Una línea de vida que no es vida

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Tatiana Trujillo Lagos

El miedo a perder, a ser avergonzado, a poder arriesgarme y no lograr nada con ello, se ha convertido en la pared más grande que los seres humanos tienen para no emprender un nuevo sueño, un nuevo caminar. Las decisiones que las personas toman a diario en su vida, están directamente encaminados a un resultado satisfactorio, algo que al culminar, el estado en el que se encuentre este sujeto sea mucho mejor que el anterior. Por ello y aunque lo habitual sea la aversión al riesgo, los resultados más grandes, las experiencias más inolvidables y la vida en sí, son mucho mejores si nos lanzamos.

Y no quiero con esto parecer una consejera, una profesional en motivación personal, claro que no. Se quiere que, a partir del comportamiento humano, nos demos cuenta cómo nuestras decisiones influyen tremendamente en nuestros resultados y también, aunque difícil de creer, en las acciones y respuestas de las personas que nos rodean. De esta forma, podemos asegurar que cada una de nuestras elecciones individuales han estado influenciadas por un nivel de confianza o desconfianza que tengamos sobre algo o alguien. Así pues, surgió mi decisión de lanzarme, de inscribirme a un intercambio y evaluar que si Juanito pudo, que si Pepito pudo, yo también iba a poder. Así nos comportamos los seres humanos, impulsados por acciones colectivas que vemos a nuestro alrededor.

Detener cualquier proyecto que tengamos en un largo plazo por atrevernos a vivir algo fuera de lo común, es una excelente decisión. Algunos de nosotros, en vísperas de nuestra graduación, pensamos en nuestro proyecto de grado, en nuestras ultimas materias por terminar y en un trabajo que soñamos tener un día después de graduarnos. Ninguno de nosotros empezó a estudiar y tenía en su cabeza un plan de salir del país y estudiar seis meses o un año fuera, en posponer un semestre completo, o más, su graduación por vivir, por aprender y por conocer cualquier otra cultura. Estamos acostumbrados a vivir una vida monótona: nacer, estudiar, casarse, tener hijos y morir. Es tiempo de acabar con esta línea, una línea de vida que no es vida, un afán interminable de nuestras actividades cotidianas y un miedo a la curva que puedo trazar en mí caminar.

Creo completamente en la satisfacción que me causará realizar un intercambio y que pueda causar en todos mis compañeros. No estamos en tiempo de tener miedo o dudas. Necesitamos experimentar nuevos mundos, nuevas personas. El aprendizaje va más allá que sentarme en un aula de clases y escribir lo que un profesor ilustra en un tablero. Nuestra carrera nos permite salir y darnos cuenta de lo valiosos que podemos convertirnos si disfrutamos las diferencias, la vida misma. La universidad nos brinda muchas oportunidades y antes de arrepentirnos debemos disfrutarlas. No hay pared que se interponga en un proyecto como este, no hay límites económicos, físicos ni morales. La disciplina y la constancia son el mejor motor para lograr el sueño y ganarnos un premio que, sin duda, agradeceremos por el resto de los días.

El mundo no es solo lo que nos rodea, no es solo mi familia, mis compañeros de clase, mi universidad. El mundo al cual debemos lanzarnos cuando finalicemos nuestro pregrado es infinito. Las necesidades sin suplir y los recursos escasos de los cuales nos han venido hablando por los anteriores 3 o 4 años son los principales problemas que afrontaremos y tener la oportunidad de estudiar en otra universidad, convivir con personas diferentes a las ya acostumbradas y aprender de nuevas culturas que se desplegaron bajo un mismo continente, bajo una misma gente, es gratificante. Solo me resta animar a mis compañeros, impulsarnos hacia un mundo que necesita ser estudiado, ser explorado. Darnos cuenta que para ser eficientes profesionales no basta con aprendernos de memoria un libro o saber realizar cálculos matemáticos. Se trata de descubrir nuevas necesidades, y de enseñarnos a nosotros mismos que la vida a la cual nos hemos acostumbrado no es ni la mínima parte por lo que el universo nos tiene hoy aquí.

“La confianza no es más que un pronóstico (…) Un pronóstico con confianza, pinta un futuro de color de rosa, mientras que un pronóstico sin confianza lo pinta negro” (Akerlof, Shiller, 2009). Así pues, estaré segura que una vez llegue a contar la historia, muchos de mis compañeros se animarán porque ya saben, así son nuestros comportamientos humanos y en este caso, será gratificante darme cuenta que por mi experiencia, muchos aprenderán a vivir de la manera que vale la pena hacerlo.

Bibliografía

Akerlof, G., y Shiller, R. (2009). Animal Spirits: Cómo influye la psicología humana en la economía (p. 320). Ediciones Gestión 2000.
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2 pensamientos en “Una línea de vida que no es vida

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