El nombre de mi sobrina

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Lina Marcela Palacios Fonseca

A lo largo de esta semana estuve pensando sobre que escribir y en qué libro basarme, realmente no se me ocurría nada y decidí esperar hasta el momento que encontrara algo inspirador. Hace dos noches estaba conversando con mis hermanos, discutiendo el nombre que le pondríamos a nuestra sobrina, una tarea bastante difícil, sobretodo porque hace siete meses creíamos que era un niño y la última ecografía confirmo lo contrario. En ese momento recordé un libro que había leído hace tiempo y hablaba sobre el impacto que tiene la elección de un nombre en la vida de los individuos, básicamente ninguno sugirió un nombre que sonara más “juicioso” que otro, o más “inteligente” o más “importante”, únicamente nos limitábamos a ponernos de acuerdo en el que más nos gustara a todos. En ese momento creí que posiblemente freakonomics estaba errado en sus afirmaciones o quizá estas llegan a ser tan disparatadas como pensar que en esa noche estábamos decidiendo el futuro laboral o económico de una colombiana.

A partir de ese momento me puse a reflexionar si realmente los nombres logran ser calificativos de conductas humanas o quizá son simples hipótesis, quería experimentar si esas afirmaciones son inconscientemente parte de nuestro pensamiento, por eso al siguiente día espere que estuvieran todos reunidos y sugerí un nombre bastante estigmatizado, entre risas y asombro nadie estuvo de acuerdo. Fue bastante cruel sobretodo porque lo asociaron con las clases menos favorecidas, nadie con amino de discriminar claro está, sin embargo aseguraron que yo estaba loca. De este modo pensé, si esto piensa mi familia que son colombianos promedio, ¿que pensara algún empresario importante? ¿Bajo qué criterios seleccionan personal en buenos puestos de trabajo? ¿Qué pensaran de x o y nombre en otro país? Quizá en Europa, en América del Norte o en Asia, no califiquen un nombre colombiano de igual manera, pero según los autores, para un empleador los trabajadores con nombres de origen desfavorecidos no son de fiar.

Si bien esto pasa lo mismo con el nombre de nuestro país. ¿Creería usted que un colombiano genere desconfianza al resto del mundo? Si averiguamos que relaciona un extranjero promedio cuando se menciona Colombia, probablemente escuchemos hablar más de Pablo Escobar y la cocaína Colombiana que del café y las flores que enviamos al mundo. Entonces como se menciona en el texto, ¿influye el nombre que les ponemos a nuestros hijos en sus vidas? ¿O es nuestra vida la que se refleja en su nombre? ¿Influye el nombre de nuestro país en nosotros? ¿O son nuestros comportamientos los que se reflejan en lo que hoy es Colombia? Seguramente el autor tiene razón, al igual que los niños de nombres blancos y negros, el nombre de nuestro país conlleva a una sanción económica siendo estigmatizado a lo largo del tiempo, no por una madre soltera con bajos ingresos y escasa educación sino por una democracia nefasta, que ha sumido al país en la pobreza, gracias a su escasa educación.

Sin embargo ¿somos nosotros responsables de llevar en nuestra sangre el nombre que muchas veces con orgullo resaltamos? Claramente no, no decidimos nacer en esta tierra considerada desde el inicio de su historia como el paraíso perdido, o la patria boba, no somos responsables de los sucesos históricos que han hecho mundialmente famoso el nombre de nuestro país, pero así como no todos aquellos que tienen un nombre poco confiable crecen siendo el resultado de esto, los Colombianos tenemos la posibilidad de surgir de entre los países más corruptos, ignorantes y desiguales, para ser realmente un país en vía de desarrollo.

En este caso no dependemos de nuestros padres gobernantes, creo que tal y como afirma Levitt y Dubner, (2009) “las personas que no se preocupan por hallar un nombre para su hijo tampoco tienen muchas posibilidades de ser los mejores padres”. Así que son las decisiones colectivas de los Colombianos las que pueden cambiar la historia, según esto nosotros tenemos la responsabilidad de desviar el rumbo de lo que ya se prevé. Quizá mi sobrina termine con un nombre bonito y ya está, como los afortunados países de arriba, pero pertenecerá a este país, ubicado en la parte de abajo junto con un gran número de niños de escasos recursos que tendrán un nombre muy poco fiable. Ahora mi preocupación no es el nombre de ella, es el nombre de mi país porque aunque ella no lo sepa lo llevara en cualquier lugar del mundo.

Bibliografía

Dubner, S., & Levitt, S. (2009). Freakonomics: Un economista políticamente incorrecto explora el lado oculto de lo que nos afecta. Zeta Bolsillo.
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