sin embargo desde mi punto de vista la mayor efectividad de estas teorías y sus modelos es el uso de un proceso analítico que trata de comprender que es lo que esta detrás de todas las decisiones que un sujeto puede tomar, y en esta parte cuando me refiero a sujeto hablo de todo actor tomador de decisiones llámese persona, organización, empresa, etc. Bajo esta perspectiva busco analizar cómo una amenaza que no es más que una persuasión de tipo impositivo que puede perturbar los juegos de tal manera que estos resulten en beneficio de los que la realizan, y después tratar de ver que estrategias podrían hacer que no resulten eficientes.

Un juego normal es una situación en la que existen dos sujetos a los cuales llamaremos jugadores, estos tienen que tomar decisiones con respecto a la situación inicial a las que llamamos estrategias, y por cada estrategia recibirán una recompensa o tendrán un castigo, es la consecuencia de sus decisiones, a las que se les llamara pagos. Un juego puede ser de cooperación como sería el caso de una pareja que quiera ponerse de acuerdo sobre en qué actividad gastar su tiempo libre un viernes por la noche, o puede ser una situación conflictiva en la que ambos sujetos tienen intereses opuestos y preferirían que el otro perdiera. Un caso particular como lo sería la guerra absoluta en la que no existe posible acuerdo de paz.

Planteadas estas características de los tipos de juego, quiero poner un ejemplo del dilema del prisionero con ciertas modificaciones para llegar al punto de las amenazas. Supongamos que existen dos criminales, los cuales han sido capturados por porte ilegal de armas. Este crimen no tiene un castigo severo, más que un año de cárcel para cada uno, sin embargo se cree que han cometido un asesinato y se les pretende juzgar por esto, este tiene un castigo de 5 años para ambos, mas no se puede acusar pues no hay pruebas suficientes. El fiscal decide hacerles una propuesta en la cual ambos tienen la opción de no confesar y confesar, según los términos, si uno de los dos confiesa y el otro no, el primero queda libre y el segundo paga 10 años de cárcel, si ambos confiesan pagan los 5 años correspondientes y si ninguno confiesa pues no hay pruebas más que para encerrarlos 1 año.

Al resolver el juego encontramos que si no hay comunicación y los sujetos son racionales como ya lo habíamos planteado, el resultado será el que ambos confesarán, ya que esta estrategia domina a la de no confesar, debido a que en todas las decisiones que elija el otro para el primero es mejor confesar siempre. Esto es muy bonito en la teoría y de hecho experimentos similares darán resultados parecidos.

Salgamos de la teoría y modifiquemos un poco el juego. Ahora no son dos criminales, sino que ahora es un cómplice y un asesino que pertenece a un grupo de criminales. Ambos se conocen apenas, pero no han hablado acerca de cómo resolverlo, y se mantienen los mismos pagos. Esto nos pone a pensar en que la solución ya no será el que ambos confiesen, este resultado a pesar que es un equilibrio de Nash puede que para el cómplice ya no sea tan viable considerando las repercusiones que confesar en contra de un miembro importante de un grupo criminal puede significar para él y su familia. No se ha realizado ninguna amenaza y esto es importante, pues aquí lo que entra a jugar lo llamaremos amenazas implícitas, pues no hay como tal una amenaza directa. Podríamos llegar a pensar entonces que el cómplice no confesaría, y el mafioso si pues para el mafioso no cambia mucho, pero para el cómplice ya confesar puede tener costos mayores a los de no confesar. Costos que por el momento no aparecen en el juego como pagos pero que los podría considerar y bajo valores subjetivos evaluar su decisión, que puede muy probablemente ser la de no confesar.

Seguimos con el mismo planteamiento del juego anterior, solo cambiaremos que el fiscal les ofrece hablar durante 5 minutos. El cómplice podría ofrecerle al mafioso que no confiesen, sin embargo el mafioso puede acudir a dos medidas de persuasión, incentivarlo de alguna manera, o amenazarlo. Si le ofrece dinero el mafioso tendrá que remunerar al cómplice para que no diga nada, y este tendría que evaluar el valor que los años en prisión representarían para él. Además que el jefe criminal tendría que pagar esos costos y probablemente el valor que puede tener para el cómplice 10 años en la cárcel puede ser algo que no esté dispuesto a pagar. Pues bien la amenaza resulta tentadora ya que él tiene el poder de credibilidad que requiere ese tipo de amenazas. El jefe criminal le propone entonces al cómplice que no diga nada o asesinara a su familia; el cómplice no dirá nada pues seguramente su esposa e hijos valen más que 10 años en prisión, lo que le garantiza al mafioso salir libre a costa de su contraparte.

Vemos entonces que este juego muy conocido como el dilema del prisionero en la teoría plantea como modelo de estudio académico muy útil, pero quizás en la práctica no sea tan eficiente en casos particulares. Esto no es nada nuevo cuando me refiero a que no se aplique estrictamente en la práctica, ya que obviamente el ideal de estos modelos de teoría de juegos es plantear cierto tipo de estructura de juegos. En este caso lo quise usar para explicar algo muy básico, las amenazas pueden alterar los juegos de manera que el que la plantea tenga la posibilidad de salir ganador obteniendo los mejores resultados.

Una cuestión importante es la función que cumplen en la sociedad este tipo de juegos de amenazas, como el ultimo que vimos, quizás no se vea tan claro pero a diario la sociedad experimenta estas situaciones en las que los individuos son sometidos a cierto tipo de persuasión, no necesariamente mala pero si se ve incluida a diario en su toma de decisiones por las persuasiones ya sean en forma de amenazas o de incentivos, y puede que muchas de esas sean amenazas implícitas que podríamos estar tan acostumbrados que incluso ignoremos. Un ejemplo de esto son las normas sociales en las cuales los sujetos se cohíben de realizar algo porque en la sociedad eso está vetado y tienen miedo a ser excluidos, ese tipo de amenazas son tan normales que hacemos las cosas amenazados de manera que no nos damos cuenta ni siquiera que estamos siendo empujados a hacerlo.

Bibliografía

Tomas Schelling. (1990). The Strategy of Conflict. Cambridge MA: Harvard University Press.

Dixit, A., & Nalebuff, B. (2010). El arte de la estrategia (p. 541). Anthony Bosh Editor.
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