Una confianza que sobrepasa lo racional

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Tatiana Trujillo Lagos

Los temas relacionados a la economía conductual o simplemente el comportamiento humano, han sido en los últimos años los que han permitido explicar los motivos de aquellas decisiones que se han venido tomando en el transcurso de la humanidad. Estos temas se fundamentan en cada uno de los textos que posiblemente tomamos a diario en donde, sin duda, las acciones humanas son las principales protagonistas. Así pues, en el libro “Animal Spirits: Cómo influye la psicología humana en la economía”, no sería la excepción mencionarlos, abordándolo en su primer apartado en relación a la confianza y sus repercusiones.

La confianza, como medio de decisión, se comporta en cada uno de nosotros como un imán de elección, es decir, limita las elecciones de cada individuo a través del pronóstico que éste mismo realiza sobre las determinaciones individuales. En palabras de autor: “La confianza no es más que un pronóstico (…) Un pronóstico con confianza, pinta un futuro de color de rosa, mientras que un pronóstico sin confianza lo pinta negro” (Akerlof, Shiller, 2009). De esta forma, podemos asegurar que cada una de nuestras elecciones individuales han estado influenciadas por un nivel de confianza o desconfianza que tengamos sobre algo o alguien.

Dentro de esto, por ejemplo, una persona decide casarse porque surge en ella una confianza arrolladora que permite, como resultado, jurar “amor eterno” en un altar con decenas de personas. Esta elección resulta por consecuencia de decisiones pasadas que su padre, madre, abuelos, tíos o su entorno en general, pudieron haber tomado. Esta posible manipulación de elección de manera indirecta, permite que exista lo que el autor llama “buen equilibrio”, teniendo como variable principal, un anterior pronóstico de si esa decisión es la más adecuada.

En este sentido, por la manera en que los individuos tomamos X o Y decisión a base de confianza, podemos decir que ésta es completamente racional, ya que las personas utilizan información disponible para efectuar aquellos pronósticos racionales y con ello, tomar decisiones basadas en éstos. Sin embargo, ¿Todas las decisiones tomadas por cada uno de nosotros a base de confianza son totalmente racionales? ¿Es racional enamorarnos, sabiendo que científicamente esta etapa tiene una duración máxima de 18 meses, y que a los que llamamos amor, la ciencia lo define simplemente como un proceso cerebral en el cual se segregan sustancias como dopamina o serotonina que provocan reacciones fuertes como ésta? Estas decisiones van más allá de una confianza, es una fe que sobrepasa lo racional, y en esto, considero que es probable que el ser humano se encuentre en algún momento de su vida.

Las personas realmente confiadas o, como el autor lo menciona, “con auténtica fe”, suelen descartar o rechazar información racional que pueden tener a su disposición, siendo totalmente inservible algún proceso racional que hayan ejecutado, pues estos individuos tenderán a actuar de manera irracional. De igual forma pasa con el individuo que nos basamos en este escrito. El tener completa confianza en otra persona por un sentimiento que el mundo llama amor, automáticamente, teniendo en su entorno información de una muy posible terminación, genera un comportamiento irracional en este individuo. Asimismo, teniendo experiencias ajenas de divorcios, separaciones y hasta finales trágicos, esta persona cree (dentro de su gran fe) que su experiencia será totalmente diferente, que vivirá enamorado toda la vida y que la dopamina o serotonina se segregarán en su cerebro “hasta que la muerte los separe”.

Así como sucede con este individuo, sucede a menudo en nuestras vidas durante cada decisión tomada “racionalmente”. Decisiones como establecernos oficialmente en algún culto religioso X, considerar amigos a las personas cercanas, decidir tener una pareja, casarse, tener hijos, o hasta actividades económicas como invertir o ahorrar. Estas decisiones individuales aunque pasan por diagnósticos de manera inicial, en la mayoría de los casos, los individuos tienden a desviarse por lo que sus sentimientos expresan, mas no porque lo que en últimas pueda ser la mejor elección y aunque la teoría económica manifieste la toma de decisiones bajo situaciones de completa incertidumbre, existe un componente que eleva la seguridad sobre lo que, en últimas, realizará el individuo.

Desde que nacemos, por ende, estamos destinados a actuar bajo auténtica fe. Las diferentes culturas nos ayudan a comportarnos de diversas maneras, confiando que nuestros comportamientos, a pesar de no ser aceptamos por los demás y por el contrario, criticados y cuestionados, los tomamos como certeros y oportunos para nuestra vida. La religión desde hace miles de años, ha sido el principal problema y conflicto social de toda la humanidad. Así pues, aunque algunos consideran la idea de “Dios como una creación humana”, muchas personas creen y tienen fe de él, de un poder sobrenatural que nos crea, nos ayuda y nos acompaña. De esta forma, aunque, en teoría, se tenga información racional de su inexistencia, muchas personas no desviarán su atención en éstas, y seguirán creyendo en ello a pesar de cualquier situación. Esto, ¿será irracional?

Los seres humanos creamos o no en un Dios, en el amor o en la amistad, somos irracionales por naturaleza, pues cada decisión que por regla general atraviesa una vida, no es acorde con lo que pueda ser adecuado para nosotros en muchas ocasiones. Muertes por religión, por riqueza, por diferencias y por falta de información razonable, son las principales noticias en la actualidad, rechazando una hipótesis de confianza que pueda brindar el autor en el texto mencionado. El amor exista o no, la información nos limita nuestros comportamientos hacia ello, sin embargo, desde nuestra niñez nuestros entorno nos educa con miras a un “final feliz”, un final feliz que posiblemente nunca encontraremos, pues la humanidad, en general, es totalmente diferente a lo que en los cuentos de hadas nos hacen pensar, direccionando un mismo camino para todos los individuos y calificando de dichoso o amargo nuestro tiempo en la tierra.

Bibliografía

Akerlof, G., y Shiller, R. (2009). Animal Spirits: Cómo influye la psicología humana en la economía (p. 320). Ediciones Gestión 2000.
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2 pensamientos en “Una confianza que sobrepasa lo racional

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