Atrapados en el juego de la sociedad

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Lina María Rondón Pedraza

En los siglos pasados las mujeres se caracterizaban por representar un papel de sometimiento y rendición ante los hombres. Era lo más normal del mundo escuchar a muchos hombres en sus reuniones sociales hablar sobre los deberes que tenían sus esposas y las represalias que tomaban en ocasiones cuando ellas no los cumplían a cabalidad.

Sin embargo, estos comportamientos en la actualidad se consideran indecorosos y repudiables socialmente. Puesto que, gracias al rechazo unánime de las mujeres hacia los malos tratos a los cuales se veían sometidas, se logró concretar una serie de derechos que promueven la igualdad y el respeto por las mujeres.

No obstante, estos derechos no existen para todas las partes del mundo. En la india, por ejemplo, las mujeres siguen siendo sometidas a abusos sociales y físicos, a su vez ellas siguen siendo analfabetas y obligadas a obedecer en su totalidad a los hombres. Por otro lado, en la sociedad occidental capitalista, aunque ya se promueve la igualdad de género esta no se ve reflejada en los salarios presentes en el mercado laboral.

Definitivamente, como menciona Levitt en el libro superfreakonomics parece que nacer mujer fuera un gran problema e incluso un pecado en la sociedad. Dado que a una dama en cualquier ámbito laboral, social y religioso siempre se le exige cumplir con obligaciones que a los hombres casi nunca se les pide. Por ejemplo, a una mujer, sin distinguir estrato social o raza, se le demanda de una manera casi obligatoria que cumpla con algunos de los cánones de belleza establecidos por la sociedad, mientras que en un hombre dichos cánones no están ni siquiera definidos.

El anterior ejemplo solo demuestra que los seres humanos estamos irremediablemente sometidos a una serie de creencias y dogmas que se nos inculcan desde la niñez para poder vivir en sociedad. Tenemos una mentalidad constituida y moldeada que nos impide ver más allá de lo que está frente a nuestros ojos. Así, se puede decir que estamos predispuestos a fundamentar nuestras conductas en dogmas construidos por la sociedad capitalista y de los cuales irremediablemente no podemos escapar.

Un ejemplo claro lo menciona Levitt en el libro, él indica que los ataques de tiburones son muy improbables, sin embargo, las personas le tienen un miedo gigantesco debido a la satanización de estos en las películas y los artículos de lectura. Pero las estadísticas demuestran que al año se producen en todo el mundo 68 ataques de tiburones y solo 4 de ellos llegan a ser fatales. Mientras que la cifra de muerte por accidentes que implican conductores borrachos es unas 50 veces mayor. Pero, aunque estas cifras comparadas con la de los tiburones de exorbitantes, nadie le teme al alcohol.

Esto se debe a la influencia de los medios de comunicación, pues estos maquillan la verdad a su favor y como espectadores con información totalmente asimétrica se nos hace difícil descubrir que es real y que no, por ende, es muy complicado negarnos a las influencias. Entonces, inconscientemente o no, influenciados por las conductas de la sociedad que nos rodea, por las imágenes a las cuales podemos acceder por medio de la tecnología o por los dogmas religioso que se nos imparten, a veces nos encargamos de crear algunas actitudes que promueven la desigualdad y el rechazo hacia las personas, entre ellas se encuentra, por ejemplo, el machismo, el sexismo o la homofobia.

De la misma manera aparentemente sin saber, en el seno familiar se crea la discriminación a la mujer y las diferencias sociales de género, dado que estas no son más que el resultado de la educación brindada en el hogar. No es que los padres conviertan a sus pequeños hijos de 5 años en machistas por las enseñanzas directas que les imparten. De hecho, son las enseñanzas indirectas las que moldean la actitud de un niño y es por medio de los actos como ejemplos que los niños aprenden.

La mentalidad obsoleta y prejuiciosa que muchos poseemos, indiscutiblemente es un problema de educación que inicia desde el hogar, pero también tiene mucha relación con la convivencia diaria, la influencia de las personas poderosas, los medios de comunicación y la necesidad de aceptación social.  Es claro que una mentalidad machista, sexista o homofóbica solo nos llevará a ser personas incultas presentes en la nueva generación, pero atrapadas en las conductas medievales, las cuales solo nos llevan a retroceder a pasos agigantados en la sociedad cambiante.

Bibliografía

Dubner, S., & Levitt, S. (2001). Superfreakonomics: Enfriamiento global, prostitutas patrióticas y por qué los terroristas suicidas deberían contratar un seguro de vida (p. 320). Debolsillo.
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