Escasez y poder de negociación

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Magaly Valencia Bautista

A medida que pasa los años las necesidades del hombre se han incrementado al mismo tiempo que se han vuelto más exigentes y dispendiosas de suplir. Evolucionar de forma constante se ha vuelto más que una necesidad, quizá, uno de los motores que mueven el mundo en la actualidad, y más que esta idea, el paradigma de poder vivir bajo las condiciones que a nuestro juicio sean lo suficientemente aceptables.

Sin embargo, la noción de estar económica y socialmente estable es proporcional con las situaciones diarias. No contamos con una economía perfecta que nos garantice abastecimiento de recursos de forma ilimitada y tampoco nosotros en cuestión de abrir y cerrar los ojos tenemos todo lo que queremos. Bien se sabe que vivimos en un planeta, como sociedad, en donde los recursos son limitados y por ende la mayoría de las veces escasos.

Es precisamente en este punto donde factores como la escasez y el poder de negociación se han fusionado con la intención de encontrar alguna solución a las situaciones del siglo XXI, que en términos generales se ha caracterizado por ser altamente globalizado. Pero, ¿somos acaso nosotros mismos los que regulamos la economía y por ende guiamos a la sociedad? La respuesta es sí. Los hombres se han empeñado desde siglos atrás en conformar núcleos económicos que favorezcan el bienestar y contribuyan a la generación de riqueza. En la actualidad, la decisión de establecer un negocio no es solo hacerlo y ya, todo va más allá; la conformación de una marca que con el tiempo se vuelva reconocida, la exposición de un producto agradable al gusto y a la vista, y fundamentalmente la formación de un mercado que sea necesario para los individuos, es más que fundamental.

Los individuos juegan con la mente de los individuos, por decirlo mejor. Conformamos a medida que evolucionamos, un círculo vicioso en el que es necesario tanto lo más elemental como lo más simple. Pero, ¿la gente compra todo lo que hay en el mercado? Sí, para cada producto nuevo, viejo, usado, temporal, etc, existirá un individuo dispuesto a pagar por tenerlo, adquirirlo o consumirlo. Es en este punto donde los juegos de negociación y la competencia establecen reglas sobre el mercado de consumo, que estandarizan las necesidades del hombre a su favor.

Analizar detenidamente el comportamiento del individuo es por mucho el principal objetivo de las compañías, puesto que es la única manera de establecer acertadamente los patrones de consumo de los mismos. Sin embargo, no es solamente saber que quieren los clientes, es más que eso; es saber ubicar un lugar comercial, establecer un producto atractivo de alta calidad, que aunque no devenga de su precio sea aceptable y lo más importante, que sea mejor que la competencia. Es por esto último, la competencia, que muchas empresas emprenden una carrera por lograr un punto central y atractivo de distribución, que impulse favorablemente las ventas y que permita establecer su marca en el mercado. Las empresas constantemente están en lucha por ubicaciones, clientes y productos, con lo que esperan obtener ganancias que les permitan solidificarse y establecer su imperio económico y comercial en el mercado, en la mente y en las necesidades de las personas.

La duda estaría en si todo lo que se inventa o se innova, surge y se vuelve necesario para los individuos, pero no es así, muchas cosas no tienen la fuerza para estar y competir por un espacio en el mercado. Sin embargo, muchas otras empresas ya establecidas y constituidas legalmente logran tener tanto acopio, que se dan el lujo de jugar con los precios de sus productos. Es decir, muchas compañías en la actualidad no venden precisamente un producto necesario o indispensable, lo que si venden con el tiempo es una marca y su reconocimiento.

Es así como el juego de la escasez y la negociación no es establecido a partir de lo que meramente necesitamos para sobrevivir, sino con lo que nos hicieron creer que era necesario para nosotros y por lo cual, seguramente y para muchos, estamos dispuestos a comprar sin importar su precio. Tim Harford explica que nuestra economía es “un sistema en su totalidad… que responde a múltiples elementos para equilibrar su complejidad”. Que por lo mismo y tanto se va ajustando a lo que el mundo globalizado en el que vivimos exige.

Bibliografía

Harford, Tim. (2001). El economista camuflado. Grupo planeta. Capítulo 1: ¿Quién paga tu café?, capítulo 2: Lo que los supermercados no quieren que sepas.
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