Autocontrol

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Heiner Ferley Rincón Ramírez

 “Me la vuela mi falta de autocontrol”– Rafael Uribe Noguera

Comienza un año nuevo y es una práctica muy común establecer metas que nos permitirán disminuir la brecha entre lo que somos y esa expectativa de lo que queremos ser como personas, aquello que si lográramos conseguir aumentaría nuestro bienestar: sentirnos bien con nosotros mismos y como miembros de la sociedad. Un año parece ser un largo periodo de tiempo y al evaluarnos en ocasiones nos sentimos culpables por lo que pudo haber llegado a ser pero que debido a esas excusas que nos contamos a nosotros mismo no pasaron de proyectos a realizar: “5 minutos más”, “ahora no te mereces un descanso”, “me voy a dormir y mañana temprano lo término”, “la otra semana empiezo”… ¿Por qué será que los buenos propósitos desaparecen al amanecer? Será que “el lado oscuro” toma el control y ese ser “racional” que todos pretendemos ser no puede evitarlo. La parte difícil de planear es ejecutar y más cuando no hay otros a quienes culpar.

Varias culturas nos han contado que en el principio todo era perfecto, pero por ejemplo el judeo-cristianismo nos ha contado una historia particularmente interesante sobre el origen del mal. Que tan difícil puede haber sido para la pareja original vivir en un jardín lleno de árboles con un resto de frutas para comer y disfrutar la compañía de la mujer o el hombre más perfectos fabricados por la misma divinidad: comida, amor o “sexo” como quiera llamarlo y ausencia de esfuerzo (dicen que el trabajo era poner nombre a los animales lo cual no es muy difícil).

En esas condiciones de abundancia, parece fácil vivir, parece como la jubilación a los 25, pero la única condición era no comer del fruto prohibido… Pero “Y vio la mujer que el árbol era bueno para comer, y que era agradable a los ojos, y árbol codiciable para alcanzar la sabiduría; y tomó de su fruto, y comió” (Génesis 3:6). En concordancia con la versión popular podemos decir que es un problema de mercadeo (comunicación y persuasión), pero por otro lado podríamos alegar que contrario a lo que se cree esa fue la historia que conto Eva para justificar su falta de autocontrol o “dominio propio”.

Durante mucho tiempo le tuvimos miedo a la naturaleza, aceptamos vivir en comunidad para poder enfrentar amenazas a las que como individuos tendríamos baja probabilidad de vencer. Construimos cuevas, luego murallas y castillos para protegernos, domesticamos animales y creamos máquinas que los fueron reemplazando gradualmente, entregamos parte de nuestra preciada libertad a otros para poder “sobrevivir” como sociedad. Tratamos de dominar la naturaleza hasta que nos dimos cuenta que si continuábamos destruyéndola no podíamos sobrevivir como especie, pero se puede decir que obtuvimos logros importantes al tratar de controlar el entorno. Si hoy salgo de mi casa es baja la probabilidad de terminar siendo la cena de un animal salvaje. En esa lucha ahora con la naturaleza pero interna también hemos creado instituciones para que nos ayudaran a vencer esos impulsos “animales” que nos hacían barbaros e incluso todavía seguimos culpando esa serpiente, solo que hemos cambiamos los personajes por un ángel bueno y un demonio.

Dante Alighieri en su obra la Divina Comedia diseñó espacios “motivadores” para los no bautizados, lujuriosos, glotones, avaros, iracundos y tristes, herejes, violentos, fraudulentos. En la que diseña castigos que parecen demostrar cómo hemos tratado de usar nuestra creatividad en la batalla por desterrar el “pecado”, ese deseo de hacer las cosas que  como sociedad o como individuo no queremos hacer.

Tengo 400 pesos, lo justo para una chocolatina, pero acabo de almorzar, eso sería gula, además va contra mi buen propósito de cuidar mi salud (aunque lo que queremos es disminuir el volumen del abdomen, “bajar barriga”) pero bueno a partir de mañana “si de veras, enserio, prometido, re-contra-prometido”. Si también le suenan familiares esas palabras, usted también es mentiroso y puede estar de acuerdo que esa dieta no durará mucho y esas palabras son solo “cheap-talk”. “Los seres humanos estamos inmersos en un conflicto fundamental: nos debatimos entre nuestra profunda y arraigada propensión a mentir y el deseo de pensar que somos personas buenas y honestas” (Ariely, 2012).

Ángeles y demonios, el yin y yan, racionalidad e irracionalidad, ese “lado oscuro” que parece desaparecer en el momento en que seleccionamos los propósitos para un Año Nuevo, un nuevo semestre, una nueva semana, un nuevo día, pero que pierde fuerza en la vida cotidiana. Como dice Ariely “en el largo plazo todos somos buenas personas” y este autor también nos ha recordado que nos contamos historias a nosotros mismos y entre más creativos mucho mejores son estas mentiritas. “Los hechos son para que las personas sin imaginación creen su propia verdad” (Ariely, 2012). Si recordamos a Dante iríamos directo al 8vo círculo del infierno.

Hemos visto que nos mentimos a nosotros mismos, nos contamos historias que queremos escuchar y en ocasiones esto afecta la forma en la que trabajamos en la consecución de nuestros objetivos. En ocasiones por esto perdemos el control y nuestros buenos propósitos se queden en ese sueño de lo que queremos ser. Parecen tener razón los que durante toda la historia la sociedad en su conjunto haya usado figuras poco agradables como la serpiente, el demonio y el “lado oscuro” para representar ese “bufón mentiroso”, generando así la necesidad derrotarlo y dominarlo. Pero antes es importante reflexionar en la importancia de la “autoayuda”, esas historias ficticias pero poderosas con la capacidad para reinventar nuestra historia y tomar solo lo que nos interesa y así ser uno de los países más felices del mundo a pesar del conflicto.

Mi invitación final es aceptar que en nuestra mente hay dos lados que necesitan reconciliarse, que la irracionalidad podemos usarla a nuestro favor para enfrentar el estrés, potenciar la creatividad al querer probar experiencias nuevas, motivarnos al creer que todo irá bien y así “tentar al futuro con el corazón” como diría Diego Torres. Pensar y tratar de comprender que hay una personita súper orientada a conseguir los objetivos que nos planteamos y otra que le gusta divertirse, dormir un poco más, saborear empanaditas de yuca, que se aburre rápido, que se inventa historias.

Hemos querido que nuestro cerebro sea nuestro esclavo en vez de nuestro amigo, que el lado racional conquiste el lado emocional, pero pues esa pelea puede durar toda la vida y autodestruirnos al tratar de dominar nuestra naturaleza. Otra hipótesis sería que Eva estaba tan obsesionada con no comer una fruta en específico que perdió de vista las otras frutas, esa curiosidad que le generaba esa fruta intocable la hubiera usado para retarse a probar todas las frutas del paraíso, por ahí dicen que “con la barriga llena se piensa mejor”. Termino con una frase de Richard Bach: “Las peores mentiras son las que nos decimos a nosotros mismos. Vivimos en negación de lo que hacemos, incluso de lo que pensamos. Y lo hacemos porque tenemos miedo”.

Referencias

Ariely, D. (2012). Por qué mentimos. En especial a nosotros mismos. Ariel.
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