De buenas palomas a tristes halcones

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Lukas Francisco Muñoz Rueda

La economía suele recurrir a múltiples modelos para explicar la realidad de los procesos sociales que se desarrollan comúnmente. Sin embargo, esta forma de representar la realidad ha traído a esta ciencia un sinnúmero de críticas, debido a la simplicidad que presupone y al principio de “céteris páribus”, que implica el suprimir todas las variables menos la trabajada. Ahora bien, estas posturas en contra, aunque válidas en el sentido de que señalan las falencias de la economía a la hora de representar escenarios muy complejos, no tienen en cuenta los múltiples descubrimientos que han ayudado a entender mejor el mundo de los humanos en el que nos desenvolvemos, y por lo tanto a mejorar cada vez más en la construcción de una civilización organizada.

Como un ejemplo de las bondades de los modelos, podemos observar los experimentos llevados a cabo por Levitt (2005), quien en su libro Freakonomics habla sobre varios temas, entre ellos la educación. En este capítulo, el autor narra cómo se llevó a cabo un estudio acerca de los factores que conllevan a mejores notas para ciertos estudiantes. Entre las variables analizadas se encuentra una muy peculiar: “posee o no una biblioteca en casa”. Los resultados son impresionantes. Aquellos estudiantes con bibliotecas en casa, demostraron mejor desempeño, sin importar si habían o no leído los libros que allí se encontraban. Esta pista, este resultado tan puntual y a simple vista “abstracto” sirvió de guía para que los investigadores pudiesen pensar en factores tales como las condiciones de vida de los jóvenes impactaban enormemente en si estos iban a desempeñarse mejor o peor en el ámbito académico.

Así como el ejemplo anterior, un sinnúmero de experimentos que abstraen pequeños fragmentos de la realidad y los estudian a manera de laboratorio han logrado producir el entendimiento de algo tan complejo, cambiante y dinámico como la sociedad. Ahora bien, cabe mencionar que la economía, en su calidad de ciencia, también ha venido evolucionando y creando cada vez mejores modelos. Tal es el caso de la novísima rama de la economía conductual, que se encarga de replantear algunos supuestos tan antiguos como el pensamiento económico, como lo es la racionalidad en el ser humano. En este sentido, permite la ampliación del conocimiento, hasta llegar a modificar elementos que podrían implicar una mayor comprensión de las causas y consecuencias de los fenómenos estudiados por los economistas.

Los interesantes cambios de fondo se realizan fundamentalmente al introducir variables anteriormente no contempladas, como la equidad, la cual, como base experimental, demuestra que los modelos neoclásicos convencionales se quedan cortos al momento de expresar fenómenos que a simple vista parecen sencillos. Así, para entender el porqué de variaciones en la confianza de los individuos es necesario comprender mejor el influyente papel de la justicia, principio que se desprende de la idea de equidad (Akerlof, 2000). Para ilustrar de mejor manera, un ejemplo será útil.

“Nunca espere nada de mí” o “yo nunca espero nada de nadie” son frases harto famosas, que pronuncian frecuentemente las personas del común. El uso de esta curiosa expresión refleja las expectativas de un gran número de individuos, normalmente luego de haber experimentado alguna situación en la que su confianza se ha visto burlada, y se asocia casi siempre a casos de inequidad, donde los pagos recibidos no son los esperados, o los considerados justos. Sin embargo, este blindaje que implica tener cero credibilidad hacia las actitudes y decisiones de la sociedad en el futuro resulta ineficaz y contraproducente, en el sentido de que las futuras estrategias se verán en función de probabilidades que favorezcan aquellos resultados menos riesgosos, aunque sean menos beneficiosos (el caso de elegir halcón halcón). Cabe acá resaltar que esta forma de actuar se ciñe a las experiencias pasadas, en lo general no correlacionadas con las que han de venir, forma corriente de actuar demostrada por Kahneman (2012) en su libro “pensar rápido, pensar despacio” en el que demuestra la ineficacia humana para introducir en su pensar la inferencia estadística.

Lo anterior demuestra tal como ya se mencionó, por un lado, la imposibilidad de plantear varias situaciones utilizando los modelos convencionales, y por el otro, la relevancia las variables de tipo social y su incidencia en el mundo real. Es así como problemas que van desde la movilidad hasta la dinámica de los noviazgos se ven en constante modificación, y que cundo se presenta la repetición del evento (trancones frecuentes, o el terminar e iniciar una nueva relación) las decisiones a tomar se encuentran ya alteradas por impresión de justicia o injusticia formada.

Como último ejemplo, el caso de un desdichado novio que se ve envuelto en una situación de infidelidad. Este considerará el fenómeno como injusto, y en su próxima relación (pesando en que la infidelidad implica un rompimiento) posiblemente evite inversiones tan altas como en la anterior. Y si suponemos de manera maliciosa que esta menor inversión es interpretada como una inequidad por parte de la novia, probablemente esta verá la posibilidad de hacer justicia castigando con infidelidad, y así un efecto de bola de nieve se esparce por la sociedad. Al final, terminaremos con una sociedad sin confianza, la cual irá eliminando y castigando a las confiadas palomas, hasta que sólo quede una masa de tristes halcones. Halcones que, por lo demás, no se explican sino desde esta nueva perspectiva.

Bibliografía

Dubner, S; Levitt, S. Freakonomiks. (2005). William Morrow and Company.

Kahneman, Daniel. Pensar rápido, pensar despacio. (2012). Editorial DEBATE.

Akerlof, G; Shiller, R. Animal Spirits. (2000). Gestión 2000.
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