No existe ni el bien ni el mal, solo existen personas tomando decisiones

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Bryan Snehider Diaz

El equilibrio de Nash ha sido sin lugar a dudas uno de los aportes más brillantes que se ha hecho al campo de la teoría económica. De una manera sencilla, y matemáticamente precisa, Nash nos demuestra que en un ambiente donde las personas utilizan sus mejores estrategias es posible llegar a un resultado indeseable, donde como si fuera poco, ninguno de los participantes tendrá ninguna motivación para cambiar de parecer. Las conclusiones del equilibrio de Nash parecían sombrías, las personas en uso de sus facultades racionales podrían llegar con mucha facilidad a arreglos como: guerras mundiales, crisis políticas y financieras, destrucción de valor, odio, rencor y xenofobia; aunque si lo miramos con cierta renuencia, nos recordará sin duda la historia universal de la raza dominante en la tierra.

Pero como es evidente en el equilibrio de Nash, el rompe cabezas no está completo, y esto es especialmente evidente cuando observamos los arreglos sociales que las personas realizan en el diario vivir, no solo las leyes que nos gobiernan, sino también las instituciones financieras, las transacciones virtuales, la existencia de organismos internacionales e incluso la conciencia de que si mañana queremos comprar fruta es la plaza el lugar donde debemos acudir, son ejemplos de que de algún modo los seres humanos encuentran muchas veces la forma de establecer relaciones de mutuo beneficio, más allá de lo que un maximizador neto haría. En conclusión el conflicto y la cooperación pueden ser caras distintas de la misma moneda, es decir, personas respondiendo a los incentivos.

Esto es a lo que Jack Hirshleifer (2005) llama, el camino Coase y el camino Maquiavelo, en resumidas cuentas, Ronald Coase profería que las personas no dejarían escapar la oportunidad de asumir empresas de mutuo beneficio; mientras que Maquiavelo consideraba que nadie dejará pasar una oportunidad de obtener ventaja  a costa de los demás. La relación entre la racionalidad y las instituciones nos dejan claro que ambas cosas interactúan y existen en la realidad económica y material de las personas, pero sobre todo nos permiten concluir lo que es una de las ideas principales de este escrito: Es posible que los seres humanos en búsqueda de sus mayores beneficios lleguen a acuerdos socialmente indeseables.

Ejemplo de esto es el sistema político. La eficiencia del sistema político es de especial interés para la economía en general, sustancialmente porque es el ente que a grosso modo diseña la estructura institucional sobre la cual se generará la vida económica, la actividad política en sus múltiples dimensiones puede permitirnos entender a la perfección las diferencias y similitudes entre el camino Coase y el camino Maquiavelo. Por un lado es posible afirmar que la existencia y evolución de los sistemas políticos desde la esclavitud hasta las modernas democracias se debe en gran medida a la tendencia colectiva a encontrar maneras eficientes de realizar diversas actividades, mientras que a su vez también es posible encontrar casos tan desproporcionados de corrupción y conflicto, que no sería difícil considerar el camino de Maquiavelo como la conducta humana universal.

Se puede pensar por ejemplo en la literatura sobre el afamado fenómeno de la búsqueda de rentas, cuyas raíces se hunden profundas en la teoría económica, donde un individuo intenta obtener beneficios, explotando y utilizando a su favor el entorno político y económico. Como es obvio esta actividad genera un enorme costo social, en primera estancia porque las influencias ejercidas en el aparato político pueden llevar al nepotismo, al clientelismo, y a la asignación ineficiente de los recursos, además de que los entes privados que ejercen las actividades de influencia deben a su vez asumir un costo por estas. Por ejemplo, si al asignar una licitación los empresarios que van a competir por ella deben además del costo de llevar acabo el contrato, realizar actividades de influencia que representan al menos una proporción X del contrato que van a realizar, el costo inherente de realizar dicha actividad será más alto de lo que sería de no existir la búsqueda de rentas.

En los fenómenos ineficientes, como el fenómeno de la búsqueda de rentas es posible identificar la existencia de soluciones ineficientes que dependen en buena medida de las instituciones que rijan la asignación de recursos al interior de los mercados política, alejándonos del camino de Coase y originando una orgía de destrucción de recursos y bienestar sin precedentes. Esto nos lleva a la observancia de la enorme importancia que poseen las instituciones, si son diseñadas correctamente para evitar ineficiencias de mercado, conductas inmorales, y conductas nocivas para la estructura económica en general. No obstante diseñar las reglas de juego adecuadas es todo un arte, sobre el cual la economía experimental tiene mucho que decir, porque la segunda gran conclusión es que cuando se trata de personas, difícilmente  se puede llegar a soluciones satisfactorias fácilmente.

Bibliografia.

Krueger, Anne (1974). «The Political Economy of the Rent-Seeking Society». American Economic Review 64 (3): 291-303.

Hirshleifer, J. (2005). El lado oscuro de la fuerza.

Goeree, J. K., & Holt, C. A. (1999). Classroom Games Rent-Seeking and the Inefficiency of Non-Market Allocations, 13(3), 217–226.

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