Falta de “la letra con sangre entra”

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Silvia Juliana Pabón Gamboa

Alguna vez se ha preguntado cómo fue que su carácter y personalidad fueron formados. Para nadie es un secreto que los padres son un factor fundamental en la formación de las personas, de hecho los padres de antes se esmeraban de una manera tan natural que tan sólo con una mirada controlaban las acciones de sus hijos. Sin embargo ahora esto es diferente, para bien o para mal pareciera que los padres modernos han perdido autoridad a la hora de formar integralmente a sus hijos; más que preocuparse por educarlos se están enfocando en sobreprotegerlos, pues tal como lo afirman Steven D. Levitt y Stephen J. Dubner (2009) en su libro Freakonomics, el miedo es un componente fundamental en el cuidado de los hijos. Resulta curioso que hace unos años antes los padres eran más “descomplicados” con sus hijos en cuanto a los cuidados de la salud en la medida en que les permitían experimentar y explorar el mundo que los rodeaba porque así aprenderían a sobrepasar las dificultades de la vida; pero ahora entre más cuidados se tengan, los niños se van enfermando con mayor frecuencia, incluso de enfermedades inexistentes.

¿Será que antes con frases como la letra con sangre entra los niños se formaban con mejor carácter que los de ahora? ¿Los padres modernos ya no son un factor influyente en los hijos?  Lo cierto es que los tiempos han cambiado y por ende existen nuevas preocupaciones, basta tan solo con ver que anteriormente eran muy pocos los padres que se interesaban en llevar a sus hijos al colegio, eso era para los “ricos”, lo que les importaba en ese momento era únicamente que aprendieran a leer, escribir y las operaciones matemáticas básicas para desenvolverse en un trabajo que debían empezar a temprana edad. Afortunadamente ésta situación cambió y hoy realmente son muy pocos los padres que consideran innecesaria la educación escolar de sus hijos, pues ahora el mercado laboral en ese sentido es más exigente.

Los padres de ahora por ejemplo se preocupan por elegir un lugar adecuado y seguro para vivir con sus hijos. Esto de alguna manera puede ser un factor que influya pero no determina la personalidad que definirá al niño, de hecho a finales de los años noventa, el Departamento de Educación de Estados Unidos decidió ejecutar un proyecto de estudio que pretendía calcular el progreso académico de más de veinte mil niños elegidos por todo el país (Levitt y Dubner, 2005). Uno de los resultados que arrojó la investigación fue que el hecho de que el niño viviera en un vecindario mejor o peor no explicaba que tuviera un mejor desempeño en el colegio.

Conozco un caso muy cercano que tiene que ver con este resultado: Dos familiares vivían en el Norte de Bucaramanga, cada uno con las mismas posibilidades de surgir o fracasar en medio de barrios en donde la violencia y la inseguridad son el pan de cada día; uno de ellos a medida que iba creciendo se dio cuenta que las amistades que tenía no eran las más convenientes, el otro por el contrario empezó a pertenecer a los “parches” del barrio y a desinteresarse por asistir al colegio a tal punto de abandonarlo por completo, perdiendo la oportunidad de obtener el título de bachiller. El  final de la historia es evidente, aquel que se dio cuenta de su entorno y decidió evitar un mal desenlace para su futuro decidió salir del barrio con su familia y ahora está terminando su carrera profesional con un trabajo estable; mientras tanto aquel que permanecía parte del día en las calles estuvo inmerso en la drogadicción, internado en un centro de rehabilitación y sufriendo hoy las consecuencias de no haber terminado sus estudios.

Si inicialmente los dos personajes de la historia tenían las mismas posibilidades de terminar sin un futuro prometedor, ¿qué haría la diferencia? Pues bien, en mi opinión y analizando los dos casos, que como dije anteriormente son muy cercanos, puedo decir que fue la presencia de un sujeto que representara la autoridad en la casa; el hecho que desde pequeños contaran con una persona con quien hablar y que les pudiera orientar en sus decisiones pudo haber sido un elemento clave para marcar esa diferencia, pues así se controlaba algo que realmente es influyente en el cuidado de los hijos: sus relaciones de amistad y el entorno de presión típico de estos barrios.

Un estrato económico o un barrio no define nuestra personalidad ni cuan exitosos seamos, pero sin lugar a dudas los padres ejercen un papel verdaderamente importante; el cuidado de los niños, su formación y educación integral no es una cuestión de qué se hace como padre sino de quien se es (Levitt y Dubner, 2009), del comportamiento que tengan los padres no sólo para con sus hijos, sino para con los demás; pues la mejor manera de que un niño aprenda es a través de ejemplos y más cuando están en plena etapa que copian todo lo que observan. Tal vez pueda parecer un poco raro que estemos hablando de hijos, con seguridad en nuestro proyecto de vida a corto plazo no esté planificado tener niños, sin embargo como economistas en formación debemos empezar a indagar todas estas cuestiones del diario vivir que tienen su explicación y repercusión en la sociedad a la que deseemos pertenecer.

Bibliografía

Dubner, S., & Levitt, S. (2009). Freakonomics: Un economista políticamente incorrecto explora el lado oculto de lo que nos afecta (p. 336). Zeta Bolsillo.
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